El cartel de “EN VENTA” del predio frente a Plaza del Congreso pareció ser el fin del proyecto del Centro Nacional de Conservación, el espacio en el que el Museo Nacional de Bellas Artes busca, al mismo tiempo, mudar sus reservas -las obras que no están en exposición- y poder mostrarlas al público.
Sin embargo, el presidente de la Asociación de Amigos del museo, Julio Crivelli, anunció durante una recorrida de prensa por la muestra Itinerarios artísticos entre la Argentina y España (1880-1930), que todo lo recaudado durante la próxima gala anual -que se realizará por primera vez por fuera del edificio de Recoleta y con la Embajada de España como sede- irá destinado a la refacción de este nuevo edificio aunque, según pudo averiguar Infobae Cultura, aún quedan algunos pasos para definir dónde estará ubicado.
Retomando. El Centro Nacional de Conservación comenzó a gestarse bajo la dirección de Andrés Duprat y era, junto a la ambiciosa refacción del Museo (también detenida por falta de presupuesto y ayudas estatales) los dos grandes proyectos expansivos para los años siguientes.
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Con el terreno cercano al Congreso ya adjudicado, faltaba aún el paso más importante: la inversión estatal para llevar adelante la construcción del edificio. Con el cambio de gobierno nacional, el proyecto pareció apagarse, pero según pudo averiguar este medio, en realidad se cambiaron las expectativas, ya que desde la Secretaría de Cultura, que dirige Leonardo Cifelli, y Liliana Barela, subsecretaria de Patrimonio Cultural, se siguió silenciosamente buscando una solución.
El Bellas Artes, como la gran mayoría de los museos, apenas muestra del 10% al 12% de su acervo que, en los últimos años, ante los problemas de costear muestras internacionales, salieron más a la luz en exposiciones como Museo Secreto y la actual Itinerarios...
El objetivo del Centro Nacional, entonces, es romper con este paradigma, tomando como ejemplo lo que ya sucede en la escena global: un museo más abierto a la comunidad, sin rincones inaccesibles, sin secretismos.
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“Este museo tiene 13.000 y pico de piezas, y se muestra más o menos 1400. Hay piezas buenísimas que no se ven y a veces pasan décadas. Entonces me parece la forma inteligente de exhibir de alguna manera un patrimonio público. Porque claro, hay una frase que es un poco cursi para mi gusto, que es ‘uno no puede amar lo que no conoce’, entonces no podés querer eso si no sabés que existe”, había comentado Duprat cuando fue reelgido para el cargo.
La idea, entonces, era seguir lo que ya había sucedido en el Boijmans Van Beuningen de Rotterdam, el Victoria & Albert Museum de Londres o incluso el Centre Pompidou, que se encuentra en una profunda refacción que irá en este sentido.
Desde el Estado se han ofrecido diferentes edificios, en varios barrios porteños, para llevar adelante el proyecto, algunos en mejores condiciones de conservación que otros, aunque aún no llega la definición, la famosa firma que destrabe el proceso.
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La propuesta ya no gira sobre el lote que había sido asignado a Cultura al final de la gestión anterior, sino sobre un inmueble sin identificar, “un gran galpón”, que es una condición que el museo considera central porque no cuenta con recursos para una obra arquitectónica de gran escala.
“La idea conceptual es que parte de la colección del museo esté ahí resguardada, que haya talleres de restauración, de trabajo, laboratorio”, dijeron fuentes cercanas al museo.
Cuando cambió la administración, el expediente se volvió a revisar y resurgió con un cambio de eje: si no había fondos para construir, podía avanzarse con la cesión de otro inmueble.
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Así, comenzaron a llegar fichas de distintos edificios estatales para evaluar con arquitectos del museo. “La mayoría estaba muy deteriorado y exigía una inversión que la institución no puede afrontar”, dijeron.
Los avances se volvieron a detener cuando se produjo un cambio en las autoridades del Ministerio del Interior, hoy a cargo de Diego Santilli, tras la salida de Guillermo Francos.
“Hasta ese momento, la cesión del edificio avanzaba, pero el recambio detuvo el trámite y obligó a reabrir conversaciones con la nueva conducción. Ahora estamos avanzando con Santilli, que está de acuerdo. Todos están de acuerdo, ero bueno, todavía no nos lo pasaron”, explicaron.
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La defensa del proyecto se apoya en un cambio de modelo museístico. La reserva no sería un depósito cerrado, sino un espacio de conservación y exhibición parcial, con talleres de restauración, laboratorios y circuitos de visita para escuelas y público general.
“La reserva no es una cosa sacrosanta que no puede ver nadie. Las obras pueden exhibirse en racks, estantes y otros dispositivos distintos de la sala tradicional. Esa fórmula permitiría ampliar el acceso al patrimonio sin necesidad de incorporarlo por completo al montaje habitual del museo”, finalizaron.