La edición de agosto del Boletín Informativo Techint, una publicación de perfil académico que el más grande grupo industrial del país sostiene hace varias décadas, incluye un importante estudio sobre la actual situación y alternativas de la economía argentina.
En él, dos economistas de neto perfil pro-industrial plantean la necesidad de “transformar la urgencia en oportunidad” pivoteando sobre la base industrial diversificada y las capacidades productivas con que ya cuenta el país. Y lo hacen a partir de un severo diagnóstico. Argentina, afirman, atraviesa una encrucijada después de más de una década de estancamiento y volatilidad macroeconómica que “ha erosionado los incentivos a la inversión, debilitado el empleo formal y fragmentado la estructura productiva”.
Pese a todo, plantean Diego Coatz, actual director ejecutivo de I+D (Industria y Desarrollo) y ex economista jefe y de la Unión Industrial Argentina (UIA), y Bernardo Kosacoff, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato di Tella y ex director para la Argentina de la Comisión Económica de América Latina (Cepal), el país tiene recursos para revertir esa tendencia.
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“Contar con una estructura industrial diversificada es un privilegio estratégico que pocos países en desarrollo poseen con la profundidad vigente en la Argentina, caracterizara por una industria densa y diversificada, con capacidades significativas en numerosos sectores”. Eso, enfatizan, “representa una base concreta para recuperar las fuentes de crecimiento, condición necesaria para dar sustentabilidad a la consistencia macroeconómica”.
El peso de la industria
El sector fabril, precisan, “representa el 19% del Valor Agregado Bruto, el 19% del empleo y más del 22% del total de la masa salarial, atento al mayor nivel de remuneraciones y de empleo formal; pesa el 27% en la recaudación de impuestos y concentra 54% de los gastos de Investigación y Desarrollo del sector privado.”
Un gráfico del estudio muestra que la cantidad de empresas industriales cayó en 6.517 unidades (11%) respecto de 2011 y que el empleo industrial retrocedió en 150.245 puestos de trabajo desde 2013.
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La industria es vista como un pivote para el cambio estructural debido a su capacidad de generar empleo formal, divisas, innovación y cadenas productivas. Además, Techint insiste en que el desarrollo económico resulta de procesos acumulativos de aprendizaje que requieren coordinar estabilidad macroeconómica y políticas micro y sistémicas.
El estudio describe la “fragmentación productiva del país, expresada en la existencia de “tres Argentinas” en materia productiva:
- Un núcleo moderno exportador, cercano a la frontera internacional.
- Un sector intermedio, orientado al mercado interno y con capacidades valiosas, pero rezagado tecnológicamente.
- Un sector informal de baja productividad, que crece y profundiza la fragmentación social.
Esa fragmentación es un déficit social y a la vez un obstáculo para la estabilidad económica, pues impide la difusión de aprendizajes desde los sectores más avanzados hacia el resto del sistema productivo, problema que -prosiguen- las recientes políticas recientes no revirtieron.
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Es necesario superar el falso dilema entre apertura indiscriminada y protección ineficiente
“Es necesario superar el falso dilema entre apertura indiscriminada y protección ineficiente”, dice el documento. Y resalta que la Argentina cuenta con recursos científicos, tecnológicos y empresariales relevantes, pero debe integrarlos mejor.
Oportunidades y desafíos
Techint identifica oportunidades estratégicas en sectores como energía (Vaca Muerta), minería (litio y cobre), agroindustria y la bioeconomía. Pero agrega que la Argentina no debe limitarse a exportar recursos primarios, sino desarrollar encadenamientos de mayor complejidad y contenido tecnológico.
Por caso, destaca el estudio, el país tiene activos relevantes en sectores tradicionales (alimentos, metalmecánica, automotriz), pero también en áreas de alta sofisticación tecnológica (farmacéutica, biotecnología, nuclear, satelital y energía). Consolidar esos sectores, subraya, permitiría equilibrar la balanza comercial y desplazar la frontera tecnológica.
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Los impuestos explican casi el 40% del precio final de los bienes metalúrgicos producidos en la Argentina, siendo en promedio 5,2 puntos porcentuales mayor que en Brasil y 10,6 puntos mayor que en México
Sin embargo, la competitividad de la industria argentina no depende solo de la eficiencia interna de las empresas. Al respecto el estudio apunta contra “factores sistémicos como la carga tributaria, logística, energía, financiamiento e infraestructura”. Y precisa que la presión fiscal sobre el sector formal llega casi al 50% en algunos sectores.
“Los impuestos explican casi el 40% del precio final de los bienes metalúrgicos producidos en la Argentina, siendo en promedio 5,2 puntos porcentuales mayor que en Brasil y 10,6 puntos mayor que en México. Asimismo, en promedio, alrededor de un tercio de la carga impositiva corresponde a tributos considerados ‘distorsivos’, como el impuesto a los débitos y créditos bancarios y el impuesto sobre los ingresos brutos, entre otros.
El estudio denuncia una red de transporte desequilibrada. En Argentina 91% de la carga se mueve por camión y solo 5% por ferrocarril. En EEUU este explica el 30% del transporte de mercancías
Este cuadro se agrava por un déficit de infraestructura que incrementa los costos logísticos en un 43% respecto del promedio regional. Ello responde, en parte, a una matriz de transporte desequilibrada, en la que el 91% de la carga se mueve por camión y apenas el 5% por ferrocarril, en marcado contraste con países competidores como Estados Unidos, donde el tren explica el 30% del transporte de mercancías”, dice un pasaje.
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Vaca Muerta y el costo de la energía
El estudio de Techint también cita el costo de la energía y el subdesarrollo financiero como cuellos de botella. Dice al respecto: “A pesar del extraordinario potencial de Vaca Muerta, todavía el costo de la energía eléctrica industrial duplica hoy al de Estados Unidos, a esto se suma la falta de profundidad del sistema financiero y el mercado de capitales, donde el crédito al sector privado representa apenas el 12-14% del PBI frente a niveles del 72% en Brasil o el 109% en Chile”.
El subdesarrollo financiero, explica el documento, limita la capacidad de evaluar proyectos y canalizar ahorro hacia inversiones de mayor riesgo, lo que tiende a reemplazar el análisis de retornos esperados por esquemas basados casi exclusivamente en garantías reales”, crítica que sobresale en momentos en que la morosidad del crédito a familias y empresas y las altas tasas de los sectores bancario y extrabancario (en particular, las Fintech) aparecen como un problema central.
Coatz y Kosacoff plantean una agenda de productividad interna basada en la digitalización, la IA y la sustentabilidad. El potencial de elevar la productividad laboral es importante, dicen, pero su impacto depende de la capacidad de las empresas para reorganizar procesos y formar talento. Al respecto, advierten una debilidad: la baja inversión nacional en Investigación y Desarrollo (I+D). Y afirman: “Argentina registra una I+D de apenas el 0,5% del PBI, cifra que representa una fracción del esfuerzo de las potencias industriales. Además, el sector público ejecuta cerca del 70% del gasto, mientras que la inversión privada apenas alcanza el 30%, relación que se invierte en las economías desarrolladas”.
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El Shock chino
El estudio plantea también el problema que representa la competencia desleal de China, tema abordado en los dos últimos seminarios anuales de Techint, en 2024 y 2025 (en el que expuso Robert Lighthizer, un ex asesor de Donald Trump) y que seguramente volverá a aparecer en la edición 2026, el 27 de agosto.
En el evento expondrán como invitados internacionales Ricardo Hausmann, fundador y director del “Laboratorio de Crecimiento” de la Universidad de Harvard, y Leland Miller, miembro de la Comisión EEUU-China de Revisión de Seguridad y CEO del China Beige Book, una iniciativa de seguimiento de las políticas del gigante asiático. Miller expondrá concretamente sobre el nuevo “Shock Chino”, la experiencia de Estados Unidos al respecto y las “lecciones para la Argentina”.
La publicación de Techint adelanta que el fenómeno más reciente, conocido como “China Shock 2” se caracteriza por “subsidios masivos, dumping y precios predatorios que distorsionan la competencia global. El impacto de la sobrecapacidad industrial china, combinada con prácticas de dumping, ha llevado a un crecimiento sostenido de las medidas antidumping en todo el mundo, como muestran dos gráficos del estudio, que precisan el abrumador crecimiento y peso de la industria china en el mundo y la concentración de las demandas antidumping planteadas contra el gigante asiático, que crecieron de 22% del total entre 1995 y 1998 a 39% entre 2023 y 2025.
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Al respecto, el estudio aconseja que Argentina despliegue una política externa pragmática y negocie acuerdos que prioricen el acceso a mercados y la estabilidad regulatoria, pero “sin caer en la ingenuidad frente al proteccionismo sofisticado y las prácticas desleales”.
Luces y sombras del RIGI
En cuanto a “políticas industriales” hace una combinación de elogio y reproche al Régimen de Inversión para las Grandes Inversiones (RIGI), la principal herramienta en ese sentido del gobierno de Javier Milei.
Así dice un extenso pasaje al respecto: “La creación del RIGI y su posterior ampliación al denominado ‘Súper RIGI’ constituye un reconocimiento implícito de que, aun en un esquema de orientación promercado, la concreción de grandes inversiones requiere una activa intervención pública para reducir incertidumbre, mejorar la previsibilidad y modificar la ecuación de rentabilidad de proyectos intensivos en capital y de largo período de maduración. La magnitud de los incentivos fiscales, cambiarios y regulatorios otorgados revela que, en ausencia de estos instrumentos, muchas de esas inversiones probablemente no se realizarían. Al mismo tiempo, el régimen pone en evidencia una importante asimetría: mientras los grandes proyectos estratégicos reciben un conjunto excepcional de beneficios, la enorme mayoría de las empresas argentinas —especialmente las manufactureras, las pequeñas y medianas empresas y los proyectos de menor escala— continúa enfrentando elevados costos financieros, alta presión tributaria, incertidumbre macroeconómica y restricciones regulatorias similares a las existentes antes del RIGI”.
Techint sostiene que el desarrollo no depende sólo de grandes inversiones, sino de un entorno que difunda a toda la economía y preserve y multiplique capacidades industriales, tecnológicas y empresariales y articule recursos naturales con valor agregado. En diversos recuadros, plantea la necesidad de políticas para sectores estratégicos (energía, minería, agroindustria, bioeconomía, industria del conocimiento, servicios basados en conocimiento y manufacturas tradicionales) y para la inclusión de los sectores informales.
La industria argentina del siglo XXI, concluye, será la capacidad de convertir recursos en empleo formal, exportaciones y progreso social mediante una política industrial moderna, abierta pero no ingenua frente a la competencia internacional y el nuevo proteccionismo, y que apueste a la productividad, la innovación y la integración.
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