
La primera vez que escucho hablar de Cecilia Vicuña es en una clase de arte latinoamericano en el Museo de Bellas Artes. No recuerdo demasiado ese encuentro, solo la sonrisa enorme de Cecilia proyectada en la pantalla. Tiempo después, el año que decretaron una pandemia mundial, vuelvo a escuchar su nombre. Estaba por cumplir treinta años y mi vida, como la de todos, transcurría entre las cuatro paredes de mi casa. Ese año, mientras aplaudíamos a los médicos sin comprender del todo lo que estaba sucediendo, salía de mi casa con un solo propósito: ir a la librería cercana de libros usados. Tenía veinte cuadras, la distancia justa para andar en bicicleta. En esos meses de incertidumbre y soledad, me resguardé en una librería con techos altos y pisos de madera llena de libros viejos.
Fue ahí donde escuché hablar de Cecilia Vicuña por segunda vez. Yo estaba decidiendo renunciar a mi trabajo para dedicarme a pintar y a escribir, y Ana, la librera, me sugirió mirar su obra a modo de inspiración. Durante esos largos meses de pandemia, algo se estaba gestando entre el COVID, los libros y algunas artistas. Una de esas tardes entre mates y charlas, Ana me mostró su colección de libros y me leyó un poema que todavía recuerdo.
Palabrar más o palabrir
es armar y desarmar
palabras
para ver qué tienen
que decir.
Me contó que Cecilia Vicuña es escritora, artista visual y activista chilena. Hablamos de su poesía visual y me impactó la fuerza de la raíz latinoamericana en su trabajo. Me presentó a Cecilia con la misma dulzura que se presenta a una amiga o a un libro. A partir de ese momento, comencé a investigar su obra, a mirar sus entrevistas, a escuchar su voz. En estos años, Cecilia se convirtió en una amiga.

Hace unas semanas, supe que en el Malba iba a presentarse su retrospectiva. Me emocioné pensando que iba a poder ver su arte cara a cara, sin pantallas y sin intermediarios. Ahora, iba a poder conocer a mi amiga en persona.
Unos pocos días después de su inauguración, con 28 grados en la ciudad, voy al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires para visitar Soñar el agua.
Una retrospectiva del futuro. Cuando entro a la sala, en el segundo piso del museo, me cruzo con la primera pintura. En el centro de la tela hay una forma roja como la sangre llena de humo y debajo, una tierra agrietada como un desierto. La muerte de Allende, se titula. La artista chilena realizó esa pintura al día siguiente del golpe de estado de Chile el 11 de septiembre de 1973. En esa pintura se refleja su dolor y también, su inmenso compromiso con la historia.

A medida que voy paseando por sus pinturas, descubro sus primeras obras. Me deslumbran la fuerza de sus colores, la calidez de sus personajes, la potencia de sus narrativas. Hay algo espontáneo y sensible en sus trazos. Pero es en una en particular donde no puedo contener la emoción y empiezo a llorar en silencio.
Bendígame mamita es una pintura de 1978 en la que Cecilia retrata la historia de su madre Norma. A través de distintas escenas, la artista va reconstruyendo la vida de su madre como un mapa de su propia historia. Esa madre que llenó de música su vida.

Además de las imágenes, la obra de Cecilia Vicuña está atravesada por las palabras, y con las palabras, la poesía. Para ella, pintura y poesía tienen una relación intrínseca. Cecilia pinta como escribe y escribe como pinta. Lo hace con una intención que recorre y atraviesa todo su trabajo: hacer del arte una lucha colectiva.
Está comprometida con el movimiento feminista, ambientalista y anticolonialista. Lleva a sus ancestros como bandera y como nudos en forma de quipus. Habla de los desaparecidos y de la herida como quien logra acercarse y acariciarla. La poesía para ella es un gesto donde entran amores, pinturas, fotos, instalaciones, videos, esculturas, nudos, cantos y semillas.

Una de las últimas obras que veo es un video de 23 minutos que se titula ¿Qué es para usted la poesía? Cecilia sale a la calle a preguntar a distintas personas qué es para ellos la poesía. Lo realiza en Colombia en 1980. La obra de Cecilia Vicuña no es cerrada, sino que abre preguntas transformando las palabras en materia viva. La artista hace de su arte un ritual y un territorio de construcción colectiva.
No sé bien qué respondería a la pregunta ¿qué es la poesía?, pero la obra de Cecilia Vicuña podría ser una gran respuesta.

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