Una pareja de propietarios vivió una experiencia que jamás imaginó tras alquilar su vivienda durante una semana a través de Airbnb. Lo que parecía una operación rutinaria terminó con una intervención policial y el descubrimiento de que el inmueble había sido utilizado como base de una red de prostitución que explotaba a una menor de 13 años.
Cinco días después del inicio del alquiler, agentes de la unidad especial RAID irrumpieron en la casa. La puerta principal fue forzada y el interior quedó totalmente revuelto.
Los hechos ocurrieron en Bourges, en el centro de Francia. La vivienda había sido ocupada por varias personas y en el interior encontraron restos de comida, basura y múltiples indicios de la actividad criminal: ropa, ropa interior y preservativos.
Seis personas fueron detenidas, acusadas de integrar una red de prostitución y extorsión, con episodios de violencia contra clientes. Cuatro de ellas, de entre 19 y 22 años, permanecen en prisión preventiva, según ha recogido TF1.
Las sospechas ignoradas
Todo parecía normal. El cliente se presentó como un hombre de negocios, lo que tranquilizó a los propietarios. Sin embargo, el día de la entrega de las llaves surgieron las primeras dudas. El hombre llegó acompañado de una joven que no hablaba, evitaba la mirada y no llevaba equipaje.
“Sentimos que algo andaba mal, pero pensé que tal vez era timidez”, ha explicado el propietario. Días después, se confirmó que la joven tenía solo 13 años y que estaba siendo obligada a prostituirse bajo amenazas de individuos armados.
Intervención urgente para proteger a la víctima
La rapidez de la operación policial estuvo motivada por el riesgo inminente para la menor. “Lo que nos impulsó a actuar con tanta rapidez fue el temor a que la víctima desapareciera en los próximos días”, ha explicado la fiscal Céline Visiedo.
La investigación apunta a una organización que utilizaba viviendas de alquiler temporal como base de operaciones, lo que facilitaba su movilidad y dificultaba su detección. “Se trata de lugares de prostitución efímeros”, ha subrayado la magistrada.
Un fenómeno en expansión
El caso no es aislado en Francia. En París, otra propietaria descubrió, gracias a una cámara en la entrada, un flujo constante de hombres que acudían a su vivienda durante el periodo de alquiler. “Tenemos intervalos de 20, 30, 40 minutos, y nunca son las mismas personas”, relató.
Según datos de la Oficina Central para la Represión de la Trata de Personas, el fenómeno ha crecido de forma notable: si en 2016 el 34% de la prostitución se ejercía en inmuebles alquilados, hoy esa cifra alcanza el 93%. “Nos sentimos un poco impotentes. Es grave y es repugnante”, ha recalcado el propietario.
Multas dispares
Mientras la legislación sanciona desde hace una década a los clientes con multas de 1.500 euros, los propietarios pueden enfrentarse a penas de hasta 10 años de prisión y multas de 750.000 euros si no actúan ante las actividades.
Por ello, las autoridades recomiendan verificar la identidad de los inquilinos, evitar los pagos en efectivo y no entregar las llaves a terceros no identificados. Ante cualquier sospecha, se debe contactar con la policía y notificar a los ocupantes de que se ha dado aviso.