Notas sobre el impacto cultural de “Robotech”, a cuatro décadas de su estreno

La serie animada japonesa fusionó tres animés para crear un universo que aún fascina a generaciones, desafiando las convenciones de su tiempo. Aquí, las razones de semejante impacto

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Intro de Robotech

En las tardes de mediados de la década de 1980, el verdadero plan consistía en un vaso de Nesquik frío, un paquete de vainillas y Canal 9. He-Man y Mazinger Z eran los dibujos animados más vistos, y junto a otros éxitos como Transformers y los felinos de Thundercats, los chicos sentados frente al televisor entregábamos nuestras vidas a la fantasía y a una ciencia ficción un tanto naif. Estos productos representaban las antípodas de los clásicos de siempre, como Tom & Jerry y Bugs Bunny y compañía. Iban de la mano de los avances tecnológicos de la época y de un cambio de milenio que se avecinaba con escepticismo. Pero hubo uno de todo ese grupo de dibujos animados que fue el mejor y el que destacó por encima del resto a base de una historia casi inabarcable, llena de golpes bajos y algunas posibles verdades.

En Argentina, Robotech se estrenó en 1986. El productor y guionista estadounidense, Carl Macek, por medio de la productora Harmony Gold, fue el responsable de unir tres animé diferentes (Super Dimensional Fortress Macross, Super Dimensional Cavalry Southern Cross y Genesis Climber Mospeada) en una sola historia, dividida en tres generaciones de seres humanos que resisten invasiones extraterrestres cuyo fin es la Protocultura, una materia prima del cosmos que proviene de las esporas de la flor de la vida y que revoluciona los campos de la biotecnología y el desarrollo posterior de la robótica orgánica.

Un resumen podría ser el siguiente. A fines del siglo XX llega a la Tierra una nave enorme, el SDF-1, deshabitada y cargada (esto lo sabremos sobre la marcha) de Protocultura. Los primeros en invadir para recuperarla son los Zentraedi, raza creada por los que serán los invasores de la segunda generación, los Maestros de la Robotechnia, necesitados éstos de la energía en cuestión para seguir dominando el universo. Hacia el final de esta segunda entrega nos enteraremos que otra raza, los Invid, persiguen a los Maestros en venganza por la casi destrucción de su planeta original. Todos siguen el rastro del combustible de la flor de la vida. En el medio, la Tierra es el escenario de la calamidad y de la muerte.

En los 80, Robotech revolucionó la ciencia ficción infantil con su complejo mundo
En los 80, Robotech revolucionó la ciencia ficción infantil con su complejo mundo
  • A lo largo de los ochenta y cinco capítulos, la saga ahonda en temáticas que hasta ese momento habían permanecido veladas al público infantil:
  • Un conflicto nuclear mundial: a la llegada de los primeros invasores, las naciones del mundo están sumidas en una guerra total que acabará con la humanidad
  • En Robotech los buenos mueren, como es el caso del personaje secundario de la primera generación, Roy Focker, o la novia de Scott Bernard, en la tercera
  • También, algo inaudito para la época, los personajes se besan y protagonizan triángulos amorosos, como el del héroe principal, Rick Hunter con la cantante Minmay y con su capitana, Lysa Hayes
  • La heroína de la segunda entrega, Dana Sterling (hija híbrida de un soldado terrestre y una invasora zentraedi) aparece desnuda mientras se baña
  • En la tercera generación, el soldado Lancer es un cantante que se trasviste y se hace llamar Yellow Dancer

A diferencia de los otros dibujos animados mencionados anteriormente, daba la sensación de que lo que relataba Robotech podría llegar a ser realidad en unos años, sobre todo contemplando la problemática del mundo de ese entonces, que para nada difiere con el actual: el mundo se dividía entre los ejes estadounidense y soviético o ruso. Los avances tecnológicos apuntaban a equiparse para la guerra y la defensa, y las noticias acerca de las carreras armamentistas de las naciones más poderosas eran moneda corriente. También comenzaban los conflictos alrededor de un combustible fósil, el petróleo, y la NASA continuaba su programa SETI, búsqueda de inteligencia extraterrestre. En una década en la que todo parecía posible, la saga Robotech nos alimentó de manera poco sutil.

