Esta planta genera ondas eléctricas muy similares a las de un cerebro, según un estudio

El musgo, uno de los tipos de planta más antiguas del planeta, esconde un funcionamiento interno inesperado: el musgo organiza su actividad eléctrica en patrones que recuerdan a los trenes de impulsos que se producen en las neuronas

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El musgo genera ondas eléctricas muy similares a las de un cerebro, según un estudio (Wikimedia Commons)

El musgo genera ondas eléctricas muy similares a las de un cerebro, según un estudio publicado en la revista Royal Society Open Science. La investigación, a cargo de Andy Adamatzky, se ha centrado en analizar cómo estas plantas, consideradas entre las más antiguas del planeta, producen y distribuyen señales eléctricas a lo largo de sus estructuras.

Para el trabajo experimental, se recogieron cojines de la especie Brachythecium rutabulum en entornos naturales de North Somerset, en el Reino Unido. En el laboratorio, se insertaron electrodos en los grupos de musgo con el objetivo de registrar cualquier tipo de actividad eléctrica presente en la matriz vegetal. El seguimiento se realizó a lo largo de varios días, ya que estos organismos funcionan a un ritmo muy pausado.

El musgo genera ondas eléctricas muy similares a las de un cerebro, según un estudio (Wikimedia Commons)

El musgo, un organismo sencillo con un funcionamiento interno complejo

Los resultados revelan una amplia variedad de eventos eléctricos en el musgo. El registro muestra picos rápidos, fluctuaciones rítmicas más lentas y ondas de despolarización que pueden prolongarse durante largos periodos de tiempo. Adamatzky observa que, además de estas formas de actividad, se detectaron picos de alta amplitud y secuencias repetidas de señales parecidas a los trenes de potenciales de acción (una secuencia ordenada de impulsos eléctricos) que se dan en las neuronas. En su artículo, el autor detalla que “los cojines de musgo se comportan como sistemas excitables distribuidos espacialmente, potencialmente capaces de coordinar e integrar señales eléctricas a través del espacio y el tiempo”.

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Cada cojín de musgo está compuesto por numerosos clones diminutos de una misma planta. Bajo el microscopio, se aprecian hojas muy básicas dispuestas sobre finos tallos. El musgo carece de raíces y tampoco dispone de vasos conductores, lo que limita su desarrollo a unos pocos centímetros. Pese a esta simplicidad estructural, el estudio demuestra que estas plantas pueden transmitir información internamente de forma compleja.

El comportamiento eléctrico registrado no queda restringido a una zona concreta, sino que se extiende por toda la colonia y sigue patrones variables en el tiempo. Algunas ondas se propagan con rapidez y otras lo hacen de manera mucho más lenta, pero en ambos casos atraviesan el conjunto de plantas que forman el cojín. De acuerdo con Adamatzky, “el musgo se comporta como un sistema dinámico e interconectado, más que como un conjunto de células independientes”.

El artículo señala algunas limitaciones en el diseño experimental. No se realizaron controles negativos con sustratos inertes, lo que impide descartar que parte de las señales detectadas puedan deberse al instrumental o a otros factores ajenos al musgo. También se advierte que el uso de muestras recogidas en el medio natural introduce posibles variables, como contaminación o diferencias en la hidratación, que podrían haber influido en los resultados. Adamatzky indica que serán necesarias más investigaciones para determinar si los musgos pueden funcionar realmente como “redes sensoriales reactivas o sustratos biocomputacionales distribuidos”.

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El autor concluye que “esta organización en varias capas respalda la visión emergente de que el musgo puede servir como un sustrato vivo, eficiente energéticamente y evolucionado de forma natural, para la biosensórica híbrida y la computación no convencional”. El trabajo amplía el conocimiento sobre la vida interna de estas plantas y plantea nuevas preguntas sobre su potencial en el ámbito de la bioingeniería. La investigación completa puede consultarse en la Royal Society Open Science.