La escalada en el precio del petróleo y el conflicto en Oriente Medio han tenido efectos inmediatos en Centroamérica, donde las tasas de interés y el costo de la vida muestran variaciones notables, según detalló una nota de la agencia EFE.
Panamá, con una economía dolarizada y sin banco central, exhibe tasas hipotecarias que rondan el 6.5 %, créditos personales entre el 9 % y el 11.5 %, y tarjetas de crédito con tasas de entre el 18 % y el 22 %.
El precio del combustible ya superó los USD 4 por galón, cita EFE, lo que presiona los bolsillos de los consumidores y encarece el transporte. El Fondo Monetario Internacional estima que la inflación panameña se ubicará en torno al 2 % este año.
Costa Rica decidió mantener su tasa de referencia en el 3.25 %, pese a acumular 36 meses consecutivos de inflación negativa. No obstante, el aumento de precios en materias primas y energéticos amenaza con modificar este escenario.
En Guatemala, la autoridad monetaria congeló la tasa en 3.50 % tras varios recortes desde el 5 % durante 2024. La inflación se ubica en 1.56 %, con proyecciones de crecimiento económico que podrían alcanzar el 5.1 % para 2026.
El Banco Central de Honduras mantuvo su tasa en 5.75 % desde octubre de 2024. Las previsiones de crecimiento oscilan entre el 3.5 % y el 4 %, aunque la volatilidad internacional podría alterar estos pronósticos.
El Salvador, con economía también dolarizada, sostiene una tasa de interés del 4.60 % para depósitos a 180 días, lo que limita su margen de respuesta ante choques externos.
Contrastes y respuestas en Sudamérica y México
El resto de Latinoamérica refleja también el impacto de la crisis energética y geopolítica, acompañado de reacciones divergentes por parte de los bancos centrales.
Brasil inició una flexibilización monetaria, con un recorte de 25 puntos básicos que dejó la tasa en 14.75 %. El Banco Central elevó su previsión de inflación para 2026 al 3.9 %, haciendo referencia a “el encarecimiento de combustibles y fertilizantes”. La entidad avisó que futuros recortes dependerán de la evolución internacional de materias primas y expectativas de inflación.
En México, la autoridad monetaria redujo la tasa en 25 puntos básicos, situándola en 6.75 %. La resolución fue dividida, debido a proyecciones inflacionarias al alza y la incertidumbre sobre la política económica de Estados Unidos. El banco central advirtió que “el contexto externo podría presionar los precios internos y condicionar próximos movimientos”.
El Banco Central de Colombia decidió endurecer su situación al elevar la tasa del 10.25 % al 11.25 %. La institución respondió así al repunte inflacionario, que registró 5,4 % en enero y 5.3 % en febrero. Destacó el efecto mixto de la guerra en Oriente Medio: incrementos fiscales por el petróleo junto con presión inflacionaria resultante del aumento de insumos críticos.
El Banco Central de Reserva del Perú mantuvo su tasa en 4.25 % por séptimo mes consecutivo, buscando preservar la inflación en torno al 2 %. Esta estrategia aportó relativa estabilidad en los precios, pero persisten riesgos por la volatilidad cambiaria, especialmente durante un año electoral y con el petróleo al alza.
En Chile, la tasa referencial se mantuvo en 4.5 %. Las autoridades advirtieron sobre expectativas de inflación a corto plazo próximas al 4 % anual en el segundo trimestre.
Los datos del primer trimestre de 2026 muestran que las decisiones monetarias en la región responden a factores internos y a un entorno internacional influido por la guerra y la volatilidad.
El encarecimiento de los energéticos y la incertidumbre global continúan condicionando los márgenes de maniobra de América Latina, que ajusta sus políticas en busca de un equilibrio entre crecimiento económico y control de la inflación.