Carl Macek, fusionando tres animés para dar vida a Robotech
Carl Macek, fusionando tres animés para dar vida a Robotech

Abundan las escenas poéticas y surreales. Por ejemplo, al término de la primera generación, Lynn Minmay da ánimos a las tropas cantando su hit mientras observa la batalla final contra las fuerzas zentraedi. El efecto que esto tendrá en los invasores, una raza guerrera, será inesperado: caerán rendidos ante el encanto de la música y conocerán los conceptos de paz y amor a través de sus espías enviados a la Tierra. Otra escena memorable es cuando se revela que los Maestros de la Robotechnia gobiernan y viven en triejas, es decir, de a tres. Carecen de sentimientos y emociones, y lo que dicen y hacen es producto de la conexión cerebral entre las tres partes.

Ulpio Minucci fue el italiano encargado de la banda de sonido de la serie. Son más de diez las composiciones orquestadas que desfilan en Robotech, siendo la cortina del comienzo un temazo digno de varias escuchas. Hay música para cada momento, ya sea en estética rock, tecno o incluso baladas: para el amor y las desavenencias de los personajes; en los pasajes de intriga y misterio; para el drama de las batallas y la inminencia del peligro; cuando se ahonda un poco en la mitología de los invasores o cuando los personajes son traicionados; como victoria ante el triunfo próximo y para acompañar la tensión constante que hay capítulo tras capítulo. El trabajo de Minucci nos recuerda al del grandísimo Ennio Morricone y su ductilidad musical en pos de las emociones de lo que vemos en la pantalla.

Ulpio Minucci compuso la banda sonora de Robotech, creando una experiencia inmersiva
Ulpio Minucci compuso la banda sonora de Robotech, creando una experiencia inmersiva

Por parte de los personajes hay cuestionamientos de todo tipo. Con respecto a las diferencias entre las civilizaciones, Rick Hunter y Lisa Hayes debaten acerca de la naturaleza de la guerra y de la tragedia que representa no estar solos en el universo. Ambos, también, muestran un sentimiento de desolación por las muertes de tantos humanos, además de una nostalgia notoria por lo que era la Tierra antes de la llegada de los primeros invasores. También la estrella pop Lynn Minmay, una especie de Madonna adolescente del espacio, se arrepiente una y otra vez de haber abandonado al lindo de Hunter por el impresentable de su primo. Y Dana Sterling lamenta profundamente su error al haber liberado con un ataque las esporas que atraerán a los Invid. En la tercera generación, Scott Bernard y la banda de rebeldes que lo acompañan, casi todos menores de veinticinco años, mencionan que jamás conocieron la Tierra sin invasores. Todos, de una u otra manera, conocen la fatalidad de saber que solamente unos pocos terminarán por salvarse.

Una vez que llegó a su fin, el mundo Robotech continuó en expansión, echando luz sobre sucesos de la serie que permanecían en la incertidumbre. Por ejemplo, al final de la primera generación, Rick Hunter parte a bordo de una nave para continuar la guerra más allá de la galaxia. Lo que sucedió durante esa travesía lo sabemos gracias a la película The Sentinels. En otra, The Shadow Chronicles, se revela qué sucedió con los personajes de las generaciones segunda y tercera al finalizar la guerra con los Invid. También hay novelas gráficas que cuentan los orígenes de todas las civilizaciones que aparecen en Robotech y los inicios de semejante conflicto intergaláctico. En muchos videos de You Tube se enumeran los guiños y links que existen entre las tres temporadas y las películas, solo para el deleite de un fandom que nunca envejece.

Recuerdo sentir un vacío casi existencial cuando Robotech llegó a su fin. Después de Mazinger Z, acaso un precursor de robots manejados por personas (género mecha, se le dice, derivado del japonés meka, mecánico), creíamos que ningún otro dibujo podía volver a deslumbrarnos. Pero Carl Macek tuvo la idea de unir tres animés japoneses y crear así una nueva historia cuyo impacto fue tan inmenso como el espacio sideral en donde ésta tiene lugar. De alguna manera, los que hoy tenemos más de cuarenta y pico encontramos en Robotech un símbolo de los ochenta, un recuerdo vívido de esas tardes gloriosas en las todos queríamos ser Rick Hunter piloteando su nave Varitech. Sabemos, porque estamos seguros, de que nada volvió a ser igual después de las guerras de la Protocultura.