El 23 de octubre, Charly García cumplirá 75 años y el periodista Pablo Plotkin propone en La indómita luz que sus cambios de estilo, sus escándalos y sus crisis no forman etapas inconexas, sino una trayectoria atravesada desde el inicio por los mismos impulsos musicales y personales. El libro busca reconstruir esa continuidad sin reducir una vida que, según su autor, contiene una obra y una figura pública inseparables.
La idea del retrato no partió de Plotkin, sino de Leila Guerriero, editora del volumen. Al recordar la propuesta que recibió, el autor dijo: “Me pareció casi irrealizable”.
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Guerriero le ofreció, según relató, una razón para abordar una historia que no habría encarado por iniciativa propia, debido a la cantidad de material ya producido sobre García. La investigación reunió testimonios, citas bibliográficas, escenas y datos que Plotkin ordenó durante la fase final de escritura.
El primer acceso al proyecto fue una canción. Al describir el criterio que adoptó al comienzo de la investigación, Plotkin afirmó: “Voy a empezar por lo pequeño, que es por una canción”.
Plotkin vincula todas las etapas de García en una misma construcción artística
El autor pensó inicialmente en reconstruir algunas canciones a partir de sus circunstancias políticas, sociales y culturales, a partir de la influencia de un libro de Greil Marcus sobre Bob Dylan organizado en torno a seis composiciones. Esa vía derivó hacia personajes laterales, escenas y episodios que ampliaron el alcance del trabajo.
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El resultado no pretende ser una biografía exhaustiva. Al definir la ambición de La indómita luz, Plotkin sostuvo: “No pretende ser completa, sí es un retrato, una biografía que recorre toda su trayectoria”.
Para el periodista, la figura de García no puede entenderse mediante una división entre el músico de Sui Generis y el artista de los años posteriores. La etapa de Say No More, explicó, conserva elementos presentes desde los comienzos, del mismo modo que el músico que escribió “Canción para mi muerte” ya contenía rasgos que reaparecerían en sus períodos más conflictivos.
Plotkin ubicó esa continuidad también en las influencias que conformaron su lenguaje musical: la formación clásica, el tango asociado a su padre y los Beatles. Con esas referencias, dijo, García construyó “un universo propio que siguió transformando a lo largo de las décadas”.
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Al referirse a esa matriz, Plotkin afirmó: “Charly tiene un ADN muy marcado artísticamente, que es música clásica, el tango y los Beatles”. Aun en discos que identificó como más caóticos, como Say No More, el autor encuentra procedimientos ligados a la tradición beatle.
La rebeldía ante las instituciones aparece desde la adolescencia
La oposición de García a las estructuras de autoridad no comenzó en su etapa solista ni en los episodios que lo convirtieron en noticia durante los años ochenta, según Plotkin. El autor la sitúa en su paso por el instituto militar Dámaso Centeno, durante la dictadura de Onganía.
Al ubicar el origen de esa relación conflictiva con la autoridad, Plotkin señaló: “Él considera que ahí un poco se germinan sus problemas con las instituciones”. La cultura rock y su oposición a la familia tradicional, el sistema educativo y las fuerzas de seguridad completaron ese impulso, que ya estaba presente en canciones de Sui Generis como “Aprendizaje”.
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El libro también incorpora episodios privados en la medida en que permiten comprender el contexto de las obras. Plotkin mencionó la relación de García con María Rosa Yorio, los embarazos que atravesaron, el nacimiento de su hijo y el posterior vínculo de Yorio con Nito Mestre.
En ese tramo, el autor cuestionó la lectura que recayó sobre Yorio dentro del ambiente del rock. Según contó, las memorias de la cantante describen una situación en la que, pese a la apariencia de vínculos libres de convenciones, persistían mecanismos patriarcales que la convirtieron en responsable de la ruptura entre García y Mestre y hasta del final de Sui Generis.
La democracia y los años noventa marcaron otro período de cambios
Plotkin ubicó el lanzamiento solista de García en un período atravesado por la guerra de Malvinas y, poco después, por la recuperación de la democracia. Yendo de la cama al living pertenece, según explicó, a la época de la guerra, mientras que Clics modernos surgió después de un viaje a Nueva York que modificó su relación con la escena musical y estética.
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Durante los años ochenta, García incorporó elementos del punk y de la música disco, géneros que primero observó con distancia. También se desarrolló una escena renovada con Los Abuelos de la Nada, Virus, Fito Páez y Los Violadores, en un momento que Plotkin describió como de fuerte agitación cultural, estética y social.
El período incluyó escándalos públicos, como la detención vinculada al episodio en que García se bajó los pantalones durante un concierto. Plotkin recordó que la noticia alcanzó dimensión nacional y que el músico tuvo luego una comunicación televisiva con Juan Alberto Badía en la que reaccionó ante las consecuencias del caso.
Para el autor, el cierre del período clásico de García se ubica probablemente en Filosofía barata y zapatos de goma. La publicación de La hija de la lágrima, ya en los años noventa, abrió una etapa en la que el músico complejizó sus procedimientos de grabación y diluyó las fronteras entre ruido y música.
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Al referirse a ese momento, Plotkin dijo: “Se produce su primera internación forzada, la familia interviene y rompe con su madre”. Añadió que esos cambios estuvieron atravesados por experiencias traumáticas, porque García no transitaba esos procesos con ligereza.
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