La crónica social española está repleta de historias insólitas, pero pocas han sido tan inesperadas como la que protagonizó Lydia Lozano en los años dorados de las exclusivas. La periodista sorprendió al revelar una de las tácticas más surrealistas de su carrera en el pódcast Estirando el chicle. Allí contó, entre risas, cómo llegó a mentir en una consulta médica para obtener la confirmación de un romance que obsesionaba a la prensa rosa: el de Preysler con el entonces ministro Miguel Boyer.
En los años ochenta, la expectación por saber si la “reina de corazones” mantenía una relación con Boyer era máxima. Ambos, recién separados, se movían entre rumores, sin que ninguna revista lograra la prueba definitiva de su noviazgo. Fue en ese contexto de competencia feroz por las exclusivas que Lydia Lozano ideó una estrategia digna de guion televisivo: presentarse en la consulta del ginecólogo de Preysler fingiendo ser amiga de la socialité para arrancar la información desde la fuente más insospechada.
La propia Lozano, acostumbrada a desvelar historias con desparpajo y humor, relató la anécdota con todo detalle. “Yo dije que me había recomendado al ginecólogo. Yo esto nunca lo he contado”, confesó en el pódcast, recreando la escena entre risas y dejando claro que, en la prensa rosa, el ingenio y la audacia han sido siempre moneda corriente.
PUBLICIDAD
Una consulta médica para conseguir la exclusiva
El corazón de la anécdota se desarrolla en una sala de ginecología, donde Lydia Lozano acudió vestida “tipo Chanel, perlas, no sé qué”, según describió. Su objetivo era claro: encontrar una excusa legítima para interrogar al médico de Isabel Preysler. Durante la consulta, el ginecólogo detectó que Lozano llevaba un DIU y recomendó retirarlo. La escena transcurrió entre el desconcierto y la comicidad: “Pues así vestida me abrí de piernas y dijo: ‘Uy, este DIU hay que quitarlo ya’”, contó la periodista, que no perdió la oportunidad de sonsacar información mientras se sometía a la intervención.
El procedimiento no resultó nada agradable. “Costaba una pasta y dolía mogollón que te lo pusieran y más que te lo quitasen”, explicó Lozano, añadiendo que el médico le extrajo el DIU “como si estuviera cogiendo un níscalo del suelo”. A pesar del dolor, la periodista mantuvo el foco en su objetivo: “Casi lo agarro y le digo: ‘Dígame lo de la Preysler’”. Finalmente, la estrategia dio resultado. El ginecólogo, entre comentarios sobre el procedimiento, acabó soltando la confirmación que buscaba la prensa: “Sí, están juntos”, relató Lydia ante la sorpresa de las presentadoras del pódcast.
La exclusiva que marcó una época
La relación entre Isabel Preysler y Miguel Boyer se convirtió en uno de los grandes temas de la prensa rosa durante los años ochenta y noventa. Su boda secreta en 1988, el nacimiento de su hija Ana Boyer y el halo de misterio que siempre rodeó a la pareja alimentaron la curiosidad de periodistas y lectores. La táctica de Lydia Lozano, lejos de ser un caso aislado, refleja una época en la que la competencia entre medios obligaba a buscar métodos cada vez más creativos y, en ocasiones, surrealistas para desvelar los secretos de la alta sociedad.
PUBLICIDAD
La anécdota desvela también el ambiente de camaradería y picaresca que caracterizaba a la prensa del corazón española en aquellos años. Lozano, que años después sigue siendo una de las figuras más queridas y reconocibles del género, se muestra hoy entre divertida y nostálgica al recordar aquel episodio: “Salí y Juan Carlos dice: ‘pero que has pegado un grito ahí dentro’ y digo ‘sí, están juntos’”. La naturalidad con la que cuenta su historia en Estirando el chicle confirma la vigencia de su personalidad única y el magnetismo que sigue despertando entre el público.