La actriz Eva Isanta se despidió este martes, 18 de febrero, de las cocinas de Top Chef: dulces y famosos, convirtiéndose en la segunda expulsada de la actual edición del talent culinario. La intérprete, conocida por su trayectoria en televisión y especialmente por su papel en La que se avecina y Aquí no hay quien viva, asumió su salida con deportividad y naturalidad, dejando claro que, pese a la eliminación, la experiencia había sido enriquecedora.
“Me parece justo”, afirmó la actriz cuando supo que debía colgar el delantal y abandonar las cocinas del programa. Lejos de mostrar frustración, Isanta afrontó el veredicto con serenidad y espíritu deportivo. “Me da mucha pena, pero me quedo con lo bueno, es una experiencia fantástica. Lo he disfrutado mucho, he pasado por un carrusel de sabores”, añadió tras conocer la decisión del jurado.
Con estas palabras, la actriz resumía su paso por el formato emitido en La 1, una aventura televisiva que, según dejó entrever, le permitió salir de su zona de confort y enfrentarse a nuevos retos. Aunque su trayectoria en el concurso fue breve —apenas dos programas—, Isanta destacó el aprendizaje y la intensidad vivida en cada prueba.
Sin embargo, su paso por el espacio culinario no estuvo exento de dificultades. Durante una de las pruebas de la noche, los aspirantes tuvieron que enfrentarse a un ingrediente que para ella supuso un auténtico obstáculo: el queso. Este producto fue el protagonista de unas tartas que los concursantes debían elaborar, lo que colocó a la actriz en una situación especialmente delicada.
El problema que limitó su destreza en las cocinas
Fue entonces cuando Eva Isanta compartió con sus compañeros y con la audiencia un aspecto personal poco conocido: padece turofobia, es decir, miedo al queso. “Yo el queso no puedo ni verlo. Soy una cosa que se llama turofóbica. Turofobia es miedo al queso y es una limitación. Una pena”, explicó, dejando patente la magnitud de su rechazo hacia este alimento.
La actriz aclaró que no se trata de una manía pasajera ni de una simple preferencia gastronómica. Según relató, es una circunstancia que arrastra desde la infancia y que condiciona su día a día en determinadas situaciones. “Tengo que taparme directamente la nariz”, aseguró al describir cómo reacciona cuando tiene queso cerca, ya sea en un restaurante, en el supermercado o en casa de amigos.
Isanta quiso además subrayar que no se trata de un caso aislado. “Somos bastantes, no somos una secta. O sea, que no estoy loca, es verdad”, comentó en tono distendido, intentando normalizar una fobia que, aunque poco visible, afecta a más personas de las que podría parecer a simple vista. Esta limitación cobró especial relevancia durante una cata a ciegas en la que el queso podía formar parte de los ingredientes ocultos. La tensión fue evidente en su rostro y en sus palabras. “No lo puedo soportar”, confesó ante la posibilidad de encontrarse con el producto que más rechazo le genera. El temor a identificar queso entre los sabores supuso para ella un momento de gran angustia, que terminó convirtiéndose en un hándicap determinante dentro de la competición.
Pese a ello, Eva Isanta no dudó en aceptar la propuesta de participar en el concurso cuando se la ofrecieron. A sabiendas de que el queso es un ingrediente habitual en la cocina, y especialmente en el mundo de la repostería —donde se emplea en múltiples elaboraciones—, la actriz decidió asumir el reto como una oportunidad para superarse y experimentar un formato diferente a los que había afrontado hasta ahora en su carrera.