Aprender a leer y escribir abre las puertas al mundo. Bajo esa premisa se desarrolló el 2º Congreso de Educación de Tres de Febrero, un encuentro realizado el 26 de septiembre que reunió a docentes, directivos, especialistas, equipos de gestión e investigadores en el Cine Teatro Paramount para poner en común preguntas y respuestas posibles sobre la alfabetización, la construcción de datos y la integración de las tecnologías.
El inicio de la jornada contó con las palabras del intendente Rodrigo Aybar y de la Secretaria de Capital Humano, Daniela R. Valenzuela, quienes brindaron la bienvenida y enfatizaron la importancia de generar políticas y espacios de diálogo que acompañen a las escuelas frente a los desafíos pedagógicos actuales.
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A lo largo de la jornada, el lema «Investigar e innovar: desafíos para la educación» cobró cuerpo a través de miradas diversas pero complementarias. Se debatió cómo traducir la investigación científica y la evidencia en transformaciones concretas para el trabajo diario, con especial foco en la Alfabetización, primera infancia y los apoyos escolares. También se compartieron experiencias reales en el territorio: programas de alfabetización inicial, detección temprana de dificultades y el valor de acompañar las trayectorias de cada estudiante desde sus primeros pasos. Hacia el cierre, la conferencia magistral de la Dra. Valeria Abusamra profundizó en la comprensión lectora desde una perspectiva cognitiva, recordándonos que decodificar palabras es solo el punto de partida hacia el pensamiento crítico y la autonomía.
En el congreso tuve la oportunidad de participar en el panel sobre «Tecnologías Educativas e Inteligencia Artificial en el Aula», junto a Iván Petrella y Valeria Torreblanca, con la moderación de Alejandra Guerrero. Allí conversamos sobre el impacto que estas herramientas tienen en la enseñanza y el aprendizaje.
Durante el panel compartí la experiencia de «¡A leer en vivo!», una propuesta de Ticmas concebida desde el juego y la motivación, cuyo propósito es mejorar la comprensión lectora de estudiantes de 3.º a 6.º grado de primaria, fortaleciendo la fluidez y la reflexión a través de una aplicación adaptativa y dinámica. En este programa, los chicos asumen el rol de streamers: seleccionan temáticas de su interés, leen en voz alta, responden preguntas de comprensión formuladas por sus «seguidores» y reciben retroalimentación inmediata. Al mismo tiempo, los docentes acceden a métricas claras de fluidez y comprensión que facilitan intervenciones pedagógicas oportunas.
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En este desarrollo, la inteligencia artificial se integra a partir de criterios y una arquitectura definida por docentes y especialistas.Podríamos dejar que una IA genere todo, ¡pero elegimos no hacerlo! Funciona como un medio: evalúa la lectura comparando el audio con el texto para relevar métricas de velocidad y precisión pre establecidas, propone guiones según los intereses de los estudiantes y sugiere actividades didácticas contextualizadas para acompañar la tarea docente.
El eje central de nuestro diálogo fue una advertencia necesaria: la tecnología no reemplaza el criterio docente ni la curaduría humana. Si dejamos que los algoritmos produzcan la totalidad de las lecturas y actividades, correríamos el riesgo de homogeneizar el pensamiento, reproducir sesgos y desdibujar la identidad cultural y local. La IA puede iterar y sugerir, pero los equipos pedagógicos somos quienes seleccionamos los textos con valor literario, establecemos principios para resguardar los datos como un bien público y tomamos las decisiones de enseñanza en función de cada contexto.
Uno de los puntos que resonó durante el intercambio fue una premisa que hoy nos interpela como familias, escuelas y Estado: en tiempos de inteligencia artificial, la hoja en blanco dejó de existir. Cualquier docente o estudiante puede presionar un botón y obtener una planificación, una respuesta, un resumen o una redacción en segundos. Frente a ese escenario, la pregunta pedagógica no es cómo prohibir la tecnología, sino qué tipo de propuestas diseñamos en el aula para promover verdaderos desafíos cognitivos. ¿Cómo enseñamos a interrogar lo que las aplicaciones producen, a dudar, a contrastar y a profundizar?
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El congreso dejó una mirada compartida: la innovación cobra sentido cuando se apoya en la investigación, cuando pone el foco en la alfabetización y el desarrollo integral, y cuando sitúa a la tecnología como una aliada para enriquecer las preguntas, ampliar las propuestas de enseñanza y abrir nuevos modos de conocer el mundo.
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