
Romance, poder, traiciones familiares.. ¿de eso se tratan las novelas históricas? En el stand de Lisboa en la Feria del Libro las novelistas Isabel Stilwell y Florencia Canale discutieron sobre el género que cultivan y con el que llevan acontecimientos a veces muy lejanos a lectores del siglo XXI.
“Yo investigo, empiezo a escribir pero sigo investigando”, dijo Canale. “Y muchas veces continuar con la investigación desbarata la hipótesis que estoy construyendo” ¿Eso es bueno o malo? preguntó la moderadora. “Eso es extraordinario, aunque me falte el aire”.
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Canale fue periodista hasta que se encontró con la Historia y allí se quedó. Pasión y traición, su primera novela, es un bestseller que lleva publicadas más de diez ediciones. También es autora de Amores prohibidos, Salvaje. Urquiza y sus mujeres, Lujuria y poder, La hora del destierro, Sangre y deseo, La vengadora, La libertina, Pecadora, Bastarda y El diablo. Este último habla de Bernardo de Monteagudo, que fue el hombre de confianza de José de San Martín y con quien, dice, ella le fue infiel al Libertador.

Este año Lisboa es la Ciudad Invitada de Honor de la Feria, por eso en su stand hay mucha actividad. Y por eso llegó a Buenos Aires Isabel Stilwell, tque también era periodista hasta que, en 2007, escribió Filipa de Lencastre y su vida dio una vuelta: de ahí en más se dedicaría novelas históricas, con gran éxito. La más reciente es, Filipe I de Portugal: o Rei Maldito (Felipe I de Portugal: el rey maldito), que habla del rey con el que se inició la dinastía española de los Felipes que reinó en Portugal desde 1580 hasta 1640.
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¿Los novelistas históricos siguen estrictamente la realidad o un poquito falsean? ¿Hasta dónde?, quiso saber la moderadora, Patricia Kolesnicov, periodista de Infobae Stilwell responde: “Yo he sido periodista y continuo siéndolo. Y un periodista intenta que lo que cuenta sea lo correcto, lo más justo. En el caso de las personas muertas, de las que me ocupo, aumenta la responsabilidad porque no están acá para defender su nombre”, dice.
Pero, claro, hay matices: “Verdad nunca es la única. Es mi verdad sobre Felipe o sobre Manuel. Yo acostumbro decir ‘Es mi mi Manuel, es mi reina’. Porque es imposible contar la Historia sin que haya un poco de tí. Sin embargo, los lectores son muy inteligentes, si tú no lo haces bien no te leen más”.
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“Intento ser lo más ecuánime y objetiva posible, aunque yo tengo mi corazón puesto en algunos personajes”, dice Canale. “Un poquito tal vez se puede traicionar en el sentido de algún detalle menor. No es posible para mí traicionar a lo grande, porque así es como después las mentiras y las falacias empiezan a tomar cuerpo y nos aplastan. No, no lo voy a permitir”, se apasiona la escritora.
Condimentos de la novela histórica
¿Qué es lo que no puede faltar y que es lo que hay que evitar en una novela histórica?, preguntó la moderadora.
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“Lo que no puede faltar es intriga”, dijo Canale. Aunque sea sobre cosas que, muchas veces, los lectores ya saben. “Pienso en Pecadora, con la historia de Camila O’ Gorman que todo el mundo ya conocía”, dice Canale. “Pero volver a esa historia es un trabajo serio, muy serio. No es un chiste escribir una novela histórica; si no te conmueve a vos no va a conmover a nadie”. Entonces, dice, “no puede faltar intriga, no puede faltar pasión”.

-¿Y qué es lo que no debe haber?
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“No debe haber torpeza, no debe haber mala escritura” dice. “No debe haber mentiras”.
