La alfombra roja del Royal Festival Hall volvió a convertirse en la noche de este domingo 22 de febrero en escenario de glamour y expectación con motivo de los premios BAFTA 2026.
La 79ª edición de los galardones que concede la Academia Británica de Cine y Televisión reunió a destacadas figuras del séptimo arte, pero la gran conversación de la noche no giró únicamente en torno a Hollywood. La llegada inesperada de los príncipes de Gales, Guillermo y Kate, alteró por completo el pulso mediático del evento.
Su asistencia no figuraba en la agenda oficial, lo que convirtió su aparición en una auténtica sorpresa. Más allá del gesto de respaldo institucional a la industria cinematográfica, su presencia fue interpretada como un mensaje de continuidad y normalidad en una semana especialmente sensible para la damilia real británica.
Regreso a una cita emblemática
Como presidente de honor de la Academia desde 2010, Guillermo mantiene un vínculo estrecho con estos premios, considerados los “Oscar británicos”. En esta ocasión, estuvo acompañado por su mujer, Kate Middleton, que no acudía a la ceremonia desde 2023 debido a su proceso de recuperación tras el cáncer.
El regreso de la princesa de Gales no pasó desapercibido. Su estilismo volvió a situarla en el centro de todas las miradas: un vestido vaporoso de Gucci en tonos rosas degradados y manga corta, una pieza que ya había lucido en 2019 durante una cena de gala organizada por la ONG 100 Women in Finance en el Museo Victoria y Alberto.
El conjunto se completaba con un bolso de mano de terciopelo granate, zapatos de inspiración romántica y una larga melena rizada. Una imagen etérea que contrastaba con la elección cromática del príncipe Guillermo, quien apostó por una chaqueta de terciopelo en tono berenjena. La coordinación estética entre ambos reforzó esa sensación de complicidad y unidad que proyectan en sus apariciones públicas.
Sonrisas y complicidad en la alfombra roja
A su llegada, los príncipes de Gales fueron recibidos por Jane Millichip, directora ejecutiva de la Academia Británica de Cine y Televisión, y por Ken Olisa, lord teniente del Gran Londres. Juntos recorrieron la alfombra roja entre flashes, saludos y breves intercambios de palabras con los asistentes.
Ya en el interior del recinto, situado junto al icónico London Eye, la pareja pudo compartir impresiones con varios de los nominados. Entre ellos, la actriz Rose Byrne, candidata a mejor actriz por If I Had Legs I’d Kick You; Bobby Cannavale; Hannah Waddingham, uno de los rostros más aplaudidos del teatro británico; y Donna Langley, responsable de Universal.
Fue precisamente en estas conversaciones donde surgieron algunos de los momentos más comentados de la noche. Guillermo confesó que aún no había visto Hamnet, una de las películas del momento. “Necesito estar bastante tranquilo y no lo estoy ahora mismo”, reconoció con sinceridad. Kate, en cambio, sí la había visto recientemente: “Fue mala idea. Terminé hecha un mar de lágrimas”, comentó, destacando la calidad de la grabación y la banda sonora.
Pese a las sonrisas, el matrimonio estaba visiblemente tenso y las cámaras captaron momentos en los que la seriedad era la protagonista.
Pasión compartida por el cine
El interés de ambos por el cine es bien conocido. Guillermo ha expresado en varias ocasiones su fascinación por la diversidad de géneros y narrativas: “Lo que me encanta de las películas es que nunca sabes qué vendrá después”. Kate, por su parte, ha bromeado en el pasado sobre las dificultades de mantener esta afición tras la maternidad, aunque el paso del tiempo ha permitido que sus hijos —George, Charlotte y Louis— también se acerquen a este universo. Según ha contado el príncipe, las disputas por el mando de la televisión son habituales en casa.
Los BAFTA han contado históricamente con el apoyo de la monarquía. De hecho, Isabel II recibió un galardón honorífico en reconocimiento a su respaldo al cine y la televisión durante su prolongado reinado, consolidando el vínculo entre la institución y la cultura audiovisual.
Primera aparición tras la polémica
La presencia de Guillermo y Kate en esta edición adquiere un significado especial al tratarse de su primera aparición pública tras la detención de Andrés Mountbatten-Windsor, el expríncipe Andrés. El arresto, producido el pasado jueves en Wood Farm, residencia vinculada a Sandringham, ha supuesto un impacto sin precedentes en la historia moderna de la realeza británica.
Tras pasar más de diez horas en la comisaría de Aylsham, fue puesto en libertad bajo investigación. Un episodio que ha intensificado el escrutinio sobre la familia real y que convierte cada gesto institucional en objeto de análisis.