Antes de abrazar el lenguaje monumental que definiría el Hotel Llao Llao, el Banco de la Nación Argentina o el complejo de Mar del Plata, Alejandro Bustillo atravesó una década de experimentación discreta que pocos conocen. La muestra Bustillo 1929-1939. Tiempos de modernidad, abierta hasta el 14 de noviembre en Casa Victoria Ocampo, rescata ese período con planos, fotografías, ilustraciones, documentos y objetos originales del arquitecto.
La exposición, organizada por el Fondo Nacional de las Artes (FNA) con curaduría del arquitecto Marcelo Nougués, director de Arquitectura del organismo, forma parte de la XX Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires. El recorrido propone una imagen de Bustillo alejada del clasicismo con el que suele identificárselo: la de un profesional que, entre 1929 y 1939, exploró líneas puras, fachadas despojadas y una estética más próxima a la vanguardia parisina que a los cánones académicos que lo habían formado.
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“Un período en el que tuvo esta especie de ‘flirt’ o noviazgo con una estética moderna, que poca gente conoce”, describió Nougués.
La casa que Bustillo firmó sin firmar
El escenario de la muestra no es casual. La Casa Victoria Ocampo, en Rufino de Elizalde 2831, en el afrancesado Barrio Parque, es precisamente la obra que abre ese capítulo de la trayectoria de Bustillo. En 1928, Victoria Ocampo convocó al arquitecto para que le construyera una vivienda blanca, geométrica y sin ornamentación, en una zona donde predominaban las mansiones de inspiración francesa. Bustillo aceptó el encargo pese a que sus preferencias estéticas apuntaban en otra dirección, y no dejó su firma en la fachada.
La construcción generó denuncias de vecinos ante la Municipalidad por el contraste que imponía con la estética del barrio. Con el tiempo, la casa se convirtió en el punto de encuentro de intelectuales porteños como Silvina Ocampo, Jorge Luis Borges y Oliverio Girondo, y entre sus paredes tomó forma la revista Sur, fundada por la escritora en 1931.
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Una sala de la muestra está dedicada a la correspondencia entre Bustillo y Victoria Ocampo, que documenta las discusiones sobre el diseño. Nougués señaló que la escritora tenía una idea precisa de lo que buscaba y confiaba en que el arquitecto podía ejecutarla, aunque sus preferencias estéticas fueran distintas. “La estrella de la muestra”, la llamó el curador.
Obras construidas, demolidas y proyectos que nunca se realizaron
El material reunido en la exposición proviene del Fondo Alejandro Bustillo del Archivo de Arquitectura de la Universidad Torcuato Di Tella y del archivo personal de la familia del arquitecto, un acervo que reúne más de 10.000 planos de obras públicas y privadas, junto con 1.500 apuntes, fotografías y correspondencia.
Entre los planos exhibidos hay plantas, cortes, frentes, croquis y perspectivas ejecutados sobre calco, papel y copias heliográficas. El conjunto incluye documentación de la Casa Victoria Ocampo, como la implantación, los frentes sobre las calles Bustamante y Rufino de Elizalde y un croquis del jardín; además de proyectos para el Hotel La Continental, la casa de rentas de Ramona Aguirre de Ocampo y los hoteles de Adriana de Arrillaga, Alberto Ramos Mejía y Manuel Gómez Piñeyro.
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Entre las obras exhibidas figuran el Museo Nacional de Bellas Artes, entonces Casa de Bombas de Recoleta; la Casa Carlos A. Tornquist, actual Embajada de Bélgica; el Edificio Volta, el Hotel Continental y las casas de renta para Ramona A. de Ocampo y José Manuel Jorge. También se exponen los dibujos de fachada y plantas del anteproyecto para una casa de renta destinada a Ernesto Lix Klett, y los hoteles particulares de Alberto Ramos Mejía y Adriana de Arrillaga, ambos demolidos después.
Esas pérdidas ocupan un lugar propio en el recorrido: Nougués describió una suerte de “rincón de las demolidas” que lo afectaron profundamente, quien —según el curador— “sentía sus obras como sus propios hijos”.
El pintor que se convirtió en arquitecto
La muestra también recupera un autorretrato de Bustillo —quien en 1912 obtuvo el Primer Premio del Salón Nacional de Pintura antes de graduarse como arquitecto en 1914— y una cabeza realizada por el escultor José Fioravanti, cedida por la familia. Durante la inauguración, Tulio Andreussi Guzmán recordó que Bustillo convocó a Fioravanti para participar del Monumento a la Bandera de Rosario y de los lobos marinos de Mar del Plata, dos de las obras que marcarían la etapa posterior de su carrera.
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La Casa Victoria Ocampo pertenece al FNA y fue declarada Monumento Histórico Nacional en 2022. Su lenguaje racionalista ocupa un lugar diferenciado dentro de una trayectoria que abarcó más de 400 obras y urbanizaciones, y que se extendió desde cascos de estancia en la provincia de Buenos Aires hasta conjuntos hoteleros en la Patagonia.
La XX Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires celebra en esta edición 40 años de actividad y 20 bienales. Su directora ejecutiva, Julia Converti, destacó la posibilidad de ofrecer al público local e internacional una experiencia urbana vinculada con la arquitectura de la ciudad, con sedes en el Museo Nacional de Bellas Artes, el Centro Cultural Recoleta, la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional de Arte Decorativo, el MARQ y Casa Victoria Ocampo. La muestra puede visitarse de lunes a viernes, de 11 a 19 horas, con entrada libre.
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