Aunque sorprendió por su contundencia, el dato de inflación negativa de Brasil, que alcanzó niveles mínimos en los últimos tres años -es decir, antes de la guerra en Ucrania y también de la pandemia- se inscribió en la dinámica que muestra la evolución de los precios en todos los países de la región. Menos en la Argentina, claro. Igual que en Brasil, donde los precios cayeron 0,08%, también en Uruguay se registró el mes pasado deflación (-0,48%) al tiempo que en Chile la retracción de precios fue de -0,2 por ciento. Esos guarismos hacen que los niveles de inflación interanual en cada uno de los países se consolide a la baja a una velocidad incluso mayor a la prevista.
En cualquier caso, se trata de una muestra de los resultados de políticas monetarias severas, centras en altas tasas de interés, para enfrentar las consecuencias de la emisión de moneda por la pandemia en primer lugar y luego para absorber el shock en los precios de la energía y los alimentos por la guerra después. En el caso de la Argentina, donde esos efectos también se sintieron con fuerza, los resultados de la política monetaria distaron de los que se constatan en el resto de la región. De hecho, mientras los países vecinos anuncian registros de deflación, en las próximas horas se conocerá el IPC del INDEC del mes pasado, que en el propio Gobierno anticipan se ubica entre 6% y 7%, lo que es un “alivio” ya que sería un registro inferior al de mayo.
En el resto de la región, en cambio, el debate ya entró en una nueva etapa. “Las sorpresas a la baja de la inflación en junio todavía estaban contenidas en su mayoría dentro de los componentes no subyacentes mientras que la inflación subyacente (o core) se moderó con bastante lentitud”, sostuvo un informe reciente del departamento de Research del Société Generale. “No obstante, la desaceleración de la inflación ha llegado a la etapa en algunos países en el que es probable que algunos bancos centrales comiencen un ciclo de flexibilización inmediatamente”, sostuvo la entidad.
Concretamente, la expectativa del mercado es que en las próximas reuniones de sus respectivos comités para definir la política monetaria, Chile y Brasil relajen un poco las estrictas condiciones impuestas para luchar contra la inflación.
“Las tasas de interés reales siguen siendo altas en la mayoría de las economías latinoamericanas y, en muchas, ofrecen fuerte soporte a las monedas locales. Con la probabilidad de que la inflación caiga aún más, los bancos centrales de América latina pueden y probablemente optarán por la flexibilización en los próximos meses o trimestres sin preocuparse excesivamente por el regreso de la presión sobre sus monedas”, dice el reporte del banco francés que, por supuesto, no incluye a la Argentina en ese pelotón.
En cualquier caso, aunque estén en condiciones de “aflojar” la política monetaria, la perspectiva es que se mantendrá el contexto de tasas altas y entorno restrictivo.
Es lo que se espera también en Uruguay donde, según los economistas de ese país, la tendencia a la baja en el precio del dólar -es decir, las apuestas al peso uruguayo- fueron un factor determinante en el descenso de la inflación, junto con alimentos y combustible.
Algo similar ocurrió en Brasil, donde también tuvo alto impacto en el transporte la reducción en el precio de los combustibles impulsada desde Petrobras además de la caída en el precio de los alimentos.
“En los últimos meses, los precios de los cereales, como la soja, han bajado. Esto ha repercutido directamente en el precio del aceite de soja e indirectamente en los precios de la carne y la leche. Estos productos son insumos para la alimentación animal y un precio más bajo ayuda a reducir los costes de producción”, indicó el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).
Seguir leyendo: