La noche anterior a una fuerte tormenta que azotó varias zonas del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA, un grupo de rescatistas recibió una alerta sobre un animal que había sido atacado por otros perros y se encontraba refugiado debajo de una camioneta en la localidad de Dock Sud (Avellaneda).
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Catalina, una perra labrador adulta, estaba inmóvil, jadeando y cubierta de golpes y mordeduras. La zona en la que se encontraba solía inundarse con facilidad, lo que habría puesto en riesgo su vida.
Justo a tiempo
El aviso de los vecinos permitió que un grupo de amigos comprometidos con el rescate de animales llegara a tiempo para salvarla. Carina, una de las rescatistas, explicó que la colaboración fue crucial. “Llegamos justo a tiempo antes de que empezara a llover y pudimos actuar de inmediato”, comentó al medio La Razón.
“La zona donde la encontramos se inunda con facilidad y la perra hubiera muerto ahogada si no la sacábamos de ahí”, insistió la rescatista. Con sumo cuidado, Cecilia y Alejandro (de Cuchitas Dock Sud), junto a Miguel (de Pichyloshogar Perruno), colocaron un lazo en el cuello de Catalina y la extrajeron de su refugio improvisado.
Tras acomodarla sobre una hamaca improvisada, la perra fue trasladada de inmediato a una clínica veterinaria para recibir atención médica.
“Su corazón latía más lento de lo normal”
Los resultados de los estudios médicos fueron alarmantes. Catalina presentaba daño hepático, distensión abdominal por acumulación de líquido, agrandamiento del hígado y el bazo, y bradicardia sinusal: “Su corazón late más lento de lo normal”, detalló Carina.
Los médicos también notaron que Catalina tenía alrededor de diez años, aunque su estado físico mostraba signos de un mayor desgaste. “Estamos seguros de que Catalina tuvo casa: está castrada y su mirada por momentos está perdida o busca la figura de un hombre”, señaló la rescatista.
“Cuando la encontramos estaba muy sucia, con las uñas extremadamente largas y el cuadro que confirmó el veterinario”, añadió Carina, destacando que la perra fue abandonada a su suerte.
Una nueva oportunidad
El rescate de Catalina se convirtió en un esfuerzo colectivo. Carina, al no encontrar un hogar temporal adecuado, decidió abrir las puertas de su propia casa. En la entrada, improvisó una cama para que la perra pudiera descansar, abrigada y alimentada, lejos de los peligros de la calle y las inclemencias meteorológicas.
“Como los refugios están colapsados, mi casa se convirtió en un refugio de animales: ya no hay dónde llevarlos y la calle no es lugar para nadie”, subrayó. Carina.
Cada día, Cecilia se encarga de administrarle la medicación, cambiar las mantas de la cama y asegurarse de que no le falte nada durante las ausencias de Carina. Maru, otra amiga de la causa, le lleva calabaza y pollo para una dieta saludable, mientras que Adriana, la madrina de Catalina, visita con frecuencia y contribuye con lo que sea necesario.
Además, Claudia, responsable del refugio Vagabundos Parque Patricios, dona el alimento hepático necesario para el tratamiento de la perra.
Un mes después
Un mes después del rescate, Catalina lleva una vida digna. Realiza paseos cortos a diario, recibe atención médica, y está rodeada de afecto. La intervención de los vecinos, la dedicación de los rescatistas y la colaboración de voluntarios y donantes han permitido que Catalina encuentre un hogar seguro en sus últimos años.