La Policía Nacional de Aranda de Duero ha detenido a un hombre de 35 años tras ser acusado de cometer al menos quince delitos contra la propiedad en solo 25 días. El individuo habría actuado de forma reiterada en distintos comercios y espacios públicos entre julio y los primeros días de agosto, con un botín global que supera los 7.500 euros.
En estos momentos, el detenido ha sido enviado a prisión provisional por delitos que incluyen hurtos, robos con fuerza, robos con violencia y amenazas, según ha confirmado la Comisaría Provincial de Burgos a Europa Press. Entre los establecimientos afectados figuran bares, peluquerías y panaderías. Además, el detenido accedió a la parroquia de Santa Catalina de la localidad, de donde se llevó el dinero del cepillo de donativos y también del lampadario.
Cómo pillaron al detenido
La detención se produjo cuando agentes de la Policía Nacional sorprendieron al hombre tras un hurto en un supermercado de alimentación. En ese momento, los agentes encontraron diversos productos en su mochila y lograron interceptarlo antes de que se diera a la fuga.
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El comunicado policial asegura que no era la primera vez que este individuo robaba en ese mismo supermercado, donde ya habría sustraído mercancía valorada en aproximadamente 1.000 euros. A los delitos que suma por sus actividades ilegales se añade además otro por atentado a agentes de la autoridad, ya que intentó agredir a los policías al ser interceptado. Dicha infracción tiene una pena de entre 6 meses y tres años que se sumará al resto de delitos.
Las actuaciones de seguimiento e investigación permitieron a la policía relacionar a esta persona con al menos quince delitos cometidos en un breve intervalo. La acumulación y frecuencia de los hechos, sumadas a antecedentes previos, han motivado su ingreso en prisión provisional mientras avanza el proceso judicial.
La evolución de la parroquia de Santa Catalina
La parroquia afectada por el robo del hombre de 35 años es un templo que remonta su historia a una antigua ermita y a una cofradía cuyas ordenanzas datan de 1673. Esta, influenciada por el obispo Acosta en el siglo XVI, funcionó como espacio cuasiparroquial y cementerio (destacando durante la epidemia de 1804-1805) antes de desaparecer por completo.
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A mediados del siglo XX, el rápido crecimiento industrial y demográfico de Aranda propició el nacimiento del barrio obrero de Santa Catalina. Ante esta nueva realidad, el sacerdote Felipe Ontoso se trasladó a vivir al barrio en 1965 para comenzar la labor pastoral de forma directa. Poco después, el 8 de octubre de 1966, se decretó oficialmente la creación de la parroquia.
En su etapa inicial, la comunidad carecía de templo propio y se reunió en la capilla de las Madres Bernardas (1966-1968) y en una nave industrial cedida por el feligrés Juan Arecha. Además, se acondicionó ‘La Casita’, una vivienda rural que funcionó como primer despacho parroquial y parvulario para los niños del barrio. El Jueves Santo de 1968 se bendijo el primer templo provisional, conocido como ‘La Nave’.
Gracias al esfuerzo comunitario, el nuevo y definitivo templo parroquial fue consagrado el 5 de mayo de 1974. Fiel a las directrices del Concilio Vaticano II, se diseñó con un altar único rodeado por bancos en semicírculo para destacar la dimensión comunitaria. La parroquia se consolidó rápidamente como el motor social y aglutinador del barrio, llegando a acoger las asambleas de la histórica huelga de Michelin en 1976.
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