El miércoles, más de treinta incendios se reportaron en diferentes puntos del territorio de El Salvador, mientras el país permanece bajo alerta amarilla por el incremento inusual de siniestros, que se elevaron un 65% en los dos primeros meses de 2026 respecto al mismo periodo del año pasado. Las autoridades atribuyen este fenómeno a la responsabilidad humana y advierten posibles sanciones para quienes provoquen quemas intencionales.
El Sistema de Protección Civil debió responder a más de treinta alertas solo en la jornada del miércoles. Según el informe oficial, los incidentes incluyeron treinta incendios en maleza, dos incendios forestales, al menos dos emergencias estructurales, uno en un basurero y un automóvil en llamas tras un desperfecto mecánico.
A última hora del día, las autoridades trabajaban de forma coordinada para combatir dieciséis focos activos en distintos sectores. Protección Civil repitió el llamado a la prudencia, recordando que la alerta amarilla sigue activa desde el 31 de enero por el auge de emergencias.
Cifras récord y tendencia alarmante
El director del Cuerpo de Bomberos, Baltazar Solano, previamente enfatizó que los incendios forestales han sido los más difíciles de contener, con un crecimiento del 233% respecto al año anterior.
Solano afirmó que “en la mayoría de los casos la responsabilidad recae en la acción humana”, precisando: “Estos hechos no son provocados por el viento u otros factores naturales, sino por conductas intencionales o descuidos que terminan generando graves consecuencias”.
De acuerdo con estadísticas suministradas por el Cuerpo de Bomberos, durante el mes y medio analizado en 2026, El Salvador contabilizó 1,378 incendios, lo que implica 544 más que los 834 reportados en el mismo intervalo el año anterior. “Tenemos estadísticas disparadas en relación al año pasado”, evaluó Solano durante una entrevista en una radio local.
El aumento más marcado se da en los incendios forestales: se registraron cincuenta frente a quince del año anterior entre el 1 de enero y el 16 de febrero.
Esto representa un crecimiento del 233% en esta categoría. Los expertos advierten que las quemas incontroladas en zonas boscosas son las más perjudiciales por sus secuelas ambientales y por el peligro para comunidades y fauna local.
El Salvador vivió recientemente tragedias por incendios de gran magnitud. Uno de los casos más graves ocurrió en la Octava Calle Oriente, donde un incendio en la madrugada cobró la vida de cinco personas y obligó a evacuar decenas de familias. Participaron más de cincuenta bomberos, que acudieron al lugar en menos de seis minutos tras recibir la alerta.
A esto se suma la afectación en comercios de frutas y verduras del sector de la 3ª avenida sur, Mega Plaza y Sonsonate Centro. Este reciente desastre fue la segunda emergencia similar registrada en el mercado, en lo que va del año.
Durante la noche del miércoles, equipos de emergencia trabajaban para sofocar un incendio forestal en el volcán Chaparrastique, en el departamento de San Miguel, lo que requería el despliegue de recursos adicionales y vigilancia especial por su potencial de propagación.
Prevención, causas y recomendaciones de las autoridades
El análisis oficial señala que el factor humano es responsable en la mayoría de los casos. Descuido con colillas de cigarro, fogatas, quemas agrícolas no controladas o quemas en basureros suelen estar en el origen de los incidentes.
El llamado de las autoridades a la sociedad incluye lo siguiente: informar de inmediato sobre cualquier conato de incendio; abstenerse de hacer fogatas en áreas forestales y naturales; no arrojar colillas encendidas ni quemar basura; a los agricultores, evitar la quema de rastrojo, cañales o maleza especialmente mientras persistan los vientos acelerados.
Además, las normativas vigentes establecen que quienes sean detectados provocando incendios de manera premeditada y sin causa justificada enfrentarán las consecuencias legales correspondientes.
El régimen de alerta amarilla, activo desde el 31 de enero, continúa hasta nuevo aviso. La intensidad del fenómeno llevó a intensificar la prevención y la respuesta operativa en todo el país, con particular atención a las zonas de mayor riesgo por vegetación o densidad poblacional.