Toledo, la ciudad de las tres culturas, despliega un legado monumental donde el tiempo parece haberse detenido entre murallas, callejones y plazas empedradas. Su arquitectura, reflejo de siglos de historia, luce con orgullo un repertorio de palacios, iglesias y conventos que convierten cada paseo en una lección de arte y memoria. Entre estos tesoros, en la pequeña plaza de Santa Clara, se alza un edificio que observa la ciudad desde el Renacimiento: el Palacio del Marqués de Malpica y Valdepusa.
Ahora, este imponente palacio inicia una nueva etapa gracias a una ambiciosa rehabilitación que busca devolverle todo su esplendor y adaptarlo a las necesidades de la Toledo contemporánea. Así, está declarado Bien de Interés Cultural y monumento en 1998, y se distribuye en una planta cuadrada y dos alturas en torno a un patio central que ha marcado su identidad durante siglos. Su ubicación, junto al convento de las clarisas franciscanas, le otorga una atmósfera de recogimiento y silencio, ajena al bullicio de otras zonas del casco histórico.
Un palacio renacentista con historia
Lo primero que llama la atención de este palacio es su fachada principal, que orientada a la plaza, ha experimentado transformaciones a lo largo del tiempo, pero aún conserva elementos insignes, como la torre-mirador en uno de sus extremos y la puerta principal de piedra, adintelada y flanqueada por ménsulas que sostienen un elegante balcón superior. Los muros, de sillarejo encintado y ladrillo, revelan el paso de los siglos y las sucesivas intervenciones que han modelado su aspecto.
Por su parte, el interior del palacio atesora la verdadera joya del conjunto: un patio cuadrado, con cuatro columnas por lado y dos pisos superpuestos de orden jónico. En el nivel inferior, las zapatas lucen tondos de rosáceas y escudos familiares, mientras que en el superior aparecen las características cabezas covarrubiescas y veneras, en clara alusión al arte de Alonso de Covarrubias, a quien se atribuye la autoría del patio a finales de la tercera década del siglo XVI.
La disposición de las columnas, el equilibrio de los entablamentos y la riqueza de la decoración convierten este espacio en un ejemplo del refinamiento y la maestría técnica que caracterizaron el Renacimiento toledano. Una cornisa final, sostenida por ménsulas alternadas con flores de cuatro hojas, aporta solemnidad y unidad al conjunto.
Uno de los elementos más notables del palacio es su gran escalera claustral, situada a la izquierda del patio y protegida por una crujía perimetral. Esta escalera, de caja abierta, responde a un diseño inteligente que prioriza tanto la funcionalidad como la estética, con columnas, pilastras y dinteles decorados con motivos de rosetas. Bajo el edificio, los sótanos abovedados permanecen casi intactos, constituyendo uno de esos espacios invisibles que sostienen la historia y la estructura del palacio desde sus cimientos. La combinación de soluciones arquitectónicas y decorativas revela el pulso de una época de esplendor y la visión de sus promotores.
Una rehabilitación que une pasado y futuro
El Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana ha licitado recientemente las obras para recuperar el Palacio del Marqués de Malpica, con una inversión superior a los once millones de euros. Esta intervención, enmarcada en el Programa de Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico, supone mucho más que una simple restauración: es una operación quirúrgica sobre la memoria de Toledo, pensada para sacar a la luz elementos ocultos y consolidar el edificio sin perder de vista su esencia histórica.
El proyecto, elaborado por el estudio PAZ+CAL, mantendrá el uso administrativo actual —sede de la Demarcación de Carreteras del Estado en Castilla-La Mancha—, pero lo hará compatible con una profunda recuperación patrimonial. Se renovarán todas las instalaciones y se mejorarán la estructura, las cubiertas, las fachadas y las carpinterías, siempre bajo criterios de sostenibilidad y eficiencia energética.
El plazo para presentar ofertas estará abierto hasta el 2 de marzo de 2026 y las obras tendrán una duración estimada de 30 meses, con finalización prevista en 2029. Se trata de una intervención pausada y minuciosa, acorde a la relevancia del edificio y a la necesidad de respetar cada detalle arquitectónico. El objetivo es que el Palacio del Marqués de Malpica no sea solo un inmueble rehabilitado, sino un espacio reinterpretado, capaz de dialogar con su entorno islámico, renacentista y contemporáneo. Un lugar donde la historia siga viva y donde Toledo continúe contando sus historias a través de la piedra, la luz y el arte.