Agostina Gianini explora la identidad femenina en su ópera prima “El espacio que ocupo”

El documental expone los mandatos heredados que afectan a las mujeres y plantea interrogantes sobre su relación con la imagen y el cuerpo. “Es una especie de autorretrato”, dice la directora

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Trailer de "El espacio que ocupo", de Agostina Gianini

¿Alguna vez te has preguntado qué te une con las mujeres de tu familia? ¿Hay algunas características comunes que se arrastran entre generaciones? Son algunas de las preguntas que se hace e intenta responder Agostina Gianini en su documental El espacio que ocupo, que estrena el próximo jueves 23 de noviembre. En este trabajo cinematográfico, la directora se sumerge en las complejidades de la identidad femenina, explorando los mandatos heredados que las mujeres llevan consigo y proponiendo preguntas fundamentales sobre la relación que estas tienen con su propia imagen y cuerpo.

El espacio que ocupo indaga en el tejido cotidiano de la vida de la directora, Agostina Gianini, mientras filma a las mujeres de su propia familia. A través de esta mirada íntima, la película construye una imagen de la directora misma, revelando las similitudes y reticencias compartidas por las mujeres al ser filmadas. Se trata de un viaje introspectivo, que cuestiona los mandatos heredados que pesan sobre las mujeres y explorando cómo se puede emancipar uno mismo de estas expectativas. La película invita a reflexionar sobre la construcción del deseo propio y las repercusiones de no ceder ante las exigencias impuestas.

La directora Agostina Gianini comparte su experiencia al realizar este registro cotidiano de su hermana, madre y abuela. Observa la reticencia compartida a ser filmadas y se pregunta sobre la crueldad que las mujeres a menudo se infligen a sí mismas. Las interrogantes planteadas son profundas y fundamentales: ¿Por qué esta relación complicada con la propia imagen y el cuerpo? ¿Cómo liberarse de los mandatos heredados y tomar el control de nuestras vidas? Gianini reflexiona sobre las consecuencias de no responder a estas exigencias y, sobre todo, cómo se puede construir un deseo propio en un mundo lleno de expectativas predefinidas.

La película, en un enfoque íntimo, sigue a las mujeres de la familia de Gianini, revelando similitudes y reticencias compartidas al ser filmadas
La película, en un enfoque íntimo, sigue a las mujeres de la familia de Gianini, revelando similitudes y reticencias compartidas al ser filmadas

Infobae Cultura entrevistó a la directora que estrena en salas su primera película, donde ha tenido el desafío de tener como protagonista a su propia familia.

—¿Qué buscabas con este proyecto?

—La idea de la película surge a partir de mi acercamiento a los feminismos y a la militancia feminista. Tiene que ver con el extrañamiento de las situaciones cotidianas y el no poder volver a mirar las cosas de la misma forma. El feminismo se propone darle nombres a aquellas cosas que se han tendido a invisibilizar. Cuando tenía quince años filmaba con mi cámara MiniDV, sobre todo en situación de vacaciones familiares. Cuando filmaba a mi padre, su reacción ante la cámara siempre tenía que ver con lo lúdico. Hacía morisquetas y se acercaba a la cámara riéndose y afirmando que él no estaba loco. En cambio, cuando filmaba a mi madre y a mi hermana, su reacción era completamente distinta. No querían ser filmadas. Empecé a preguntarme el porqué de esta reticencia a ser filmadas. Si bien entiendo que filmar a alguien que no quiere ser filmado puede ser considerado éticamente juzgable, la cercanía a las mujeres retratadas en la película (mi hermana, mi madre y mi abuela) y la pregunta genuina de querer desentrañar esa reticencia, me habilitaron a poder hacer esta película. Siendo yo también una más de estas mujeres.

—¿Cómo reaccionó tu familia a la idea de ser filmada?

—La primera reacción fue la reticencia. No querían ser filmadas. Pero para mí el mayor interrogante era: ¿por qué no? Por ser feas, bichos, gordas y viejas. Esas eran las palabras que utilizaban para describirse. Aunque yo estuve la mayor parte del tiempo detrás de la cámara, ellas constantemente me interpelaban con sus palabras. “A vos tampoco te gusta” me dice mi mamá mientras la entrevisto. El hecho de verse en pantalla grande es algo que muchas veces inhibe, sobre todo, a personas que no se dedican a actuar.

La idea de que otros estén escrutando tus acciones y palabras no resulta agradable, pero hoy ellas están entusiasmadas con el estreno de la película y estarán presentes ese jueves 23 de noviembre en el Cine Gaumont. Salvo mi abuela que falleció este año el 7 de junio y que lamentablemente no pudo ver la película. Yo hablé con ellas en reiteradas oportunidades y les manifesté que lo que se ve en pantalla son personajes, no son ellas como persona, nunca vamos a poder representar todas las aristas y complejidades de una persona en un documental. Es un recorte que yo hice, en un determinado momento y queriendo comunicar algo en concreto. No son ellas. Vendrían a representar arquetipos.

