Tras quince días activo, el incendio de Burgohondo (Ávila) se ha dado por estabilizado en la mañana de este jueves. Declarado a las 13.00 horas del pasado 22 de julio, se ha convertido en el peor incendio forestal en cuanto a superficie afectada desde que existen registros en España, pues ha arrasado más de 50.000 hectáreas. Es como si más del 80 % del término municipal de Madrid se hubiese reducido a cenizas.
El fuego, que cuenta con un perímetro de 160 kilómetros, permanece en el Índice de Gravedad Potencial (IGR) 1, después de que ayer la Junta de Castilla y León decidiese rebajar el nivel 2, que se mantenía desde que hace una semana el Gobierno de España diese por finalizada la emergencia de interés nacional (nivel 3) tanto en la provincia de Ávila como en la Comunidad de Madrid.
La bajada al nivel 1, sin embargo, “no supone ninguna disminución en los medios que tiene a disposición el operativo”, indicó ayer el delegado territorial de la Junta de Castilla y León en Ávila, José Francisco Hernández. Actualmente, un total de 27 medios humanos y materiales trabajan en la zona con el objetivo de evitar que se generen reproducciones como las ocurridas el lunes.
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Estos focos aparecieron en áreas como La Vereda, en el término municipal de Piedralaves; La Adrada, o la presa de El Horcajo, donde las autoridades investigan si se trata de reproducciones provocadas. Esta situación obligó de nuevo a evacuaciones de vecinos de La Adrada, que ya han podido regresar a sus casas.
Tras el paso de la estabilización, los efectivos desplegados en la zona trabajan ahora para dar el incendio por controlado y, posteriormente, por extinguido. Para esto último, sin embargo, todavía queda mucho: al menos un mes, como indicó a EFE Miguel García, técnico del Servicio de Incendios Forestales de la Junta de Castilla y León.
Las zonas afectadas sufren las consecuencias del fuego
El incendio de Ávila ha dejado un paisaje desolador en el Valle del Tiétar y el Valle de Iruelas, dos enclaves de gran riqueza natural del centro peninsular. A los montes quemados se suman las afectaciones en varias viviendas, lo que ha puesto sobre la mesa la extrema vulnerabilidad que tenemos ante la llegada del fuego, especialmente en un contexto de emergencia climática como la que experimentamos en la actualidad.
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Durante días, este incendio y el de la sierra Oeste de Madrid estuvieron fuera de la capacidad de extinción debido a las condiciones climáticas (temperatura, viento y humedad), la voracidad de las llamas y la orografía del terreno. Los efectivos, por tanto, solo podían defender y no atacar.
La investigación sobre el origen del mayor incendio forestal de la historia de España continúa abierta. La Guardia Civil apunta como principal hipótesis una imprudencia grave por el uso ilegal de una maquinaria pesada que provocó chispas. Presuntamente se estaría intentando abrir un camino forestal entre Burgohondo y Navarriesca para el tránsito del ganado, según informó El Mundo.
“La zona de Casavieja, Piedralaves, La Adrada... parece una guerra”, explicó hace unas semanas David Segovia, alcalde de Pedro Bernardo (uno de los municipios evacuados por el incendio), a Infobae. “Cuando se talen todos los árboles, se queda un secarral. De ser un vergel, de ser un paraíso natural, esto es ahora la ruina de todos los pueblos”.
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Quedan ahora por delante meses o incluso años de consecuencias en un territorio calcinado por el fuego, como los problemas en el agua si la llegada de las lluvias y tormentas provocan escorrentía que arrastre cenizas, piedras y otros restos.