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En 1977, un príncipe saudí pagó 10.000 dólares para trasladar desde Alaska un iceberg de más de 2 toneladas: su idea era acabar con la escasez mundial de agua

Mohammed bin Faisal estaba comprometido con este problema que afectaba a su país, por lo que incluso fundó una empresa dedicada a estudiar la posibilidad de trasladar enormes bloques de hielo polar

Imagen de archivo del glaciar Portage, en Alaska. (Mark Thiessen/AP)

Arabia Saudí, al igual que otras regiones que se encuentran en el corazón de Oriente Medio o África, entre otros, se enfrentan desde hace siglos a un problema que no ha hecho más que agravarse con la actual crisis climática: la escasez de agua. En la búsqueda por encontrar soluciones a este obstáculo que pone en peligro la vida de millones de personas, han surgido ideas novedosas y a veces completamente inusuales, incluso difíciles de creer en la actualidad.

Una de ellas ocurrió en 1977. En este momento, el auge petrolero transformó Arabia Saudí, motivando un rápido crecimiento demográfico, la urbanización y el desarrollo económico. Esto elevó la demanda de agua en un país cuyos recursos hídricos naturales son muy limitados.

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Ante este problema, surgió una idea que en buena parte estuvo impulsada por el príncipe saudí Mohammed bin Faisal: utilizar los icebergs polares como fuente de agua dulce, para lo que sería necesario transportarlos a aquellos lugares donde hiciesen falta. Para debatir esta cuestión se celebró entre el 2 y el 6 de octubre de 1977 en el municipio de Ames, en Iowa (Estados Unidos), la Primera Conferencia y Talleres Internacionales sobre la Utilización de Icebergs para la Producción de Agua Dulce, la Modificación del Clima y Otras Aplicaciones.

Imagen de archivo de una sequía en el río Magdalena, en Colombia, en 2016. (John Vizcaino/Reuters)

A este evento acudieron unos 175 científicos de 18 países distintos y, para convencerles de que la idea era posible, decidieron hacer precisamente eso: transportar desde Alaska un enorme iceberg de más de 2 toneladas y 10.000 años de antigüedad hasta el lugar en el que se celebraría la conferencia.

Un viaje de más de 4.000 kilómetros

En artículos de la época, periódicos como The New York Times o The Washington Post relatan cómo fue posible aquel viaje del bloque de hielo y la fascinación que causó a su llegada a Iowa. El iceberg fue extraído del glaciar Portage y un helicóptero se encargó de transportarlo hasta el Aeropuerto Internacional de Anchorage, municipio de Alaska situado a unos 80 kilómetros del glaciar.

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Para poder introducirlo en el avión que lo llevaría hasta Estados Unidos fue necesario cortar el hielo en segmentos más pequeños y aislarlos cuidadosamente para limitar que se derritiesen. Por vía aérea estos bloques llegaron hasta Minneapolis y, después, recorrieron los aproximadamente 400 kilómetros restantes hasta la Universidad Estatal de Iowa en un camión refrigerado. El proceso costó unos 10.000 dólares.

“Aunque la mayor parte del iceberg joven se utilizará para análisis y otras investigaciones, al menos una parte se servirá in vitro en el banquete de la conferencia de esta noche”, escribía The Washington Post en 1977. De hecho, el príncipe saudí utilizó una parte para enfriar néctar de albaricoque antes de la presentación del iceberg.

Imagen de archivo de un iceberg en Canadá. (Greg Locke/Reuters)

Los 10.000 dólares aproximados que costó la operación no fue el único dinero que desembolsó Faisal. Tal y como señala en su archivo la Universidad Estatal de Iowa, el príncipe saudí fue el principal patrocinador de la conferencia, pues donó 50.000 dólares de su propio bolsillo, al igual que la Fundación Nacional de Ciencias, que aportó 25.000 dólares.

Faisal, además, se asoció con los profesores universitarios Abdo Husseiny, ingeniero nuclear de origen griego especializado en desalinización, y Zara Sabri. Durante esos días de octubre de 1977 los expertos debatieron sobre el transporte y la selección de icebergs, la modificación del clima, las implicaciones ambientales, sociales y políticas y otros aspectos relacionados con su uso como fuente de agua dulce.

Un proyecto que acabó abandonado

El príncipe saudí estaba especialmente implicado con la idea de solucionar la escasez de agua dulce en su país, motivo por el que fundó la empresa Iceberg Transport International, que serviría para estudiar la posibilidad de remolcar estos enormes bloques de hielo polar hasta Oriente Medio.

“Su objetivo final era transportar un iceberg a su región en un plazo de diez años para abastecer de agua y, quizás, utilizar la siembra de nubes para modificar el clima árido del desierto”, señala la Universidad Estatal de Iowa.

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La conferencia despertó el interés de algunos de los expertos que asistieron a Iowa, pero la idea nunca llegó a llevarse a cabo más allá de la fase de investigación, pues los enormes costes logísticos, el riesgo de que el iceberg se derritiese en el mar y los desafíos técnicos de la época convirtieron la empresa en un proyecto faraónico.

No solo eso, sino que este proceso implicaría importantes consecuencias ambientales que habría, sin duda, que tener en cuenta, como la posibilidad de que se alterasen hábitats y procesos locales por la extracción de hielo a gran escala o el enorme consumo de combustible y emisión de gases de efecto invernadero de los barcos que se encargarían de transportar los enormes bloques de hielo hasta las zonas del planeta donde el agua dulce es un bien escaso.

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