“¿Por qué no te vas a otro sitio?”: una camarera niega la entrada a un ciego por ir con su perro guía y acaba interviniendo la Policía

Este caso, compartido por el propio protagonista, muestra una vez más las discriminaciones a las que las personas con discapacidad visual se tienen que enfrentar

Una persona con su perro lazarillo. (Adobe Stock(

Las personas con discapacidad visual tienen que enfrentar discriminaciones significativas en diversos ámbitos de su vida diaria. Tal y como recoge el estudio Percepción de la vulneración de los derechos de las personas con discapacidad visual publicado en la revista de la ONCE, la mayoría de los encuestados (59,9%) ha experimentado discriminación al menos una vez en su vida debido a su discapacidad visual. Un porcentaje que asciende hasta el 67,2% si se consideran los casos de exclusión en ámbitos como el educativo, laboral y de salud.

Asimismo, son víctimas de barreras sociales que limitan su capacidad para realizar actividades diarias, por ejemplo: dificultades en la movilidad, acceso al transporte público y espacios culturales. Un problema que se incrementa cuando van acompañados de un perro guía. A pesar de que el sector hostelero tenga la obligación de dejar pasar a las personas ciegas con su lazarillo, parece ser que todos los establecimientos no están dispuestos a cumplir con la normativa, tal y como le ha ocurrido a un Jonatan Armengol en Sant Boi del Llobregat.

¿Tú sabes lo que es el derecho de admisión?

Para todas las Comunidades Autónomas, el derecho de acceso, como se detalla en la página web de Perros Guía ONCE, tiene un sentido común: el derecho del usuario del animal de “acceder, permanecer y deambular en compañía del mismo en cualquier espacio, lugar, establecimiento o transporte público, con independencia de su titularidad pública o privada”. Es decir, que en un bar no te pueden negar la entrada si vas con tu lazarillo. O, al menos, eso pensaba este ciudadano, al que desde la barra del bar, el camarero le aseguró que no podía dejarlo entrar.

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Ante esta afirmación errónea, él contestó: “¿Tú sabes lo que es el derecho de admisión? Es un perro guía, la ley dice que puede estar aquí”. Sin embargo, el empleado no se lo creía y decidió llamar a su compañera. La actitud de ella no fue diferente: “No puedo dejarlo entrar”. Su argumento no era muy firme: “Yo hago comida y no puedo hacerlo con él”.

Ayudas económicas por tener un menor a cargo con un grado de discapacidad igual o superior al 33%.

“Si yo llamo a la policía te voy a poner una denuncia”

Ante la negativa de ambos de dejarle entrar, el cliente les invitó a llamar la policía y comunicarles que había una persona ciega a la que no dejaban pasar. “Si llamo yo a la policía, te voy a poner una denuncia”, le advirtió. “Pero fuera tienes una mesa”, comentó la camarera. El chico harto de esta cabezonería y discriminación, insistió en contactar con las autoridades. De nuevo la propietaria atacaba: “Mételo en la cocina también”.

“¿Tú sabes que aunque no seas nacida en España tienes que conocer las leyes si tienes un restaurante, verdad? ¿Y sabes que las tienes que cumplir?”, continuó argumentando. La dueña sólo le invitó a abandonar su local en todo momento: “¿Por qué no entras en otro sitio? Hay muchos sitios, ahí abajo también tienes”. Tras esta disputa, en la que él se negaba rotundamente a irse del restaurante y los trabajadores a que se quedara, intervino la policía para poner fin a esta situación.

Este caso, compartido por el propio protagonista, nos muestra una vez más las continuas discriminaciones a las que las personas con discapacidad visual se tienen que enfrentar a diario.

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