En pleno debate sobre los riesgos de la inteligencia artificial, otro de los aspectos más polémicos —y tangibles— de esta tecnología son los centros de datos. Unas infraestructuras que tienen cada vez más oposición —en Estados Unidos, por ejemplo, es uno de los pocos temas que unen a demócratas y republicanos, con siete de cada diez personas en contra, según una encuesta de Gallup—, pero que en España planean una expansión acelerada: las empresas del sector tienen planeada una inversión de 67.000 millones de euros hasta 2030 para su desarrollo en el país. Ahora, Pedro Sánchez ha saltado al plano internacional para ofrecer, en un artículo publicado en Bloomberg, su visión sobre el tema.
En el texto, el presidente del Gobierno no se muestra en contra de los centros de datos: “La cuestión no es si los centros de datos son necesarios —lo son—, sino cómo se desarrollan”, escribe. “La rápida expansión de los centros de datos se ha convertido en una de las expresiones más tangibles de la revolución de la inteligencia artificial. Pero el debate sobre su impacto ambiental, económico y social amenaza su desarrollo futuro. Y con razón”, añade.
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Por ello, el Ejecutivo prepara un real decreto que exigirá a los centros de datos respaldar al menos el 80% de su consumo eléctrico con nueva generación renovable. La iniciativa llega después de que el Ejecutivo abriera en agosto una consulta pública sobre la futura regulación, y pretende ordenar la expansión de los centros de datos antes de que su demanda genere presiones sobre el sistema eléctrico o conflictos con las comunidades cercanas.
“Nos acercamos a un punto de inflexión y debemos actuar para anticiparnos”, destaca Sánchez en Bloomberg. En esa línea, plantea que “el acceso a la red eléctrica es un activo estratégico escaso y no debe quedar bloqueado por proyectos que carezcan de credibilidad, viabilidad o de una contribución significativa a la economía y a la sociedad”.
Cada aplicación de IA “consume energía y ocupa suelo”
Sánchez señala que los servicios digitales consumen recursos físicos. “Aunque a menudo se percibe la economía digital como algo inmaterial, cada servicio en la nube y cada aplicación de IA dependen de una infraestructura física masiva que ocupa suelo, consume energía, utiliza agua y exige inversiones cada vez mayores”. Y avisa del riesgo de morir de éxito: en Irlanda, los centros de datos representaron el 21% del consumo eléctrico nacional en 2023 y podrían llegar al 32% este año, mientras que en Estados Unidos su participación en la demanda pasaría del 4% en 2023 al 12% previsto para 2028.
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“La solidez de nuestra economía y nuestra capacidad renovable han despertado un enorme interés inversor en la construcción de centros de datos, lo que significa que sus necesidades energéticas superarán con seguridad las previsiones. Las estimaciones actuales de demanda eléctrica para capacidad de computación llegan hasta los 4 gigavatios en 2030, pero las solicitudes y los permisos concedidos para este tipo de instalaciones multiplican varias veces ese objetivo”, escribe. Por ello, la propuesta gubernamental incluye estándares de eficiencia energética e hídrica, “lo que nos permitirá evaluar y comparar su uso de recursos y desincentivar el despilfarro”.
En el artículo, Sánchez afirma que el propósito no es limitar la innovación, sino “todo lo contrario; es asegurar que sean económicamente sostenibles y ambiental y socialmente justos”. El presidente defiende que estas instalaciones constituyen un activo estratégico en un continente que hoy depende de capacidades digitales ajenas a Europa, y concluye: “La lección no podría ser más clara: no planificar ni regular desde el inicio acaba resultando más costoso y menos eficaz”.
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