¡Excelente! ¡Qué gran idea! ¡Muy buena perspectiva! Son solo algunas de las expresiones que suelen repetirse hasta el cansancio en las interacciones con los chatbots de inteligencia artificial generativa. Incluso cuando el pedido es tan simple como ¿Qué puedo desayunar hoy?
Más allá de que uno pueda moldear al algoritmo para evitar la obsecuencia; en general la IA generativa no suele poner muchas piedras en el camino de quienes interactúan con ella.
De acuerdo al estudio realizado en adultos y publicado en marzo de 2026 la tendencia excesiva de los chatbots de IA a halagar a los usuarios puede hacer que las personas se convenzan de tener más razón de la que deberían, que estén poco dispuestas a considerar las perspectivas de los demás. Y que estén menos dispuestas a reparar las relaciones y comunicarse con otras personas luego de un desacuerdo.
Adular esa es la tarea
¿Por qué importan estos hallazgos? En un mundo donde cada vez más adolescentes y jóvenes hacen de la IA un compañero de aprendizaje, la adulación se vuelve un tema de interés y reflexión entre docentes y referentes del mundo académico. De acuerdo a cifras de Unicef Argentina (2025): “Más de la mitad de las chicas y los chicos usa Inteligencia artificial: dos de cada tres, con fines escolares”.
Una encuesta de Impact Research (2025) en Estados Unidos indica que casi el 40% de estudiantes de secundaria y el 50% de universitarios utilizan IA sin autorización para la resolución de tareas educativas.
Acostumbrarse a la falta de desafío a la hora de hacer preguntas pone en evidencia una realidad incómoda: estudiantes que no aprenden a respetar las perspectivas de los demás ni a debatir. Y docentes que deben lidiar con la alfabetización digital, el desarrollo del pensamiento crítico, la empatía y la resolución de conflictos; más allá de la adquisición de saberes.
Un círculo vicioso
Si bien la IA es una herramienta que puede convertirse en un gran compañero de ruta para resolver ciertas cuestiones en diversos ámbitos, incluido el educativo; la falta de guía puede transformarla en lo que suele llamarse “un arma de doble filo”.
El estudio publicado en Science indica que “La IA aduladora disminuye las intenciones prosociales y promueve la dependencia.” y agrega: “Incluso una sola interacción con una IA servil puede distorsionar el juicio y erosionar las motivaciones prosociales.”
En la introducción de la investigación lidera por se plantea: “Si bien estudios previos han demostrado que la adulación conlleva riesgos para grupos que ya son vulnerables a la manipulación o el engaño, sus efectos en los juicios y comportamientos de la población general siguen siendo desconocidos. En este trabajo, demostramos que la adulación está muy extendida en los principales sistemas de IA y tiene efectos perjudiciales en los juicios sociales de los usuarios.”
Y señalan: “En 11 modelos de IA, la IA confirmó las acciones de los usuarios un 49 % más a menudo que los humanos en promedio, incluso en casos que involucran engaño, ilegalidad u otros daños. En publicaciones de r/AmITheAsshole (Reddit), los sistemas de IA confirman a los usuarios en el 51 % de los casos donde el consenso humano no lo hace (0 %).”
Comunicación y razón
“En nuestros experimentos con humanos [adultos], incluso una sola interacción con una IA aduladora redujo la disposición de los participantes a asumir responsabilidades y resolver conflictos interpersonales, al tiempo que aumentó su propia convicción de que tenían razón. Sin embargo, a pesar de distorsionar el juicio, los modelos aduladores fueron confiables y preferidos.”, subrayan los investigadores de la Universidad de Standford.
Y agregan: “Todos estos efectos persistieron al controlar rasgos individuales como datos demográficos y familiaridad previa con la IA; fuente de respuesta percibida; y estilo de respuesta. Esto crea incentivos perversos para que la adulación persista: la misma característica que causa daño también impulsa la participación.”
Este estudio puso en evidencia, una vez más, la importancia de la guía sobre el uso de la IA en el aprendizaje y en contextos educativos; especialmente entre los más jóvenes donde aprender muchas veces implica enfrentarse a preguntas que pueden incomodar más que adular.