Pablo Berger revela la magia detrás de “Mi amigo robot”, una joya del cine animado

La película española candidata al Oscar sobre la particular amistad entre un perro y un androide, es una historia poética y emotiva. “El cine es una experiencia sensorial, no intelectual”, afirma el director

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Trailer de "Mi amigo robot", de Pablo Berger

El cineasta español Pablo Berger estrena en Argentina su más reciente obra, Mi amigo robot (Robot Dreams), una película de animación que generado admiración de la crítica internacional. La cinta, que ya ha sido reconocida con una nominación a los Premios Oscar en la categoría de “Mejor Película Animada” y ganó dos Premios Goya a “Mejor Película de Animación” y “Mejor Guión Adaptado”, invita a un viaje emocional sobre la amistad y sus vicisitudes.

La trama de Mi amigo robot se centra en la vida de Dog, un perro callejero que vive en Manhattan y está cansado de estar solo. Su vida toma un giro inesperado cuando se encuentra con Robot, un avanzado autómata con aficiones curiosamente humanas como ver películas, jugar al Pong y disfrutar de hot dogs. La amistad que desarrollan demuestra ser profunda, aunque puesta a prueba cuando Dog debe dejar a Robot en la playa durante una noche de verano, planteando la incógnita de sí su lazo podrá resistir esta separación. La historia está basada en la novela gráfica Robot Dreams de Sara Varon.

La historia de "Mi amigo robot" explora una profunda amistad entre un perro y un androide
La historia de "Mi amigo robot" explora una profunda amistad entre un perro y un androide

La película no solo ha resonado en los espectadores y jurados de varios festivales internacionales, sino que también ha consolidado el prestigio de Berger como director. Luego de ser estrenada en el Festival de Cannes, recibió aplausos de pie, una respuesta similar se observó en el Festival Internacional de Cine de Annecy, donde se alzó con el Gran Premio Contrechamp. Su recepción positiva continuó en festivales de renombre como Toronto, Londres y Sitges, consolidando su posición como una de las candidatas al Oscar a la Mejor Película Animada, en donde comparte la nómina con El niño y la garza, del genio de la animación japonesa Hayao Miyazaki, Spider-Man: Cruzando el multiverso, la película de Pixar Elementos y la apuesta de Netflix, Nimona.

Mi amigo robot, ambientada en el vibrante Nueva York de los años 80, no solo es un testimonio de la importancia de la amistad, sino también un reflejo sobre la soledad en la gran ciudad y la búsqueda incansable de conexiones genuinas. Todo expresado a través de una animación evocadora y una banda sonora que captura la esencia de la época. Este lanzamiento marca otro hito en la carrera de Berger, un cineasta que continúa explorando nuevos horizontes narrativos y visuales a través de la animación, y al mismo tiempo, ofrece al público argentino una obra que trasciende las fronteras del género.

Entrevista con el director de cine español Pablo Berger - Parte 1

Infobae Cultura entrevistó al director español de Mi amigo robot, estreno de esta semana en Argentina.

—¿Cómo decidiste entrar en el mundo de la animación?

—El origen de todas las razones es la novela gráfica de Sara Varon. La leí en el 2010 y me enamoré de ella. La compré porque colecciono novelas gráficas sin palabras, tengo casi 200. La leí y se convirtió en una de mis favoritas. Pero no pensé nunca en realizar una película. Hice Blancanieves, Abracadabra, que son películas de imagen real. Un día que estaba pensando en mi siguiente proyecto, la saqué, la leí y esta vez, al llegar al final, se me saltaron las lágrimas. El final me conmovió de tal manera, que dije “¿qué ha pasado?”. En ese momento me di cuenta de que había visualizado la película mientras leía la novela gráfica e incluso más allá, me había acordado de seres queridos que ya no estaban conmigo.

De alguna manera pensé: si la novela gráfica me ha provocado a mí ese tipo de emociones, estoy seguro de que si hago la película va a provocar emociones al público porque va a hacer sustituciones y se va a acordar de sus seres queridos. Así empieza todo. Jamás pensé hacer una película de animación, pero sí quiero contar esta historia o me meta en este lío o no se hacía. Soy un amante, crecí con los dibujos animados, realizados a mano, old school. El 3D ya me agarra tarde y con mi hija. Hay grandes películas de 3D, me gustan mucho las de Pixar, pero me siento más cómodo con el 2D. Me parece que la animación 2D te abraza de otra manera, es mucho más humana, es mucho más tierna y las interpretaciones son mucho mejores.

Pablo Berger con el premio Goya a "Mejor guión adaptado" en la ceremonia de los premios Goya al cine español (Foto: REUTERS/Ana Beltrán)
Pablo Berger con el premio Goya a "Mejor guión adaptado" en la ceremonia de los premios Goya al cine español (Foto: REUTERS/Ana Beltrán)

—¿Te costó conseguir profesionales que realicen esa técnica?

—Hay muy pocos ya. Es una técnica casi olvidada. Está claro que hay muchísimas escuelas que forman a los jóvenes animadores en las técnicas 3D, pero muy pocas que forman en 2D, quedan muy pocos en Europa, en Estados Unidos toda la producción es en 3D. Todas las películas de los grandes estudios son animación en 3D. La mayor dificultad para levantar este proyecto fue que en un momento determinado, uno de los grandes estudios de animación europeos que es Cartoon Saloon, que está en Irlanda, responsables de Wolfwalkers, The Breadwinner o El secreto del libro de Kells iban a hacer la película, pero apareció la pandemia del COVID y los planes se tuvieron que cambiar. Al final no pudieron llevar adelante el proyecto y nos encontramos los productores y yo con una película financiada pero sin estudio de animación.

