La reina Sofía disfruta de la Semana Santa de Murcia acompañada de sus hijas: un gran recibimiento y visitas privadas

La reina emérita ha acudido a la Región de Murcia acompañada de sus hijas, las infantas Elena y Cristina, para disfrutar de los pasos de Cartagena y Murcia

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La Reina Sofía y la Infanta Elena durante la Solemne Procesión del Silencio y Santísimo Cristo de los Mineros, a 2 de abril de 2026, en Cartagena, Murcia (España). (Martín C.  / Europa Press).
La Reina Sofía y la Infanta Elena durante la Solemne Procesión del Silencio y Santísimo Cristo de los Mineros, a 2 de abril de 2026, en Cartagena, Murcia (España). (Martín C. / Europa Press).

La Semana Santa comienza su recta final. Para millones de españoles, la tradición, espiritualidad y cultura va enmarcada de reencuentros familiares y el regreso a las raíces. Y, en medio de este contexto, Casa Real ha decidido delegar la parte visible a la reina Sofía y las infantas Elena y Cristina para que sean sus representantes en las calles de las capitales. Tras pasar unos días en Palma, la emérita ha elegido la Región de Murcia como su siguiente destino para seguir disfrutando de estas fechas.

La presencia de la madre de Felipe VI en la ciudad no es casual. Murcia acoge una de las celebraciones más singulares de la Semana Santa española, y además tiene un vínculo especial para la familia real, ya que la princesa Leonor reside allí desde septiembre de 2025. El Jueves Santo comenzó con doña Sofía visitando el Museo Salzillo, epicentro de la tradición escultórica que marca el pulso de estas celebraciones.

A su llegada, junto a sus hijas, la reina fue recibida por una notable expectación. Decenas de ciudadanos se congregaron en las inmediaciones del museo para saludarla, entre aplausos y vítores que reflejaban el cariño popular. Los gritos de “¡Viva la Reina!” resonaron en la calle, mientras Sofía respondía con gestos cercanos y sonrisas, en una escena que evidenció su conexión con el público. Elena y Cristina, por su parte, también se mostraron especialmente atentas, saludando tanto a quienes se encontraban a pie de calle como a quienes observaban desde balcones cercanos.

La Reina Sofía (i) y la Infanta Elena (d) durante la Solemne Procesión del Silencio y Santísimo Cristo de los Mineros, a 2 de abril de 2026, en Cartagena, Murcia (España). (Martín C.  / Europa Press).
La Reina Sofía (i) y la Infanta Elena (d) durante la Solemne Procesión del Silencio y Santísimo Cristo de los Mineros, a 2 de abril de 2026, en Cartagena, Murcia (España). (Martín C. / Europa Press).

La elección del vestuario no pasó desapercibida. Las tres optaron por atuendos negros, en línea con la tradición del Jueves Santo, jornada en la que el luto adquiere un significado simbólico dentro del calendario litúrgico. La sobriedad del conjunto elegido por la reina, acompañado de discretos complementos, reforzó el carácter solemne del acto, mientras que sus hijas introdujeron ligeras variaciones en blusas y accesorios, manteniendo la elegancia y el respeto por la ocasión.

Un paseo por Murcia

Durante su estancia en Murcia, la familia también recorrió distintos puntos del centro histórico, donde continuaron recibiendo muestras de afecto. En su paseo, fueron testigos de representaciones típicas de estas fechas, incluyendo imágenes de la Pasión de Cristo y las escenas típicas del Jueves Santo.

Uno de los momentos más destacados fue la visita privada al interior del museo, donde la reina pudo contemplar de cerca las obras del escultor barroco Francisco Salzillo. Estas piezas, creadas en el siglo XVIII, constituyen el corazón de la conocida “Mañana de Salzillo”, la procesión que tiene lugar el Viernes Santo y que está considerada de Interés Turístico Internacional. Entre las tallas más emblemáticas se encuentran escenas como “La Santa Cena” o “La Oración en el Huerto”, auténticos referentes del patrimonio artístico español.

La reina Sofía (i), acompañada por las infantas Cristina (c) y Elena (d), la alcaldesa de Cartagena Noelia Arroyo (2d), este Jueves Santo durante la procesión del Silencio y del Cristo de los Mineros de Cartagena, de la cofradía de los Californios. (EFE/ Marcial Guillen).
La reina Sofía (i), acompañada por las infantas Cristina (c) y Elena (d), la alcaldesa de Cartagena Noelia Arroyo (2d), este Jueves Santo durante la procesión del Silencio y del Cristo de los Mineros de Cartagena, de la cofradía de los Californios. (EFE/ Marcial Guillen).

Tras esta primera parada, la agenda continuó en Cartagena, donde Sofía tenía previsto asistir a la procesión del Silencio, organizada por la cofradía de los Californios. Este desfile destaca por su atmósfera de recogimiento, marcada por normas estrictas que se mantienen desde hace décadas, como el anonimato de los cofrades. La tradición indica además que, durante su recorrido, los comercios apaguen sus luces como señal de respeto, creando una estampa única.

La visita institucional también incluyó enclaves como la iglesia de Santa María de Gracia, donde la reina y sus hijas fueron guiadas para conocer los pasos que procesionarán por las calles, entre ellos el Cristo de los Mineros. Asimismo, pudieron contemplar el inicio de los desfiles desde un balcón emblemático, sumándose así a una de las perspectivas más privilegiadas de la celebración.

La reina Sofía (2d), acompañada por lla alcaldesa de Cartagena Noelia Arroyo (d) y las infantas Elena (2i) y Cristna (i), este Jueves Santo durante la procesión del Silencio y del Cristo de los Mineros de Cartagena, de la cofradía de los Californios. (EFE/Marcial Guillén)
La reina Sofía (2d), acompañada por lla alcaldesa de Cartagena Noelia Arroyo (d) y las infantas Elena (2i) y Cristna (i), este Jueves Santo durante la procesión del Silencio y del Cristo de los Mineros de Cartagena, de la cofradía de los Californios. (EFE/Marcial Guillén)

Este año, sin embargo, la Semana Santa tiene un matiz especialmente emotivo para la reina Sofía. Se trata de la primera vez que vive estas fechas sin su hermana, Irene de Grecia, fallecida en enero a los 83 años. La estrecha relación entre ambas, marcada por una convivencia constante y un apoyo mutuo durante años, convierte esta ausencia en especialmente significativa.