Pedro Almodóvar estrenó Amarga Navidad con la convicción de que es “la película más arriesgada” de su carrera, una obra en la que se convierte en el villano de su propio relato y vuelve sobre una obsesión que atraviesa su cine: el precio personal y moral de transformar la vida ajena en ficción. La película llegará a los cines del Reino Unido e Irlanda el 28 de agosto y aparece en un momento en que el director español, de 76 años, también prepara para octubre en España la publicación de su primera novela, El hombre que solo escribía en los aviones.
Según The Guardian, el nuevo film nace en parte de un cuento homónimo escrito en 2003 y publicado dos décadas más tarde en su libro El último sueño. El núcleo de Amarga Navidad es una estructura en espejo. Bárbara Lennie interpreta a Elsa, una directora de cine afectada por ataques de pánico y migrañas paralizantes que empieza a planear un nuevo largometraje tras años dedicada a la publicidad, mientras Raúl, interpretado por Leonardo Sbaraglia, aparece como el cineasta que escribe la historia de Elsa que el espectador está viendo.
Almodóvar resumió así esa maquinaria narrativa en el reportaje con el periodista Ryan Gilbey del diario británico: “Espero que cuando el público descubra que la película dentro de la película va a cambiar, ese cambio lo sorprenda y lo entusiasme. Pero tienes razón, es muy arriesgado. Creo que es la película más arriesgada que he hecho nunca. Corrí muchos riesgos, incluso sabiendo que algunos podían no funcionar. Exige atención completa, y sí me parece que el público de cine se está volviendo cada vez más perezoso”.
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La dimensión autobiográfica no está escondida. Raúl, cuya asistente Mónica, interpretada por Aitana Sánchez-Gijón, se vuelve contra él al descubrir que él saqueó su vida para escribir el guion, funciona para el director como un doble directo. “Es una forma de alter ego. Al menos el 80% de los diálogos de Raúl es algo que yo podría decir”, afirmó Almodóvar. Cuando Mónica acusa a Raúl de “vampirizarla”, el director encontró en esa escena una forma de ajuste de cuentas consigo mismo: “Todas las cosas que ella le dice, podría decírmelas fácilmente a mí mismo. Es refrescante y divertido ser tan desagradable contigo mismo”.
Esa autocrítica se apoya en una idea que el cineasta expone sin rodeos. “No acabada. Pero van a tener muchos problemas. El dolor es lo que me inspira, no la felicidad. El escritor por naturaleza es egoísta, y eso nos vuelve peligrosos para la gente que nos rodea. No es muy bonito, pero es así. Por eso pinté a Raúl como casi el villano de la película”, dijo al medio.
El director sostuvo que, cuando se inspira en personas de su vida, cambia muchos elementos para volverlas irreconocibles. La propia entrevista recuerda, sin embargo, un caso en el que eso no ocurrió: utilizó la experiencia traumática de una amiga con terroristas de ETA, sustituyó ese dato por personajes chiitas y lo llevó a un registro cómico en Mujeres en un ataque de nervios. “Sí. Se enfadó mucho cuando vio la película. En ese momento no lo entendí porque yo lo veía como un homenaje: había convertido en comedia algo oscuro que le había pasado en su vida”, reconoció.
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La discusión sobre quién controla el destino del cine también atraviesa Amarga Navidad. En una escena, cuando alguien propone llevar un proyecto de Raúl a Netflix, el personaje responde: “No me rebajes a hacer una película para televisión”. La publicación vincula esa línea con una postura que Almodóvar hizo pública en 2017, cuando presidió el jurado del festival de Cannes. Ese año compitieron dos títulos de la plataforma que no iban a exhibirse en salas francesas, y el realizador sostuvo entonces que no podía imaginar premios “para una película que luego no se ve en la gran pantalla”.
Su diagnóstico actual es todavía más pesimista. “Están muy cerca de ganar. Todos los elementos vinculados al estreno de una película en cines están desapareciendo. El arte del cartel, que luego podemos mirar y querer coleccionar. Incluso los elementos que parecen banales, como la moda que las estrellas llevan a un estreno”. Después añadió una última palabra: “La emoción”. Esa discusión derivó en otro frente. Al recordar las diferencias en Cannes con Will Smith, que defendió a Netflix, Almodóvar fue tajante: “Will Smith decía cosas muy tontas. La prensa estadounidense escribió contra mí y a su favor. Y luego, al cabo de los años, descubrieron cómo es Will Smith”.
El director aludió además al golpe que el actor dio a Chris Rock en la ceremonia de los Oscar de 2022, gala en la que Madres paralelas estaba nominada a dos premios. “En nuestras discusiones del jurado en Cannes, todo lo que decía sonaba así. También me demostró en todas nuestras conversaciones que tenía muy mal gusto como persona. No fue una buena experiencia ser presidente del jurado”, señaló.
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Almodóvar extendió esa lógica de defensa del espacio europeo al terreno político y cargó contra Donald Trump. “La Unión Europea debería ser un escudo frente a las locuras que Trump está planteando en Estados Unidos. Ha creado este mundo sin ley, y nosotros en la UE podemos demostrarle que, si hay algo que quiere hacer, tiene que respetar las leyes europeas”. Añadió que el presidente estadounidense está “muy enfadado con la UE y especialmente con España” por la posición del jefe del Gobierno español ante Ucrania y su alianza con Israel.
La entrevista en The Guardian también lo muestra en un momento físico menos benigno. Contó que es sordo de un oído desde la infancia y que el otro está perdiendo capacidad, además de sufrir un orzuelo que le había dejado el ojo izquierdo amoratado. Aun así, mantiene una rutina de natación casi diaria porque tiene piscina.
Su trayectoria suma más de 60 premios, entre ellos dos Oscar, cinco Bafta y seis Goya, y empezó a consolidarse tras el final de la dictadura de Franco en 1975, cuando reunió miles de seguidores clandestinos en Madrid y Barcelona. Esos admiradores aportaron más de USD 3.000 al presupuesto de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, su debut de 1980.
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Lejos de cualquier despedida, el realizador se comparó con Luis Buñuel, que tenía su misma edad cuando dirigió Ese oscuro objeto del deseo. “A diferencia de Buñuel en aquel momento, yo sigo completamente lleno de deseo de seguir haciendo películas. El cine es lo que me motiva y lo que me mueve a vivir. Buñuel fue presionado por su productor cuando lo que de verdad quería era descansar en México”. Su última frase fue una declaración de continuidad: “Y yo no quiero descansar nunca”.
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