Como desafío y homenaje: así creé a una mujer policía que tiene un amante psicólogo y busca justicia

Silvana Mangano está a cargo de la Comisaría de la Mujer de Carmen de Patagones. Ya cumplió 40 años, baila zumba. Y rompe el decálogo del género policial argentino

Patricia Suárez, con una novela para pensar y pasarla bien.

La trama de La justiciera se me ocurrió en pleno en un viaje desde Nápoles hasta Sicilia, en tren y en ferry, seis años atrás. Fue un viaje especial: acababa de casarme por segunda vez y me había quedado sorda de un oído. Luego, me pasé la estadía leyendo a Andrea Camilleri, siciliano de nacimiento y gran autor de policiales. Cuando visité Porto Empedocle y me encontré cara a cara con la estatua del Comisario Montalbano, supe que tenía que ir por ahí con mi historia. Y por eso creé a Silvana Mangano, comisaria a cargo de la 1ra Comisaría de la Mujer de Carmen de Patagones. Una mujer que pasa de los 40 años, divorciada, con una hija quinceañera que pide una fiesta a gritos. Se siente excedida de peso y toma clases de zumba -la pared de la comisaría pega con el salón de zumba donde oyen a Rosalía y a Karol G.- para meterse en el vestido de madre de la cumpleañera. Tiene una exsuegra que no sabe bien qué pito toca aún en sus vidas, un exmarido que vive en Buenos Aires feliz con su nueva esposa, y un amante psicólogo de la UFLO al que ve cada vez que puede.

La historia debía tener humor, la amenidad de Camilleri -que la había importado un poco de Vázquez Montalbán y otro poco de Georges Simenon- y una aguda intuición femenina. También hay un poco de búsqueda en los anales de las asesinas seriales, y con eso ya lo digo todo. Anoté las ideas -de hecho, el corazón de La justiciera- en un cuaderno de notas. No soy ajena al fetichismo de cuadernos y lápices y post its.

Sabía que había una especie de decálogo de la novela negra argentina, que se suele referir como parámetro, de Carlos Gamerro, donde dice que un policía nunca puede ser el investigador de un crimen porque, dada la historia política y corrupta de la policía argentina, es de quien primero se desconfía. Creo que es una generalización o al menos que la regla no se cumple cien por cien con las mujeres policías: aunque sea una verdad de Perogrullo no es lo mismo ser un policía hombre que una policía mujer.

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Patricia Suárez, en la Feria del Libro. (Luciano González)

Puedo asegurar que los oídos de una policía mujer para escuchar la denuncia de una violación, de una golpiza doméstica o del secuestro de un hijo por parte de su padre, no son los mismos que tendría un hombre. Lo lamento, pero es así. Freud decía la biología es destino, una frase muy malinterpretada, pero se refería a esto creo casi con certeza. El útero te obliga a pensar un montón de cosas que no pensarías de otro modo: tu elección sexual, si querés tener hijos o no, cuándo, cuántos, con quién. Y también, qué es tu femineidad, qué es la sororidad, qué es el patriarcado.

La justiciera quedó en ese cuaderno del viaje a Sicilia hasta que se la conté a la directora de Negro Absoluto y ella se interesó en publicarlo. Entonces me puse manos a la obra, con un aditamento: en el libro aparece un personaje real, Maribel Zalazar, la mujer policía desgraciadamente asesinada en febrero de 2023, de una manera injusta y gratuita. Es un homenaje a ella hecho con el mayor de los respetos, a su coraje y su bondad, porque fue asesinada sólo por confiar en su victimario en un momento muy humano -él le pidió un vaso con agua, ella lo buscó y cuando se lo tendió, él le quitó la pistola y la mató desde arriba, en el cuello, adonde no llega el chaleco antibalas-.

Maribel Zalazar, la policía asesinada.

También hubo cosas que nunca pensé que iban a pasar: entre la escritura y su publicación, lamentablemente dejó de existir el Ministerio de la Mujer. Espero que lo regresen, era un amparo para muchas mujeres en situaciones difíciles. Y hubo algo buenísimo: la genial María Inés Krimer hizo un prólogo que es un motivo de orgullo y releeré cada vez que sienta un bajón de autoestima, y Ricardo Romero fue el editor que con su ojo me marcó defectos de escritura y dudas críticas en un policial.

La comisaria Mangano no tiene punto final al final del libro. Es mi deseo y me acompaña mi editora en ello, que Silvana Mangano siga investigando delitos. En el próximo libro tal vez ya no esté a cargo de la comisaría de la mujer: son los tiempos que corren. Tengo el título, tengo el caso, tengo su futuro amoroso con el psicólogo… Está todo anotado en otra libretita y en mi mente. Mi mayor deseo es, sin embargo, que disfruten de esta novela, que los deje pensando y los entretenga. Como decía Honoré de Balzac, uno de mis autores favoritos: La novela tiene que entretener y hacer pensar. Después de todo, para eso estamos en la vida, para pasarlo bien y para dejar este mundo un poco mejor.

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