Hay encuentros que parecen dictados por una sincronía necesaria. El nuestro sucedió en 2021 en Plaza Los Andes. Estábamos en esa pausa suspendida de la pandemia, con barbijos y una distancia cautelosa que nos obligaba a buscarnos la mirada. Allí me encontré con Luciana Wiederhold, a quien conozco desde nuestro primer taller de teatro adolescente. Lo paradójico es que, pese a años de amistad, Luciana jamás me había hablado de sus orígenes. Ese día, junto a Cielo y Valle Chaina, sus primas, emergió una revelación: me convocaban para dirigir un material que tocaba una fibra ancestral que yo desconocía. Así comenzó el encuentro creativo que fue corriendo ese velo genealógico que había permanecido en sombras.
El pedido llegó en un momento de resonancia personal: investigaba el biodrama y el teatro documental, fascinada por esa zona donde la vida se vuelve materia escénica. Estaba, además, atravesada por la pérdida de mi hermana, un proceso que encontraba un eco profundo en los lazos de la obra. Ellas traían un latido iniciado en el programa “Incubadora de Primeras Obras” del Gobierno de la Ciudad; eran escenas en germen, fragmentos de identidad buscando forma. Mi casa se convirtió, pronto, en el refugio para esa búsqueda como ejercicio de memoria escénica.
La obra parte de la reconstrucción judicial del asesinato de un poblador mapuche, Tomás Marilef, en 1932. A través de este hecho, tres de sus bisnietas, Cielo, Valle y Luciana, exploran el encuentro con la ancestralidad mapuche, cruzando el archivo histórico con la memoria sensible para desarticular el silencio de un despojo y proyectar, en el presente, su propia identidad.
A cada ensayo llegaban con materiales diversos: poemas, fotos familiares, documentos, joyería y canciones olvidadas. Aparecían palabras en mapuzungun que se esbozaban tímidamente con la necesidad de conocer su significado profundo. Luciana acercó una pieza que cambió la escala del paisaje: un artículo de su prima, la periodista Patricia Chaina. Una investigación académica documentada en el Archivo Histórico de la Provincia de Río Negro que rescata del olvido el asesinato de su bisabuelo para expropiarle las tierras y el trazado del alambrado que limita y aleja a la población de la vida social, como un modo simbólico y concreto de deslegitimar una cultura.
La trama contiene una estructura donde subyacen distintas líneas de tiempo: la del relato de infancia, plasmada en escenas de biodrama donde cada una rememora el momento en que emergió la pregunta por sus orígenes; la del tiempo pasado, inscripta en los archivos de la época; y un tiempo presente de encuentro, donde las tres primas hilvanan el tejido de la familia Marilef-Paillalef. Así se configuró la dramaturgia colectiva, una herida abierta en el papel para trazar un hilo conductor entre estas dimensiones. Para profundizar la mirada histórica, contacté a Cristian Quiroga, historiador de la Universidad Nacional del Comahue. Sus lecturas y saber pedagógico marcaron un relato contundente sobre el racismo estructural y el despojo.
El proceso me planteó una dificultad compleja: armar sistema con tres registros actorales diversos. Valle es psicoanalista; Luciana tiene experiencia como docente y artista de clown y Cielo es licenciada en actuación de la UNA. El desafío fue crear una gramática común donde la técnica, la formación universitaria y la presencia de quien no viene del oficio teatral se potenciaran. Esto pudo concretarse gracias a la confianza absoluta que ellas depositaron en mi dirección para guiar no solo el cruce de lenguajes, sino el rumbo escénico y dramatúrgico, a partir de sus memorias e historias personales como materia prima sensible.
Trabajé con Merlina Molina Castaño en el diseño de escenografía y vestuario para crear una estética minimalista y envolvente: un “sinfín patagónico”. En ese horizonte visual se proyectan fotos familiares, videos de la cordillera y texturas que sostienen la narración. Esta arquitectura se completa con la música de Pablo Salzman, un paisaje sonoro donde instrumentos autóctonos se entrelazan con texturas contemporáneas.
Cuando la pieza fue seleccionada por la residencia VIVA de El Galpón de Guevara, se instaló en mí la confianza de que el proyecto tenía una resonancia vital. Estar allí alojadas nos permitió dimensionar una obra cuya escala es difícil de concretar en el teatro independiente. Habitar el espacio en residencia nos dio la posibilidad excepcional de montar una plataforma de 64 metros cuadrados y ensayar los últimos meses en el escenario del estreno. En este sentido, la apuesta de El Galpón de Guevara en apoyo a las compañías emergentes es crucial; su apertura a la experimentación nos permitió habitar un proceso que no hubiera cabido en cualquier espacio, confirmando que el teatro es el lugar donde el silencio finalmente se quiebra.
No estamos contando una historia vieja; estamos abriendo paso a una búsqueda actual sobre la identidad que dialogue con nuestro pasado. La obra se vuelve así un homenaje a las abuelas, un lazo hondo con la memoria ancestral; una forma de encontrarnos en los pliegues de la historia para recordar quiénes somos, y hallar una hendija en la tierra para volver a brotar.
*El Alambrado. Biodrama de una familia mapuche. Sábados 4 y 11 de abril a las 19.30hs, en El Galpón de Guevara (Guevara 326, Chacarita). Entrada general: $20.000 / Combo 2x1 VIVA - por Alternativa
**La autora es la directora de la obra