Nosotros tuvimos que montar nuestro propio estudio de animación, alquilar espacios, comprar máquinas, crear un workflow, un pipeline, buscar animadores por toda Europa y eso fue lo más difícil. Afortunadamente, los productores y yo no estábamos solos, sino que conseguimos que un gran director de animación, como Benoît Feroumont, que había trabajado con Tomm Moore en El secreto del libro de Kells, y el director de arte, José Luis Ágreda, que acababa de terminar Buñuel en el laberinto de las tortugas. Tenía una mano derecha y una izquierda muy poderosa, y a eso le sumé el equipo de gente con la que yo trabajo en mis películas de imagen real, los productores, el músico, el montador, entre otros. Monté un equipo que era una mezcla entre gente de animación y gente de imagen real que habitualmente trabaja conmigo.

Pablo Berger se inspiró en la novela gráfica de Sara Varon
Pablo Berger se inspiró en la novela gráfica de Sara Varon

—¿Por qué decidiste volver a hacer una película sin diálogos?

—La experiencia de Blancanieves había sido tan maravillosa en todos los aspectos. Había aprendido tanto como cineasta y sobre todo, había aprendido mucho hablando con los espectadores. Descubrí que los espectadores la vivían como una experiencia única, como una experiencia sensorial, como una catarsis cinematográfica. Quería volver a repetir hacer una película escrita con imágenes. Al encontrar este proyecto, que tampoco tiene diálogos, me permitía hacer lo mismo pero de una manera muy diferente. Esta vez no era un homenaje al cine mudo, es una película sin diálogos y con un diseño sonoro muy complejo, el más complejo de todas las películas que he hecho. Me parecía un reto y a mí me gustan los retos.

Cada película que hago es diferente a la anterior. A mí el miedo no me bloquea, sino que es un aliciente. Por supuesto que tenía miedo y me enfrenté con él, pero también era muy atractivo ese viaje a lo desconocido. Creo que el cine es una experiencia sensorial, no intelectual. El proceso intelectual tiene que ser a posteriori. Una vez que has salido del cine. Me encanta hablar de cine, pero cuando veo las películas quiero sentirlas como la música, como el ballet, como la ópera. Una película como Mi amigo robot o Blancanieves te permite soñar despierto. Quiero que los espectadores, cuando vayan a verla sueñen despiertos durante hora y media.

Entrevista con el director de cine español Pablo Berger - Parte 2

—¿Cómo convenciste a Sara Varon para adaptar su novela?

—Fue el destino. Me invitaron del Festival de Chicago para ser jurado, hice una parada en Nueva York, me reuní con Sara, le propuse la idea y enseguida le sedujo la posibilidad, sobre todo porque era 2D. Cuando se publicó la novela en el 2007, hubo un gran estudio de animación americano que le recomendó hacer en 3D. Al final, el proyecto no se llevó a cabo. También ella conocía lo que había hecho en Blancanieves, le gustaba mucho la película. Entonces, sentía que su bebé, su novela gráfica, estaba en buenas manos.

Me dio carta blanca, no participó en el guión, ni en el proceso creativo y artístico de la película, pero sí la mantuvimos informada de todos los procesos. Incluso nos vino a visitar a España a ver el estudio de animación. La vio en el Festival de Toronto y fue maravilloso para mí, al final de la película los dos en lágrimas nos abrazamos y Sara me dijo “la película es maravillosa, me gusta muchísimo y es increíble que hayas contado la misma historia pero de una manera muy diferente”. Siento lo mismo, siento que Mi amigo robot y la novela gráfica, son muy diferentes, pero son la misma historia.

—La Nueva York de los 80 se vuelve también protagonista de la película. Es una ciudad que vos conocés muy bien, ya que viviste allá ¿Lo pensaste como un homenaje?

—En la novela gráfica no aparece Nueva York de fondo, aparece una ciudad americana, pero no se sabe cuál es. Pero en el momento que realizaba el primer borrador del guion, cuando me di cuenta de que aparte de Robot y Dog, los protagonistas, el tercer protagonista podría ser Nueva York. Ese fue un aliciente que me hizo muy atractivo para mí. Viví en Nueva York diez años, la he conocido en las últimas cuatro décadas, he visto como ha evolucionado.

Berger convierte "Mi amigo robot" en una carta de amor al Nueva York de los años 80
Berger convierte "Mi amigo robot" en una carta de amor al Nueva York de los años 80

Hacer esta carta de amor a Nueva York para mí era importante. Una Nueva York que ha desaparecido, que ya no existe, que era el centro cultural y económico del mundo. Quiero pensar que el espectador que compre una entrada en en la Argentina y vaya a ver Mi amigo robot pueda viajar en el tiempo y espacio a la Nueva York de los años 80 y ver que era único, cosmopolita, especial y sobre todo en un mundo distópico, porque al final es un mundo antropomórfico. Los personajes no están representados por humanos, sino que son animales.

—La película no para de recibir buenas críticas y premios en importantes festivales ¿Cómo vivís todo lo que ha generado?

—El viaje ha sido precioso. Todo empezó en el Festival de Cannes, estar en la selección oficial fue un gran honor. No se puede bautizar una película de mejor manera. La bola ha ido creciendo, luego fuimos al Festival Annecy, el más significativo de la animación, a Sitges, que es el Cannes del cine fantástico. Hemos ido a todos los lados posibles. Ganamos el European Awards a la mejor película animada, los Goya, los Annie y ahora ya llegamos a los Oscar, ya no se puede pedir más.

Ya no es el sueño de robot, es el sueño de Pablo Berger. Mi sueño no es todo esto, sino que es llegar al mayor público posible. Y sin duda, esta nominación al Oscar está consiguiendo que la película sea global, que más gente la vea en Argentina, que más gente la vea en España y que más gente la vea en el mundo entero. Y eso es lo que todo director de cine desea.