El medicamento que reduce el riesgo de nuevos ictus en personas que ya han sufrido uno: está en fase de investigación

El fármaco, además, no produce un aumento en los episodios de hemorragia grave, uno de los efectos secundarios más temidos de los tratamientos existentes

Accidente cerebrovascular. (Infobae)

La asundexina, un nuevo medicamento anticoagulante todavía en fase de investigación, ha demostrado una reducción significativa en el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares en personas que recientemente han experimentado un problema de este tipo o un ataque isquémico transitorio (AIT) de origen no cardioembólico. Esta mejora en la prevención no se acompaña de un aumento en los episodios de hemorragia grave, uno de los efectos secundarios más temidos de los tratamientos existentes. El hallazgo procede de un amplio estudio internacional impulsado por la Universidad McMaster (Canadá), cuyos resultados han sido publicados en The New England Journal of Medicine, según ha informado este sábado la agencia Europa Press.

El análisis abarcó a 12.327 adultos procedentes de 37 países, seleccionados dentro de las primeras 72 horas posteriores a un accidente cerebrovascular no cardioembólico o a una obstrucción del flujo sanguíneo cerebral de carácter transitorio (AIT). La investigación comparó la eficacia y la seguridad de asundexian frente a la terapia antiplaquetaria estándar, actualmente centrada en fármacos que solo logran reducir modestamente el riesgo de recurrencias y presentan el inconveniente de incrementar las hemorragias cuando se emplean combinados o durante periodos prolongados. La investigación concluyó que el nuevo compuesto logra un descenso del 26% en la incidencia de accidentes cerebrovasculares respecto al placebo, sin asociarse a un mayor riesgo de sangrado.

Los participantes, con una edad media de 68 años —el 25% superaba los 75 años—, recibieron de manera aleatoria una dosis diaria de 50 mg de asundexian o placebo, sumada a la aspirina o medicación antiplaquetaria convencional. El 95% del grupo había sufrido accidentes cerebrovasculares no cardioembólicos, y el resto AIT de alto riesgo. El proceso de evaluación incluyó revisiones médicas al mes, a los tres meses y a intervalos trimestrales posteriores. De acuerdo con los resultados detallados por la Universidad McMaster y recogidos en el artículo de The New England Journal of Medicine, el 6,2% de quienes tomaban el medicamento experimental sufrió un segundo accidente cerebrovascular isquémico, frente al 8,4% registrado en el grupo placebo. Esto equivale a una reducción relativa del riesgo del citado 26%.

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El análisis también señala diferencias en los eventos cardiovasculares graves —definidos como ictus, infarto o fallecimiento cardiovascular—, con un 9,2% de casos en el grupo bajo tratamiento frente al 11,1% en el de placebo, lo que implica un descenso del 17% en este apartado. En cuanto a los accidentes cerebrovasculares incapacitantes o mortales, el 2,1% de los pacientes tratados con asundexian los padeció, frente al 3% del grupo placebo, reflejando una disminución del 31%.

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Sin aumentar las hemorragias

El mecanismo de acción de la asundexina se diferencia de los anticoagulantes tradicionales al actuar sobre la proteína Factor XIa, clave en la formación de coágulos dañinos y con un papel secundario en la detención natural de hemorragias. Esta diana terapéutica aspira a mantener la capacidad de frenar hemorragias del organismo al tiempo que limita la formación de coágulos peligrosos.

Mike Sharma, investigador principal y científico sénior del Population Health Research Institute (PHRI) —instituto vinculado a la Universidad McMaster y Hamilton Health Sciences—, ha valorado en The New England Journal of Medicine que, tras décadas de trabajo, “asundexian redujo la incidencia de accidentes cerebrovasculares en un 26% y este beneficio fue constante en pacientes de diferentes edades, sexos, gravedad y causas de accidentes cerebrovasculares, sin aumentar las hemorragias graves ni otros efectos secundarios serios”.

En la misma publicación, Ashkan Shoamanesh, coinvestigador principal y científico sénior del PHRI, ha destacado la relevancia de que, hasta el momento, “la reducción del riesgo de ictus se ha asociado a menudo con un mayor riesgo de hemorragia”. A su juicio, los datos aportados “dan esperanza de encontrar una forma más segura de prevenir los ictus recurrentes”, algo que tanto médicos como pacientes y familiares “llevaban tiempo esperando”.

*Con información de Europa Press

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