Lily Collins, reconocida internacionalmente por su papel en Emily en París, atraviesa una etapa de profundas transformaciones personales y profesionales. A sus 36 años, la actriz británica se sitúa en el centro de atención tras el nacimiento de su hija y el inminente lanzamiento de la quinta temporada de la serie.
En una conversación exclusiva con Elle España, Collins explicó cómo la maternidad, su relación de pareja y la influencia materna remodelaron su visión del mundo.
La huella de “Emily en París” y el valor de la autenticidad
El fenómeno de Emily en París dejó una marca indeleble en la carrera de Collins. “Cambió mi vida por muchas razones. Participar en un proyecto tan alegre, que genera sonrisas, es un privilegio y un reto luego de cinco temporadas”, sostuvo la actriz.
Collins resaltó el desafío de interpretar a un personaje en constante evolución: “Aprendí mucho encarnando a Emily en distintas etapas; ella crece y yo lo hago junto a ella”. Además, subrayó la importancia del rodaje en Europa y la amistad con Ashley Park como “dos acontecimientos que me transformaron”.
La moda como lenguaje y vínculo familiar
La moda ocupa un lugar especial tanto en la vida de Collins como en la narrativa de la serie. “Siempre me interesó, porque es una forma genuina de expresar y experimentar. Los diseñadores cuentan historias a través de la ropa; eso es arte y lenguaje”, explicó.
Collins recordó la experiencia de elegir su vestido de novia, diseñado por Ralph Lauren: “Buscaba la mezcla entre un cuento de hadas británico y un western americano. Cuando añadieron la capucha, fue impactante. Estuve involucrada en todo, desde el concepto hasta el encaje”.
Maternidad y el rechazo a la perfección
La llegada de su hija, Tove Jane, transformó la perspectiva y prioridades de Collins. Reconoció que la maternidad le enseñó a valorar el presente y a dejar atrás la exigencia de perfección: “Lo fundamental es estar presente para mi familia y para mi trabajo. La perfección no cuenta, no importa. ¿Qué es la perfección? Es inalcanzable. Nunca le diría a mi hija que la persiga; esto me lo recuerdo cada día”.
Collins habló sobre las nuevas rutinas, el aprendizaje constante y el profundo amor que siente: “Cada día es único. Siento una gratitud enorme y un amor absoluto por mi hija. Al crecer, la conexión se fortalece; el amor se multiplica”.
El cansancio y el sentido de la presencia
Collins otorgó un significado especial al cansancio de la maternidad. “Siempre fui enérgica y perseverante, pero ahora priorizo el descanso para evitar el agotamiento constante. La extenuación es fruto de algo mágico: si llegaba cansada al set, era porque dedicaba la mañana a mi hija. Ese tiempo es valioso; estar presente en su vida me aporta plenitud”.
Influencia familiar y el arte de la autoaceptación
La familia y, sobre todo, su madre influyeron en la identidad y el estilo de Collins. Desde pequeña, admiraba las piezas vintage maternas. También evocó su primer trabajo como periodista en Elle, etapa que afianzó su vínculo con la comunicación y la autoexpresión.
En su reflexión sobre la perfección, Collins fue contundente: “De joven buscaba alcanzar mi idea de perfección, pero al acercarme, renuncié a esa postura. Algunas de las mejores cosas de la vida ocurren en medio del caos”. Instó a aprender del desorden y a reconocerlo como fuente de grandes lecciones.
Un mensaje de autenticidad para su hija y las nuevas generaciones
Collins desea que su hija encuentre seguridad y autenticidad en la comunicación: “Que no tema expresar sus sentimientos; nadie está solo. Verbalizar lo que nos preocupa resulta liberador y ayuda a superar obstáculos”.
En su charla con Elle España, Collins dejó en claro su mayor deseo: que su hija halle en la comunicación una vía para la seguridad y la autenticidad, y así abra un camino de confianza y autoaceptación para las próximas generaciones.