Es la primera película de la directora Agostina Gianini
Es la primera película de la directora Agostina Gianini

—¿Por qué decidiste no salir en cámara?

—Salgo en cámara, pero no de la misma forma que las protagonistas. Salgo en el material de archivo cuando era niña y adolescente y salgo en reflejos del material más actual. Mi planteo es que las tres son espejos en los que me miro y me veo reflejada. Por eso la decisión del tríptico en los momentos de material de archivo familiar. Considero que el film es una especie de autorretrato, por lo cual, mi presencia en el film atraviesa todo el relato. Sobre todo, en los momentos en los que ellas se dirigen hacia mí y me interpelan. Tenía muy en claro que no quería hacer una película que hable únicamente desde el ‘yo’. Los documentales autobiográficos hace cierto tiempo que están en boga y si bien no tengo problema en que la película se inscriba en ese corpus, tenía la certeza de que no quería repetir el formato clásico del documental que se sostiene mediante una voz en off que guía el relato. En los primeros cortes esa voz en off estaba, pero luego desapareció porque consideré que no era necesaria. Lo que quería contar se podía contar haciendo dialogar los materiales de archivo de las distintas épocas y haciendo dialogar a estas tres mujeres entre sí.

—¿Cómo decidiste abordar el tema de la belleza y los estándares de belleza que se espera de las mujeres?

—Creo que es un tema que atraviesa a todas las mujeres que conozco. No solo a las de mi familia, sino a mis amigas, a mis compañeras de trabajo y a mis compañeras de militancia. Incluso a las actrices y modelos que una podría considerar “hegemónicas”. Creemos que ellas no tienen inseguridades, pero sí las tienen. Hay una constante preocupación por nuestro aspecto y cómo seremos percibidas. Es como si estuviéramos buscando incesantemente la aprobación de un otro. Es muy agotador estar pensando constantemente en cómo tenemos que vernos o qué tenemos que decir para ser aceptadas. Aun habiendo comenzado un camino de deconstrucción, es muy difícil despojarse de lo escuchado y aprendido a lo largo de toda la vida. Las mujeres también crecimos en una sociedad patriarcal y muchas veces perpetuamos ese sistema con nuestras acciones y comentarios, aun siendo las más perjudicadas.

Gianini se cuestiona la razón detrás de la crueldad autodirigida que las mujeres a menudo experimentan
Gianini se cuestiona la razón detrás de la crueldad autodirigida que las mujeres a menudo experimentan

—¿Qué tuviste en cuenta al armar el guión para armar la historia y durante la edición?

—No partimos de un guión cerrado. Yo tenía en claro que quería retratar situaciones del universo cotidiano. Toda la película se filmó dentro de la casa familiar en Adrogué. Tenía una limitación en el caso de mi hermana, ya que ella vive en Londres hace más de 6 años. Entonces solo podía filmarla cuando ella venía de visita, más que nada a fin de año, para las fiestas o en enero. Podríamos decir que el documental tomó forma en el momento del montaje. Teníamos tres generaciones de mujeres atravesadas por mandatos heredados. Ese mandato tiene mayor preponderancia en el personaje de mi abuela, ya que ella manifestaba no haber podido decidir muchas cosas en su vida y eso la amargaba. En el caso de mi madre, podemos ver la lucha entre el mandato y el deseo. Si bien ella estudió medicina, su verdadera pasión tiene que ver con lo artístico, que siempre sostuvo como hobby. A mi hermana la filmé preparándose para el casamiento de una amiga, maquillándose frente a un espejo tríptico. También, armando la valija para volver a Londres. Hay algunos personajes masculinos dentro del film, como mi padre, mi abuelo y el exnovio de mi hermana. Pero no son los protagonistas. Me parecía interesante que el material de archivo familiar (desde el Super8 de cuando mi mamá era una niña, hasta las filmaciones que yo hacía a mis 15 años con una cámara MiniDV) dialogan con el material actual, ya que muchas de las cosas que se decían en el pasado, vuelven a repetirse en el presente.

—¿Cómo conformaste tu equipo de trabajo?

—Para mí era muy importante incorporar la mirada de otras mujeres a la película. Porque considero que eso la enriquece. Es por eso que el montaje lo hice junto a Nubia Campos Vieira, la corrección de color con Lucila Kesselman, el diseño sonoro con Florencia González Rogani, la mezcla con Mercedes Tennina, las animaciones con Olivia Ramos Mira y el diseño gráfico con Valentina Seoane. También aportó mucho al proyecto mi amigo Julián Cohen Rúa, quien hizo la música y me acompañó durante la primera parte del proceso de montaje.

*”El espacio que ocupo”, de Agostina Gianini se podrá ver desde el jueves en el Cine Gaumont (Avenida Rivadavia 1635, CABA).

[Fotos: Gentileza Julieta Bilik Prensa]