La muerte de una investigadora de 28 años que trabajaba con la bacteria que provoca la peste ha despertado a un viejo fantasma muy conocido en Europa. Las alarmas saltaron en el Instituto de Investigación Antiplagas de Irkutsk, una de las ciudades más pobladas de Siberia, cuando Darya Shipilova rompió accidentalmente un tubo de ensayo que contenía Yersinia Pestis mientras estaba en el laboratorio.
La joven científica acabaría falleciendo el pasado viernes con síntomas de una neumonía grave, lo que empujó a las autoridades sanitarias a aislar a 197 personas que habían tenido contacto con la fallecida. De todas ellas, ninguna mostró signos de la enfermedad. Solo se detectaron dos casos de coronavirus y otros de rinovirus.
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Sin embargo, las autoridades rusas aseguran que no se ha detectado la enfermedad de la peste durante la autopsia realizada a la joven científica. Según el gobernador regional de Irkutsk, Igor Kobzev, una inspección de una comisión de expertos ha concluido que “la causa de la muerte fue una neumonía de etiología indeterminada”.
El riesgo de peste en Europa y España
La noticia del fallecimiento de Daria Shipilova se extendió por la región a la misma velocidad que el miedo y la incertidumbre, alimentado especialmente por una serie de contradicciones tanto de gobernadores de localidades vecinas como de medios de comunicación, con publicaciones en redes sociales que alertaban del riesgo de contagio y eliminados poco después.
Ante la circulación de un documento que aseguraba el endurecimiento de medidas sanitarias y epidemiológicas, especialmente en Irkutsk, Rusia ha desmentido que se haya llevado a cabo ninguna restricción. “El documento y la información en cuestión no proceden de fuentes oficiales y son falsos”, ha afirmado el servicio de control de consumo y salud ruso a través de Telegram, que asegura que “por el momento no se ha tomado ninguna decisión de ese tipo” dado que “la situación sanitario-epidemiológica en la región de Irkutsk sigue siendo estable”.
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Hasta la fecha, lo que sí está confirmado es la muerte de la empleada del Instituto de Investigación Antiplagas de Irkutsk tanto por las autoridades rusas como por la Organización Mundial de la Salud (OMS), quienes mantienen que el riesgo de contagio por peste neumónica en la región siberiana es “moderado a bajo”, mientras que para Rusia en su conjunto, el peligro desciende a bajo.
En el caso de Europa, el riesgo de una posible propagación de peste neumónica por el continente es “muy bajo”, según ha declarado un portavoz de la OMS, Christian Lindmeier, en una rueda de prensa en Ginebra.
La bacteria de la peste, una vieja conocida
El bacilo Yersinia Pestis es el responsable de tres grandes pandemias en la historia de la humanidad, entre las que destaca la plaga de peste negra que asoló Europa en el siglo XIV, la pandemia más mortífera jamás registrada. Los historiadores aún no han llegado a un consenso en torno al número de muertos que provocó, pues oscila entre los 70 y los 200 millones de víctimas. “Si nos centramos en Europa, se calcula que entre un 40 % y un 60 % de la población murió a causa de la peste negra”, aseguraba en una entrevista con Infobae Pedro Martínez García, profesor de Historia Medieval en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC).
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Yersinia pestis no solo provoca la peste bubónica, que es la más frecuente, sino también la peste septicémica y la peste neumónica. Es esta última la que ha aparecido en este instituto de Siberia y la más grave, que se produce cuando la bacteria llega a los pulmones. A diferencia de las formas bubónica y septicémica, puede transmitirse directamente de una persona a otra a través de las gotículas respiratorias, sin necesidad de que intervenga un animal o un vector, explican desde la Clínica Universidad de Navarra.
En condiciones habituales, la peste neumónica representa una proporción minoritaria de los casos. En las series clínicas estadounidenses, por ejemplo, supone alrededor del 2 %. Sin embargo, su peso puede aumentar de forma considerable durante determinados brotes. En la epidemia registrada en Madagascar en 2017, en la que murieron más de 200 personas, los casos neumónicos llegaron a representar el 76 % del total.
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