El Oceanogràfic de València acaba de anunciar la muerte de Echo, una delfina procedente del parque Marineland de Canadá que había llegado al centro con problemas de visión y antecedentes clínicos que exigían atención individualizada. El cetáceo falleció anoche después de presentar un deterioro acelerado. Concretamente, según el comunicado difundido por la institución, Echo comenzó a manifestar en las últimas horas “dificultades para tragar y problemas respiratorios”.
Ante ese cuadro, el personal la trasladó a la piscina médica para aplicar un seguimiento más estrecho y atender las complicaciones detectadas. Sin embargo, la evolución de la delfina empeoró poco a poco a lo largo del miércoles. El Oceanogràfic señala que, pese al trabajo de los equipos de cuidadores y veterinarios, el animal murió horas después. “Su estado de salud se deterioró rápidamente”, indica la entidad al comunicar el fallecimiento.
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Una necropsia buscará determinar la causa de la muerte
El equipo técnico del Oceanogràfic realizará una necropsia con veterinarios especialistas en patología de la Universidad CEU Cardenal Herrera. El objetivo será determinar las causas de la muerte de Echo y precisar si sus problemas previos de salud tuvieron relación con el desenlace. La delfina había sido rescatada del parque cerrado Marineland, en Canadá, junto con otros tres ejemplares trasladados a València. No obstante, Echo necesitaba controles específicos desde su llegada debido a sus limitaciones visuales y a su historial clínico.
“La pérdida de Echo supone un momento especialmente difícil para el equipo”, asegura el Oceanogràfic. Y es que desde la institución indica que los profesionales se habían volcado en su cuidado desde que ingresó en las instalaciones valencianas. Como de momento se desconoce el motivo de su deterioro, el equipo del Oceanogràfic hará un seguimiento al resto de animales rescatados de Canadá. La necropsia de Echo permitirá establecer si existían factores clínicos previos o nuevas complicaciones que expliquen su muerte.
Por el momento, sus compañeros evolucionan de forma favorable en el nuevo acuario. Aunque el Oceanogràfic no ha difundido más detalles sobre su estado clínico ni sobre el tiempo previsto para mantener ese seguimiento. Recordemos que el Oceanogràfic de València, integrado en la Ciutat de les Arts i les Ciències de la Generalitat Valenciana, desarrolla programas vinculados al bienestar animal, la conservación de la biodiversidad marina, la investigación y la divulgación científica. A través de la Fundación Oceanogràfic, la entidad participa en iniciativas de recuperación de especies y ecosistemas marinos.
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Echo fallece menos de una semana después que Jelly Bean
Esta noticia llega menos de una semana después de que el centro anunciase la muerte de Jelly Bean, una de las dos belugas rescatadas en el mes de agosto trasladadas desde Marineland Canadá. Este ejemplar vino acompañado de Cleopatra y cuatro delfines también procedentes del zoológico clausurado hace ya dos años, al que también pertenecía Echo. En su caso, la beluga había presentado dificultades en su alimentación. Aunque parecía que con el seguimiento especial estaba más receptiva y con alguna mejoría, falleció “de forma repentina e inesperada” el pasado viernes.
Marineland, el parque zoológico de Canadá ubicado en las Cataratas del Niágara, fue durante décadas uno de los principales centros turísticos de la zona. Abrió en los años 60 y mantuvo espectáculos con cetáceos, entre ellos belugas y delfines, que atrajeron a visitantes de distintos países. El declive del parque se aceleró tras numerosas denuncias relacionadas con el bienestar de los animales. La caída de visitantes derivó en una crisis financiera que afectó a la continuidad de las instalaciones.
Marineland fue puesto a la venta en 2023 y cerró al público en 2024. Tras el cierre, cerca de 30 belugas y otros cetáceos permanecieron en un recinto sin actividad comercial. El Gobierno federal canadiense descartó asumir el coste de su mantenimiento al considerar que la responsabilidad correspondía a la empresa propietaria, que había obtenido beneficios por la exhibición de los animales durante años.
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La compañía advirtió que, sin recursos para mantenerlos, algunas belugas podrían ser sacrificadas. Un operativo internacional evitó esa posibilidad y organizó el traslado de los animales a cinco centros: el Acuario Shedd, en Chicago; el Acuario de Georgia, en Atlanta; SeaWorld San Antonio y SeaWorld San Diego, en Estados Unidos; y el Oceanogràfic de València. De esta forma, la pérdida de estos dos ejemplares ha ocasionado “un momento especialmente difícil para todos los profesionales que han trabajado en su cuidado”, como transmitieron la semana pasada al conocer el desenlace de Jelly Bean.
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