Bajo el pavimento de una antigua vivienda en Tell eṣ-Ṣâfi, localidad que corresponde a la antigua ciudad de Gath, en Israel, un hallazgo arqueológico nos descubre cómo eran las prácticas rituales y las redes de poder y comercio del Próximo Oriente durante la Edad del Bronce Antiguo. Un equipo de arqueólogos ha exhumado los restos de cuatro asnos cuidadosamente enterrados en posiciones que evidencian un marcado componente ritual. La inusual procedencia de estos animales y el tratamiento que recibieron han dejado perplejos a los especialistas.
Las excavaciones, cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Plos One y con fecha de mayo de 2025, sitúan los hechos entre los años 2.900 y 2.550 antes de nuestra era, coincidiendo con el período del Antiguo Imperio en Egipto y la eclosión de las primeras sociedades urbanas en la región de Canaán. El contexto histórico del hallazgo es relevante: Egipto atravesaba una etapa de expansión y centralización de poder, caracterizada por la construcción de pirámides y el auge del comercio, mientras en Canaán se consolidaban rutas comerciales en las que el asno tenía un papel central.
El primer asno fue localizado en 2010, con la cabeza separada y emplazada cuidadosamente sobre el abdomen, las extremidades atadas y el cráneo orientado hacia el este, posición compartida con los otros tres animales desenterrados posteriormente. Todos los ejemplares aparecieron bajo el suelo de casas, lo que sugiere prácticas rituales ligadas al inicio de la vida doméstica: el sacrificio podría haber estado vinculado a la protección o prestigio de la vivienda mediante un rito fundacional.
El equipo de investigación ha profundizado en el origen de estos animales mediante análisis isotópicos del esmalte dental, que han resultado reveladores. Ninguno de los asnos había nacido localmente ni siquiera en el Levante, sino que provenían de la cuenca del Nilo, en Egipto. El traslado de animales de gran tamaño a lo largo de cientos de kilómetros suponía un notable esfuerzo logístico y económico, lo que realza la singularidad de la práctica hallada.
El significado de los sacrificios
Elizabeth Arnold, especialista en antropología y arqueología ambiental en la Universidad Estatal de Grand Valley (Michigan), interpreta la importación de estos animales como una manifestación ostentosa de poder y recursos. Según ha argumentado la investigadora en declaraciones recogidas por Sciencepost, en una época en la que los asnos resultaban esenciales para el trabajo agrícola y el transporte de mercancías, ofrecerlos en sacrificio se consideraba ya un acto de gran coste. El hecho de que fueran hembras jóvenes y fértiles —con un valor reproductivo destacado— y además procedentes de Egipto, confiere mayor carga simbólica y económica al hallazgo.
La propia Arnold compara este derroche con “quemar billetes de banco”, haciendo hincapié en el valor añadido que suponía sacrificar animales reproductores importados, en lugar de ejemplares locales destinados al consumo o la labor. La presencia de estos asnos egipcios denota la existencia de vínculos comerciales privilegiados entre los habitantes de Gath y el poderoso reino nilótico, en una fase histórica en la que Egipto ejercía un claro liderazgo regional. Así, el sacrificio sobrepasa la mera expresión de religiosidad para convertirse en un gesto político: afirmar la posición de un linaje o jefe local como interlocutor ante potencias extranjeras.
El análisis comparativo integrado en el trabajo también incluye otros restos de animales hallados en el yacimiento, tales como un asno, una oveja y una cabra. A excepción de esta última —también originaria de Egipto— todos los animales estudiados eran autóctonos. No obstante, la cabra importada no recibió un trato funerario singular, lo que lleva a pensar que formó parte del ganado de viaje, posiblemente como fuente de alimento para los trayectos largos.
Ritual, economía y simbolismo en el inicio de la urbanización
Más allá del impacto inicial del hallazgo, los resultados obtenidos por los arqueólogos refuerzan una visión cada vez más aceptada por la comunidad científica: la función de los équidos en la Antigüedad iba mucho más allá del transporte o las tareas agrícolas. Su sacrificio y el modo en que se llevaba acabo respondían también a estrategias de representación, conexión intercultural y diferenciación de estatus social.
Cada resto recuperado —ya sea una orientación craneal específica o una cuerda fosilizada utilizada para atar las patas— contribuye a reconstruir la complejidad cultural y la sofisticación de estas sociedades. Los gestos discretos, como el entierro de un asno bajo el umbral de una casa, resultan, a la luz de la ciencia, tan elocuentes como los grandes monumentos de piedra.
El trabajo de campo sigue activo en Tell eṣ-Ṣâfi. La investigación corrobora que estos asnos, llegados desde el Valle del Nilo, fueron mucho más que simples animales de carga. En realidad, se trataba de portadores simbólicos de lazos económicos, políticos y espirituales que, al sacrificarles, sellaban alianzas y delimitaban espacios de poder en un mundo profundamente interconectado.