En un restaurante de Rosario, Sebastiano Mauri —los codos en la mesa, los anteojos puestos— pierde su mirada en la colorida ensalada que le acaban de servir. Inspecciona con el tenedor los ingredientes del plato y su cabeza vuela por unos segundos a Toscana, a su campo, donde se dedica a la foresta alimentare: “Es una manera de plantar. Plantas útiles, comestibles, medicinales. No son prolijitas como se hace generalmente en una huerta o en un jardín”, dice del otro lado del teléfono el escritor italiano.
“Se imitan las relaciones que hay en un bosque natural. Entonces, las plantas son mucho más encimadas. Una trabaja con la otra y por la otra. Necesitás mucho menos agua, mucho menos cuidado”, dice y enumera algunas especies: romero, tomillo, salvias, higuera, súguero, eucalipto. Un principio de esta actividad es que “todo se tira al piso porque todo es comida”. “El eucalipto te sirve para proteger del viento, del calor, del frío a las otras plantas. Todo lo que estás cortando lo tirás al piso”, agrega.
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“Es lo que se llama pacciamatura“, dice. Esta técnica agrícola y de jardinería, también llamada acolchado, cobertura vegetal o mulching, es ”la protección del piso, y crea humus, y sirve para el sistema, porque en definitiva estás plantando plantas en sistema". “Tengo muchísimos frutales. Eso lo transformás, lo secás y hacés mermeladas. Ya no traigo vino, traigo mermelada”, dice y se ríe. Ahora son las tres de la tarde, está en un hotel, a la espera de que se inicie el Filba. Sobre la ventana golpea una lluvia tenue.
—Todo sirve, decís. ¿En la literatura, sobre todo la autorreferencial, pasa lo mismo?
—Totalmente: todo se recicla. Y de hecho, lo peor que te pasa, eso que te parece un bodrio, un trauma, una herida, un problema o un aburrimiento, en la literatura vale muchísimo. De hecho, el problema es el opuesto: si tenés una vida tranquilísima, llena de buenas noticias, ahí probablemente no le vas a sacar mucho jugo para la narrativa. Como suele decirse: “Espero que tengas una herida porque tendrás una historia para contar”. Algo que le digo siempre a mis estudiantes es que la literatura es una manera maravillosa para compostar lo malo que te pasa en tu vida. Me pasa que en el medio de, ponele, una cena de mierda y aburridísima con gente que no tenés ninguna gana de estar con ellos, puede transformarse en algo interesante desde el punto de vista de la escritura, mucho más que una cena liviana, divertida y relajada. Mientras estoy viviendo la experiencia que no estoy amando, ya estoy pensando en si la puedo reciclar en la página.
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El lunes dio una entrevista abierta en el Instituto de Estudios Críticos en Humanidades de Rosario bajo el título “Cómo vivir la literatura”. Lo que se viene en el FILBA: este jueves primero de septiembre, por la mañana, dará el taller de escritura “Arquitectura personal” en la Biblioteca del Malba, y el domingo 4 de octubre, en el mismo lugar, por la tarde, participará de la actividad “Bitácoras de FILBA”, sobre el recorrido que hizo junto a Silvina Giaganti del barrio Rodrigo Bueno.
Mauri tiene tres libros publicados. El primero, Disfruta del problema, se publicó en 2012, es una novela que sigue los pasos de Martino, un joven muchacho que escapa de Milán a Nueva York para dedicarse al cine y poder vivir su homosexualidad sin complejos. Diego Rojas lo entrevistó para Infobae Cultura en el año 2021, cuando la editorial Adriana Hidalgo la tradujo al español. “Mauri logra captar una época y realiza una particular novela de iniciación”, escribió Rojas en aquel artículo.
Su segundo libro fue un ensayo, El día más feliz de mi vida, publicado en 2015. Aborda la lucha por el matrimonio igualitario en Italia. Y el tercero, el último, que se publicó en 2021 pero que el año pasado se editó en español, se titula La Nueva Tierra y es una novela que, en palabras de Julieta Botto (lo entrevistó para este mismo medio el año pasado), “convoca a la reflexión, al disfrute y la emoción sin perder la sonrisa”. Es una comedia donde la ayahuasca alumbra en la bruma del autoconocimiento.
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—¿Qué se necesita para poder compostar en literatura: una mirada, un ángulo, una sensibilidad?
