La reina Sofía atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Según cuentan a Semana fuentes de su entorno más cercano, la emérita estaría viviendo una “depresión silenciosa” marcada por la tristeza y el distanciamiento personal. Quienes han podido acompañarla en este tiempo describen a una mujer “triste, ensimismada”, afectada profundamente por la reciente muerte de su hermana, Irene de Grecia, un fallecimiento que ha supuesto un antes y un después en su estado de ánimo.
Aunque la madre de Felipe VI ha retomado ya parte de su agenda institucional, lo ha hecho después de 53 días de parón, una circunstancia poco habitual en su trayectoria. Su compromiso constante con las causas sociales y su disciplina han sido siempre una de sus señas de identidad, por lo que esta pausa ha resultado especialmente significativa. No es un periodo cualquiera: en apenas unas semanas, la emérita ha tenido que despedirse de dos figuras esenciales en su vida, su hermana Irene y su íntima amiga Tatiana Radziwill.
En su edición de este miércoles, 10 de febrero, Semana ha sacado a la luz datos exclusivos de la situación personal que atraviesa la royal española. De acuerdo con la información publicada, la abuela de la princesa Leonor hace frente a un “agotamiento emocional” y a un “sentimiento de vacío” que su entorno intenta paliar con una presencia constante y un apoyo reforzado.
Una pérdida irreparable
Conscientes de la complejidad del momento, sus hijos y varios de sus nietos han decidido hacer piña en torno a ella. En las últimas semanas han intensificado las visitas al Palacio de la Zarzuela y han procurado acompañarla tanto en la intimidad como en los actos públicos. Esa unión familiar quedó patente durante el funeral de la princesa Irene de Grecia, donde se pudo ver a la reina Sofía especialmente arropada por los suyos.
Fue precisamente en ese acto cuando se produjo una de las imágenes más impactantes y poco habituales de la emérita: visiblemente emocionada, sin poder contener las lágrimas. Acostumbrada a mantener un férreo control sobre sus sentimientos en público y a cumplir con el protocolo de manera estricta, en esta ocasión no logró reprimir la emoción. Mostró así su rostro más vulnerable, ajena a interpretaciones externas y centrada únicamente en despedir a su hermana.
Días después de aquel funeral, el ya citado medio vuelve a hacer hincapié en la tristeza que acompaña a la reina Sofía desde entonces, un vacío que, según su entorno, tardará tiempo en disiparse. Aunque ha comenzado a recuperar sus rutinas, todavía no se ha concretado cuál será el ritmo definitivo de su reincorporación. Discreta por naturaleza, la reina Sofía ha enfocado su vida en los últimos años en las causas sociales y en su día a día en Zarzuela. Son pocos quienes tienen acceso directo a su estado anímico real, ya que la familia y su círculo más estrecho han cerrado filas en torno a ella. Esa reserva habitual explica que la información sobre su situación personal sea especialmente valiosa.
Y es que, mientras otros miembros de la Familia Real han retomado sus compromisos con relativa normalidad, para la reina Sofía el proceso está siendo distinto. Su relación con Irene de Grecia iba más allá del vínculo fraternal: compartían confidencias, viajes y una convivencia muy estrecha. Durante años, la emérita estuvo volcada en su cuidado y apoyo, lo que convierte su ausencia en un golpe especialmente doloroso. A esa pérdida se sumó la muerte de su amiga Tatiana Radziwill, fallecida a los 86 años a finales de 2025. Un duro golpe que precedió en apenas semanas al fallecimiento de Irene. Dos ausencias consecutivas que han dejado una huella profunda en la emérita.