Stilwell tiene algo que decir: “No debe haber pereza”. Porque pereza es no pensar en lo que se debía profundizar. Lo que se debía saber para dar a los lectores. Lo más importante es que los personajes sean tridimensionales, si sienten planos no hay emoción”. Entonce no importa, dice, si los lectores conocen los acontecimientos o no: “La Historia que estudiamos en la escuela se escribió con los hechos terminados. La escribieron personas a quienes los jefes les pagaban para contar qué había pasado con sus padres y ya estaba todo terminado. Cuando escribí mi primera novela histórica se la leí a mi hija y me dijo: ‘No me cuentes el final’. Y eran cosas que habían pasado 700 años antes”.
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-¿Siempre tiene que haber romance?
Dice Canale: “A mí me interesan las grandes emociones. En general es gente que ha sido sacudida por un romance... Me juego: sí.
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Stilwell no está de acuerdo: “Pues, no. Es curioso porque he escrito sobre Pedro e Inés de Castro, que son predecesores de Romeo y Julieta. El príncipe se se enamora de una dama y el padre del príncipe la mata. Y yo he escrito sobre Inés de Castro, sobre quien ya habían escrito muchos, como Pessoa o Camoens. A mí no me interesaba mucho los romances y, además, no iba a competir con ellos. A mí me interesaba quién era esa mujer. Por lo tanto, me parece que no debe haber una fórmula igual en todos los libros. En Filipe, por ejemplo, me interesa la lucha del poder por el poder, no por el amor.”
-Estamos en épocas que es muy difícil decir cualquier cosa sin ponerse de un bando o de otro. ¿Cómo hacen con personajes históricos?
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Dice Stilwell: “Yo digo que soy periodista del pasado, porque tienes que haber más que una voz. No es una biografía única. Lo retrato visto por sus enemigos, visto por sus hijos, visto por sus opositores. Son muchas miradas. Tú estás leyendo y te puedes sentir muy próximo de los personajes y simultáneamente te puedes identificar con su enemigo”.
Y Canale: “Aquí la cosa está más difícil, más espesa. Me he metido con tipos que son muy discutidos y que engendran pasiones. Rosas, por ejemplo. A veces vienen a discutirme. Y con San Martín, ni te digo. Si era espía, si era un hombre comprado por el Reino Unido... siempre. La historia ha sido muchas veces contada por cronistas pagos. O sea, gente paga por la burocracia política. Entonces había un solo costado. Pero con el tiempo hemos tenido las historias más chicas. Así que recomiendo abrir la cabeza, no quedarse ni de un lado ni del otro, porque si estás de un lado o del otro se empequeñece tu mirada. Sos una persona con la mitad del cerebro en funcionamiento. Especulo con que abramos la cabeza y leamos todo y que no nos tengamos que poner de un lado. San Martín fue extraordinario o San Martín fue malísimo.... es infantil. Entonces crezcamos, dejemos de ser niños de cinco años con berrinche. Han sido personas con vidas repletas de matices como las nuestras. Lo que pasa que hicieron una nación o tuvieron ideales mucho más importantes que los que tenemos nosotros.
-¿Haya algo que hayan descubierto y no han dicho?
Canale interviene: “Sí, pero lo conté”. Lo hizo, dice, “en El diablo, que es la historia de Bernardo de Monteagudo, un héroe nuestro, el primer revolucionario del Río de la Plata y más allá, diría yo. Lo que lo que no se había contado tanto y yo conté -y por eso muchas veces me llegó el griterío de muchos hombres- es que Monteagudo tuvo un affaire con Remedios de Escalada. Fijate que son muchos los que creen que soy yo la que traicionó a mi queridísimo José de San Martín, a quien amo con locura”.
Stilwell también tiene lo suyo: “Bueno... hablo de personas que están muertas hace muchos años. Pero hay tanta cosa que no fue contada... Y es necesario contar, con Felipe, el rey maldito, que a los portugueses no les gustan los Felipes, porque representan el tiempo en que Portugal perdió la independencia”. Felipe, dice la autora fue “cancelado”. Y “descubrirlo ha sido muy interesante. Hay muchos matices en la Historia, aparece como un hombre capaz de matar a su propio hijo y también un hombre muy cercano de sus hijas, al punto de que una de ellas le escribiera desde Madrid a Lisboa: “Padre, mi regla no me baja, qué pasa”.
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