—Primero: tener las ganas, el coraje. Estamos tan acostumbrados a editar nuestra vida todo el tiempo. “¿Cómo va?" “Bien”. “¿Cómo te trata tu pareja?" “Bien”. Y escribiendo tenés que hacer lo contrario. También es importante tener un poquito de distancia. No se puede escribir si no hay un mínimo de distancia con las emociones que te creas. Si sos comido por los celos o por el odio o por la rabia o por la tristeza va a ser difícil escribir ese odio, esa rabia, esa tristeza o lo que sea. A veces es simplemente tiempo. Si no terminás con el riesgo, que me pasó mil veces, de escribir de víctima. Y la víctima no es un narrador muy interesante. La víctima es egoísta y narcisa, y termina viendo todos sus problemas con su sensibilidad herida y al hacer eso no considera las sensibilidades de los otros. Yo escribo de una manera bastante irónica cuando estoy con cosas pesadas. Una medicina de compostaje muy importante es la risa. Cuando lográs reírte de algo que antes te hizo sufrir mucho, quiere decir que ya estás curando esa herida. Reírte te eleva arriba del objeto de tu risa. Si lográs reírte de algo que antes te hacía solo llorar, seguramente estás más cerca de haber superado ese trauma.
El lazo que lo une con Argentina lo precede. Su madre nació acá. Tiene una gran familia en Entre Ríos. Viene todos los años, generalmente a pasar las fiestas. “Antes iba mucho a Estados Unidos”, cuenta. Vivió quince años en el imperio del norte, donde estudió cine. “Ya no voy. No sé si tendría el coraje de presentarme a Immigration. No tendría cosas lindas para compartir sobre su gobierno. Ahora Estados Unidos está un poco fuera de mi mapa”, dice y resume: “Mi base es en Milán”, donde nació en 1972.
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Achille Mauri es el nombre de su padre, fallecido en 2023, quien trabajó como escritor, guionista y productor cinematográfico (produjo Garage Olimpo, de Marco Bechis, película de 1999 sobre la dictadura militar argentina), y fue el presidente de Messaggerie Italiane, uno de los holdings de distribución y edición de libros más importantes de Italia, negocio de Sebastiano continúa. Además, Fabio Mauri, hermano de Achille, fue un famoso artista visual, disciplina que su sobrino también ejerce.
Sebastiano Mauri es un artista completo. “Triangulo mi vida entre la pintura, la literatura y el cine”, asegura. Hoy sus días se los lleva una rutina laxa, con horarios férreos y divagues permitidos, entre el negocio editorial de la familia, los viajes relámpago a su bosque personal, la escritura cotidiana, los proyectos de rodaje que siempre aparecen, la pintura —“estoy preparándome para una muestra”, cuenta— y la universidad: da clases de escritura autobiográfica en la Escuela Belleville.
—El autodiseño de las redes sociales es, de alguna manera, una narración autobiográfica. Pero no es literatura. ¿Dónde están las grandes diferencias?
—Diría que es todo lo contrario a lo que yo invito a hacer. En Instagram vas a poner el momento lindo de tu día, el detalle lindo que viste, la única foto en la cual saliste bien y sonriente cuando encontraste esa persona interesante o el atardecer te hacía explotar los ojos de belleza. En la página, al contrario, hay que tratar de ir poniendo toda la suciedad que no está ahí, los otros momentos del día en el cual las cosas no iban tan bien. Yo no estudié literatura, estudié escritura para el cine. Ahí la regla número uno es que sin conflicto no hay historia, no hay movimiento, no hay cambio del personaje, no hay crisis, todo lo contrario de las redes sociales. A mí me pasa. Yo pongo muy poco en Instagram: una vez, cada tanto, estoy en un lugar lindo, naturaleza. “Pero vos siempre estás en lugares lindos”. ¡Pero si viste una foto en un mes! Los otros veintinueve días no sabés adónde estuve. La literatura es eso: ir a buscar el coraje de sacar la foto del lugar de mierda, literal o abstracto, en el cual vos estás. No hay nada que te libere más de pesos y de secretos. Para eso, yo siempre uso personajes y estoy mintiendo en una cierta manera, estoy hablando desde la ficción, que es una forma de mentira que te permite decir la verdad. Una vez que estás en el mundo de la ficción, va a ser mucho más fácil ser honesto gracias a la mentira. Es una paradoja, pero funciona así.
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“¿Acaso no está todo maravillosísimo en el mundo?”, dice Sebastiano y se echa a reír. Crisis de todos los colores: económica, política, tecnológica, “¡y ecológica!, la más grande de todas", subraya. “Estudié muchos años con curanderos e hice ceremonias de ayahuasca, y en la tradición amazónica te enseñan que todo puede ser medicina: la risa, la presencia, escuchar, la palabra escrita, las imágenes, la música, el baile. Te invitan a que cada uno, con sus instrumentos, sea una gotita de medicina en este mundo medio enfermito”, concluye, del otro lado del teléfono.
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