Aristócratas en el exilio francés, los más blancos de todos los bluseros, punks antes del punk, modernos en su clasicismo atemporal, andróginos, bellos y sucios, siempre bien vestidos, y derrochando glamour tóxico -gracias a la mano mágica de Marianne Faithfull-, provocadores -¿dejaría que su hija se case con un Rolling Stone?-. Lores londinenses y forajidos que miran al resto de la realeza británica desde arriba, Dorian Gray y el retrato a la vez, el pacto con el demonio de Robert Johnson pero sin morir a los 27 -salvo Brian Jones-, fiestas interminables, más problemas con la policía que con las drogas, desafío permanente contra el tiempo. Todo eso y mucho más siempre fueron los Rolling Stones. Si alguien que hubiera caído en un coma en 1971, se levantara en octubre de 2023 y lo primero que viera fuera los nuevos lanzamientos, pensaría que no pasaron tantos años, que los Stones ahí siguen. En el medio pasó mucho, de la formación original solo quedan dos, aunque el fallecido Charlie Watts y el renunciado Bill Wyman toquen ambos en el nuevo álbum, grabado entre 2020 y 2023.
Hackney Diamonds es el disco número 24 de su carrera, el primero en estudio desde Blue and Lonesome (2016) y el primero con canciones nuevas propias desde A Bigger Bang (2005). Eso habla de la longevidad de gente que en los 60 decía que soñaba hacer rock and roll “por un par de años”, Jagger, incluso, llegó a decir que no quería “seguir cantando Satisfaction cuando tenga 40″, hoy tiene 80, y, sobra decir, lo sigue haciendo. Para sus fans, tal vez, su último gran disco fue Some Girls (1978), o Tattoo You (1981), aunque Blue and Lonesome fue un muy buen regreso a los orígenes, haciendo lo que hacían cuando ensayaban en los húmedos pisos londinenses viejas canciones de sus héroes americanos de blues. Desde principios de los 80, la banda se concentró más en las giras y saca discos con un par de buenas canciones, mucho relleno, y bastante formula “para cumplir”.
Los Stones fueron calificados como “la mejor banda de rock and roll del planeta” durante mucho tiempo, pero, si hubo una época donde esa etiqueta realmente aplicaba, fue entre 1968 y 1973. En aquellos años, publicaron: Beggars Banquet (1968), Let It Bleed (1969), Sticky Fingers (1971), Exile on Main St. (1972), Goats Head Soup (1973). En el 69 había muerto, ahogado en su piscina, en circunstancias nunca aclaradas del todo, Brian Jones, tenía 27 años y la banda lo había expulsado seis meses antes. Era el fundador, y, para muchos fans, la verdadera alma del grupo, aunque Richards suele bajarle el precio a sus aportaciones y dice que esto no es tan así. Lo cierto es que, sin Jones, y cuando Keith tomó más la posta, se despacharon con varias obras maestras. Si el rock and roll debe sonar de alguna manera es como en Sticky Fingers y Exile on Main St. Si un extraterrestre bajara a la Tierra y quisiera saber que fue eso que se dio en llamar rock and roll, esos dos discos serían los dos primeros que deberían escuchar.
A estas alturas, los Stones tenían mucho mas que ver con una banda de rock americana que con cualquier cosa salida de las islas británicas. Los pianos salidos del honky-tonk, la guitarra pedal steel, los vientos tipo Stax y el sentimiento en general sureño, lleno de blues pero sobre todo de country y soul, los habían convertido en una banda muy diferente a aquella de los primeros años. En Sticky Fingers, incluso, Jagger canta imitando el acento sureño estadounidense, y el resultado no es ridículo, sino más bien todo lo contrario. Por esta época, con la producción de Jimmy Miller y el ingreso de Mick Taylor -que ya había grabado en Let It Bleed-, los Stones se convirtieron en la banda arquetípica del rock and roll.
En imagen también habían cambiado, gracias al ojo de Marianne Faithfull y de Anita Pallenberg. La banda atravesaba su etapa más glam, en consonancia con lo que estaba pasando por aquellos años, pero era un glam callejero, alejado de los disfraces espectaculares de David Bowie o del glamour de Marc Bojan. Los trajes de los primeros años habían quedado en el pasado y Keith Richards comenzaba a tener el típico look que, aún a día de hoy, es imitado por cientos de miles de aspirantes a rockeros o de fanáticos y nostálgicos del genero, esa especie de pirata siempre al filo de batirse a duelo. Jagger también se estaba transformando en el aristócrata que es hoy. Podría decirse que Richards siempre quiso ser un forajido sin serlo del todo aunque haya tenido varios problemas con la ley mientas que Jagger siempre quiso ser de la realeza, sin serlo del todo, aunque haya sido nombrado Sir.
La relación entre Mick y Keith siempre fue el gran motor y tema de la banda, y se parece bastante a un romance, con sus amores, odios, contradicciones, idas y vueltas, de hecho ha sido la relación más duradera y constante a lo largo de la vida de ambos. En las imágenes y los videos de la gira del 72, esta dinámica alcanza su climax, y ahí se parecen bastante a una pareja. En su autobiografía, Life (2011), Keith Richards habla largo y tendido de su relación con Jagger, de hecho, junto a su ex pareja Anita, es la persona a la que mas párrafos le dedica. Dice que lo considera “como un hermano” y que siguen “siendo amigos” pero algunas paginas después lo desmiente, y le lanza duros dardos. A su amigo/hermano/pareja de vida, lo retrata como una persona bastante arrogante, snob, superficial y mezquina. Se burla de su fijación con la aristocracia, la fama y el jet-set, y de su carrera en solitario, que nunca pudo despegar, obviamente, porque aunque Jagger sea el frontman más carismático de la historia del rock, sin Keith es como si le faltara una pierna.
Poco después de la salida de Tattoo You, un entrevistador de Rolling Stone (la revista) le dijo a Keith Richards que esperaba que la banda continuara tocando durante, al menos, otros 20 años más. El guitarrista le respondió, categórico: “Yo también, porque nadie más lo ha hecho, ¿sabes? Es interesante descubrir cómo puede envejecer el rock & roll”. “Es como si Mick aspirara a ser Mick Jagger, persiguiendo su propio fantasma” escribió Richards en Life, y también es una sentencia que aplica para él mismo.
Hoy, es un hecho ya que los Stones, con miembros que murieron, otros que fueron expulsados, otros que renunciaron, otros que llegaron y se quedaron, simplemente quieren seguir siendo los Stones el mayor tiempo que puedan, persiguiendo la llama sagrada del rock and roll que parece haberse apagado hace mucho para casi todos los demás, pero no para ellos. Y está muy bien que así sea. Cualquiera que los haya visto en vivo sabe que en una buena noche, todavía es posible ver una chispa entre la banda, y tener, ahí mismo, in situ, destellos de lo que alguna vez fue la mejor banda de rock and roll de todos los tiempos.
[Fotos: REUTERS/Toby Melville - Robert Knight Archive/Redferns)