A sus 53 años, Hovik Keuchkerian se ha convertido en uno de los rostros más sólidos del cine español. Su presencia impone antes incluso de pronunciar una palabra, pero es en la mirada donde despliega su verdadero arsenal interpretativo. Este lunes acude a El Hormiguero para presentar su nuevo monólogo, Grito, que comenzará su gira este mes de febrero en Madrid y recorrerá varias partes de España.
Nacido en Beirut en 1972, criado en la sierra madrileña y dos veces campeón de España de los pesos pesados, su biografía parece escrita a golpes de intensidad. Y es que su infancia estuvo marcada por el conflicto. Tenía apenas tres años cuando su familia abandonó Líbano huyendo de la guerra civil. Hijo de padre armenio y madre navarra, creció en Alpedrete entre la cultura del esfuerzo y la conciencia de unas raíces atravesadas por el exilio.

Esa herencia armenia —presente incluso en su nombre, que evoca liderazgo y nobleza— ha sido una constante en su discurso público, especialmente al denunciar el genocidio armenio y la situación en Nagorno-Karabaj, conflicto que considera una herida abierta.
Antes de que el gran público lo identificara como Bogotá en La casa de papel, Keuchkerian ya había vivido varias vidas. Probó primero con el baloncesto, pero pronto encontró su lugar en los deportes de contacto. En 1995 abrió su propio gimnasio en Madrid y comenzó a competir profesionalmente. En boxeo alcanzó la cima nacional en 2003 y 2004. Sin embargo, tras una derrota dolorosa ante el francés Thierry Guezouli, decidió colgar los guantes. “Rompí a llorar en público, delante de unas doce mil personas. Y no me importó llorar delante de tanta gente, porque me derrumbé”, recordó en la revista Esquire.
La retirada dejó un vacío difícil de gestionar: “La putada de cuando dejas de perseguir un sueño es que a la mañana siguiente tienes una oquedad absoluta. El día es muy largo, no sabes qué hacer”, contó en una anterior visita en El Hormiguero. Fue una llamada de su madre la que actuó como detonante: un discurso directo, sin adornos, que lo obligó a mirarse de frente. Decidió entonces iniciar un proceso de recuperación que incluyó dejar la bebida, reducir drásticamente el tabaco y transformar su físico. Perdió cerca de 30 kilos y recuperó la estabilidad emocional.

Su llegada al mundo del arte
En paralelo, comenzó a explorar la escritura y los monólogos. Su voz grave y su sentido del humor ácido lo llevaron a los escenarios y, poco a poco, a la interpretación. El cine llamó a su puerta con Alacrán enamorado, donde encarnó a un entrenador de boxeo. Aquel papel le valió una nominación al Goya como actor revelación y marcó el inicio de una carrera que no ha dejado de crecer.
Su consolidación llegó de la mano de Rodrigo Sorogoyen en la serie Antidisturbios y, sobre todo, con el fenómeno internacional de Netflix. Bogotá lo situó en el mapa global, pero Keuchkerian ha evitado encasillarse. Ha participado en producciones internacionales como Assassin’s Creed, junto a Michael Fassbender, y en las series The Head y Reina Roja.
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