Imagbe Ehizomwengie llegó a Italia en el año 2016 después de escapar de una sociedad religiosa secreta. El nigeriano cruzó el desierto y, tras ser secuestrado en Libia, consiguió llegar a Europa en barco. El hombre residió cerca de diez años en la provincia de Ancora (este) sin documentos ni permiso de residencia, resignado a la indigencia. Una donación de cinco euros de una ONG le cambió la vida: invirtió el dinero en un boleto de lotería y consiguió un premio de 500.000 euros.
“No podía creerlo. Es increíble, pero es verdad. Es pura suerte. Incluso lloré”, ha expresado el nigeriano en una entrevista con Il Resto del Carlino. Su suerte, sin embargo, terminó ahí, pues los trámites burocráticos le impedían reclamar su premio. Como no tenía permiso de residencia ni un documento válido, no podía retirar las ganancias directamente. Así que recurrí a un compatriota, un amigo en quien confiaba”, ha contado.
Este hombre de confianza tampoco le solucionó la vida. “Surgieron problemas”, ha afirmado. “Después de recaudar el dinero, empezó a comportarse como si fuera el dueño de esa suma, hasta el punto de que otros miembros de la comunidad nigeriana y mi primo tuvieron que intervenir para encontrar una solución”, ha explicado al medio italiano.
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Ambos conocidos alcanzaron finalmente un acuerdo: se repartirían el premio entre los dos, ganando cada uno 250.000 euros. “Con ese dinero, compraron un negocio en Falconara, Mama African, donde yo debía trabajar una vez que obtuviera mis documentos", ha explicado Ehizomwengie.
Italia reconoce protección especial para Ehizomwengie
La espera ha sido larga, pero la situación de Ehizomwengie ha podido solucionarse. El pasado domingo, el Tribunal de Ancona ha reconocido su derecho a protección especial, según cuenta Il Resto del Carlino.
Ehizomwengie llegó a Italia en 2016, con tan solo 26 años. Según ha explicado al diario italiano, salió de su país natal, Nigeria, huyendo de una secta religiosa. “Mi padre era el líder espiritual de una sociedad secreta, y como hijo mayor, se suponía que yo debía sucederle. Mi madre, asustada, me aconsejó que huyera”, ha narrado.
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La travesía para llegar a la costa europea no fue sencilla: primero, cruzó Níger de punta a punta hasta llegar a Libia. Allí, se quedó unos años en contra de su voluntad. “Me secuestraron y me liberaron solo después de que se pagara un rescate”, ha confesado. Una vez libre de las cadenas, se lanzó al mar en una embarcación hasta llegar a la costa de Palermo en el verano de 2016. Después, fue trasladado a la región de Las Marcas.
El joven, ahora de 36 años, ha celebrado la resolución del tribunal, que le permitirá quedarse en Italia de forma legal y desarrollar su proyecto de vida. “Hablé con mi abogado. Me dijo que todo está bien ahora. Estoy feliz: gracias, Italia, me gusta estar aquí“, ha concluido.