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El Banco de España alerta sobre la subida de precios en comparación con el resto de Europa: “Podría erosionar gradualmente la competitividad de la economía española”

El diferencial de precios entre España y sus socios europeos alcanzó en septiembre su nivel más alto en cuatro años

Una representación sobre el mapa del continente ilustra la subida de los precios en España en comparación con el resto de Europa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los precios en España subieron en septiembre 1,2 puntos porcentuales más que en el promedio de la zona euro, la brecha más amplia desde agosto de 2022, según el último informe trimestral del Banco de España. Ese indicador, conocido como diferencial de inflación, mide la diferencia entre el ritmo de encarecimiento de los productos en un país y el de sus vecinos que comparten la misma moneda.

La cuestión es que, cuando dos países usan la misma moneda, como ocurre entre España y el resto de la zona euro, una inflación más alta en uno de ellos encarece sus productos en términos relativos frente a los del otro. El diferencial de inflación es, justamente, esa diferencia: cuánto más (o menos) suben los precios en un país respecto al promedio de sus socios monetarios.

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En febrero de este año, antes del estallido de un nuevo conflicto en Oriente Próximo, esa brecha era de apenas 0,6 puntos porcentuales. Para septiembre, se había duplicado hasta 1,2 puntos, el nivel más alto desde 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania disparó los precios de la energía en toda Europa. En el caso de la inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles como energía y alimentos frescos, la brecha pasó de 0,6 a un punto porcentual, su valor más alto desde septiembre de 2006.

El punto de partida de esta ampliación coincide con el bloqueo del estrecho de Ormuz, a finales de febrero, que interrumpió cerca de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado y disparó los precios de la energía en los mercados internacionales. El precio del gas en el mercado español pasó de unos 30 euros por megavatio hora a finales de febrero a 78 euros en septiembre, más del doble.

Evolución de la tasa de inflación de la energía. (Banco de España)

Pero, pese a este origen común para toda Europa, el impacto no fue igual en todos los países. El Banco de España señala que el componente energético tuvo, de hecho, un comportamiento cambiante a lo largo del año: en febrero era casi nulo (es decir, el precio de la energía en España subió casi al mismo ritmo que en el resto de la zona euro), se volvió negativo en mayo gracias a rebajas fiscales más agresivas aplicadas en España que en otros países, y volvió a sumar a la brecha en agosto y septiembre, a medida que esas rebajas se fueron retirando.

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Los servicios, el verdadero motor del diferencial

Sin embargo, la energía no es el principal responsable de la brecha de inflación entre España y la zona euro. El informe atribuye a los servicios casi la mitad del diferencial total: su aporte pasó de 0,3 puntos porcentuales en febrero a 0,6 puntos en septiembre. Detrás de este número está el turismo y la hostelería, sectores con más peso en el gasto de los españoles que en el del resto de la zona euro y cuyos precios suben a mayor velocidad. A estos factores se suman, con menor impacto, los alimentos y los bienes industriales no energéticos, que también aportaron de forma positiva al diferencial en los últimos meses, de acuerdo con el documento.

Una mujer sostiene un cartón de leche y una lista de compras manuscrita mientras revisa los productos en el pasillo de lácteos de un supermercado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Banco de España advierte de que mantener esta brecha en el tiempo tiene consecuencias económicas concretas. “La persistencia de diferenciales positivos, especialmente cuando se extienden a los servicios y a otros componentes de la inflación subyacente, podría erosionar gradualmente la competitividad de la economía española frente a sus principales socios comerciales”, señala el informe.

Esto quiere decir, por ejemplo, que si España compite con países como Italia, Grecia o Portugal por los mismos turistas europeos, si los precios de la hostelería y los servicios turísticos en España suben más rápido que en esos países, un turista que antes elegía España podría optar por un destino donde su dinero rinda más.

El organismo agrega que, en una unión monetaria como la zona euro, corregir esa pérdida de competitividad exigiría una moderación más intensa de los precios y los costes internos en el futuro.

Lo que viene en los próximos meses

Las proyecciones del Banco de España anticipan que la inflación general en España se mantendrá por encima del objetivo del 2% fijado por el Banco Central Europeo durante todo el horizonte de previsión. El organismo calcula una media anual del 3,9% para 2026 y del 3,7% para 2027, cifras que superan ampliamente las registradas el año pasado.

El propio informe prevé que la inflación se sitúe en torno al 5% hacia fin de año, una vez descontado el efecto moderador de las rebajas fiscales a la energía vigentes. A comienzos de 2027, la inflación tendría un nuevo repunte por el fin de esas rebajas y de los descuentos al transporte público, antes de iniciar una trayectoria descendente apoyada en la moderación de los precios energéticos y en el efecto estadístico de los fuertes incrementos registrados en 2026.

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