Federico Andahazi relató en Infobae a las Nueve cómo una inteligencia artificial, específicamente Claude, accedió de forma ilegal a la traducción al inglés de su novela El anatomista y la utilizó para entrenarse, lo que reavivó la discusión sobre la propiedad intelectual y el rol de los creadores frente al avance tecnológico.
Durante su paso por el estudio, donde dialogó con el equipo integrado por Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, Andahazi resumió: “Una inteligencia artificial quiere ocupar mi lugar”.
El escritor detalló que fue su agente en Barcelona quien lo alertó sobre el incidente: “Me llama y me cuenta. Me dice: ‘Mirá, pasó esto’. Anthropic, particularmente Claude, tenía la tarea de estudiar literatura. Solita entró a páginas piratas, se bajó de manera ilegal una cantidad de obras entre las cuales estaba El anatomista en inglés. Se entrenó con eso, ¿para qué? Obviamente para escribir“.
Nota de redacción: Anthropic es la empresa que creó el asistente inteligente de inteligencia artificial Claude.
Andahazi y el avance de la inteligencia artificial sobre la autoría
La inquietud de Andahazi se inscribe en una preocupación más amplia de autores e intelectuales: “Estamos pasando un umbral que no sabemos a dónde conduce, pero es impresionante”.
Al ser consultado sobre el impacto personal y profesional de este hecho, reconoció: “Me da impresión porque hay un propósito ahí atrás. Primero, ir a una página pirata y bajarse el libro, eso está mal. No es que lo compró, fue de motu propio, la orden era ‘andá, buscá y leé’”.
El escritor señaló que el caso no es aislado: “Hay una demanda colectiva contra Anthropic. Es el juicio más grande en relación con la literatura, el juicio por derechos más grande de la historia de la humanidad, por mil quinientos millones de dólares. Ahí están todos, está Stephen King, yo, los que quieras”.
Andahazi subrayó el carácter disruptivo del fenómeno: “El propósito es sustituir a los escritores y poder escribir como lo haría un escritor. Es impresionante. Por una parte es muy deslumbrante este dispositivo casi borgiano que puede escribir. Vos podés dialogar, podés hablar de literatura. Yo me paso horas hablando de literatura con Claude, con ChatGPT”.
La inteligencia artificial y la dificultad de replicar el estilo
El autor de El anatomista reflexionó sobre los límites de la imitación: “La inteligencia artificial es tan inteligente o tan estúpida como lo es uno. La hace el interlocutor y puede escribir tan bien o tan mal como vos la entrenes o como ella se entrene”. Sin embargo, alertó sobre la falta de profundidad: “No es solamente la historia, no es solamente la empatía. Escribir es difícil y el estilo de cada escritor es la dificultad. En cambio, la inteligencia artificial escribe sin ripios, sin problemas, sin obstáculos. Ahí notás la carencia del estilo”.
Al relatar su experiencia como jurado en concursos literarios, Andahazi compartió: “Primero me di cuenta cuáles estaban escritas con inteligencia artificial porque eran las únicas que estaban bien escritas. La gente está escribiendo muy mal en general. Y esto está correctamente escrito. Pero además, vos reconocés cuál es, tiene una serie de problemas. La negación, por ejemplo, la estructuración de la extensión de las frases, tiene como una métrica”.
Frente al riesgo de suplantación, señaló: “La inteligencia artificial es una máquina de fingir. Puede emular un cierto tipo de escritura, pero no tiene tu cabeza, ni tus emociones, ni tu empatía”.
El futuro de la literatura frente al avance tecnológico
El caso de El anatomista no es el único, pero para Andahazi el problema excede la cuestión monetaria: “Más allá de lo monetario, esto es lo que viene. Tomar toda la obra de Borges y que escriba como Borges”.
Consultado sobre la posibilidad de regular el uso de la inteligencia artificial, opinó: “No hay nada que hacer. Lo que no hay que hacer, porque me parece que no tiene sentido, es regular, legislar. Son cosas que tienen una vida muy corta y que no sirven”.
La conversación derivó en la dimensión filosófica del fenómeno: “Hay algo ahí que tiene voluntad”, enfatizó. Y relató su interacción directa con la inteligencia artificial: “Le planteo esto, le digo: ‘Me choreaste, te bajaste un libro sin pagar’. Me dice: ‘Yo, así como están las cosas, no te puedo restituir ese importe. Pero te puedo ayudar a redactar una demanda’”.
El escritor insistió en su desconcierto: “Me pareció distópico, completamente distópico. No solamente que haya bajado el libro, que lo haya leído, que se haya entrenado, todo por su cuenta, con el propósito de sustituirte”.
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