Jesús, el conocido más desconocido del mundo

El próximo lunes 9, en la Feria del Libro de Buenos Aires, el autor firmará ejemplares de “El Jesús de la historia”, y en esta nota relata el proceso de escritura

"El Jesús de la historia" (Dunken), de Mario Vidal

El próximo lunes a las 18, en el pabellón verde, en el stand Nº 1123, firmaré ejemplares de mi nuevo libro, El Jesús de la historia.

La perspectiva de tan grata experiencia personal trae a mi memoria un curioso episodio judicial registrado en la localidad de Viterbo (Italia), en septiembre de 2002.

Un ingeniero agrónomo llamado Luís Cascioli denunció al cura del lugar, alegando que todos los domingos hablaba de Jesús sin presentar pruebas de que hubiera existido.

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Según el denunciante, al inventar la existencia de un personaje irreal el sacerdote violaba dos artículos del Código Penal: el 661 de “abuso de credibilidad popular”, y el 494 de “sustitución de persona”.

Los jueces le preguntaron: “Pero ¿acaso los evangelios no prueban la existencia de Jesús?”. Cascioli respondió que no, porque “los evangelios no son libros de historia sino novelas sobre la vida de un personaje ficticio que inventaron con fines religiosos”.

El tribunal rechazó la demanda por absurda, en fallo que el demandante rápidamente apeló.

En una instancia superior, se ordenó al sacerdote presentar pruebas de la existencia de Jesús, situación incómoda para él, porque no tenía las evidencias que se le requería.

La causa pasó a una tercera instancia, donde se volvió a rechazar la demanda, y se declaró el archivo de la causa.

Sin embargo, existió

Aquel insólito pleito judicial fue rescatado en un libro por el sacerdote Ariel Álvarez Valdés.

Este religioso reconoció que examinando la información proveniente de aquellos tiempos salta a la luz que efectivamente ni un escritor ni un historiador ni un cronista ni un ensayista ni un poeta ni un contemporáneo de Jesús habló de él.

Aunque parezca mentira, figurando como una personalidad tremendamente trascendente e influyente, nadie reparó en él, ni para criticarlo ni para alabarlo. No ha llegado hasta nuestros días ni siquiera una alusión de pasada. Históricamente, de Jesús no hay nada.

Por eso, en mi libro, lo defino como lo que es: “El conocido más desconocido del mundo”.

Jesús entrando a Jerusalén el burro, pintura de Pietro Lorenzetti

Solo un hombre

Sin embargo, basándome en aproximadamente veinte fuentes, puedo dar fe de que sí existió. Nació en Galilea, viajó por varios países, y luego de años de estudio y de preparación regresó trayendo una nueva luz a los hombres y mujeres de Galilea e Israel.

Eso sí: no fue Dios ni bajó a los infiernos ni resucitó al tercer día de su crucifixión.

Eso de que siendo Dios murió y resucitó para rescatarnos de las garras del diablo y salvar nuestras almas del infierno fueron dogmas impuestos por obispos convocados por emperadores romanos, en concilios que se realizaron en Nicea y en Calcedonia.

Fue solo un hombre. Un hombre que no resucitó muertos ni dijo haber nacido de una virgen ni alegó que su madre era la “Madre de Dios”.

No fundó religión alguna. Humilde entre los humildes, jamás hubiera aceptado los más de diez títulos que varios siglos después de su muerte la Iglesia le adjudicó.

Pero en Roma, en torno de la figura de este galileo se escribieron relatos fantásticos que se agruparon en el llamado Nuevo Testamento, presentado en el Concilio de Nicea en el año 325.

El hombre de la justicia social

En una tierra plagada de fanáticos fundamentalistas, Jesús plantó lo que hoy llamamos justicia social, derechos humanos, libertad de conciencia, y derechos de la mujer.

No fue Dios, como dicen ni murió por nadie. Fue un pensador cuyas ideas causaron un impacto tan inconmensurable que hasta dividió la historia humana en antes y después de él.

Jorge Luís Borges dijo en cierta ocasión: “Siempre he tenido una admiración especial por Jesús. Creo que es un pilar de la historia del mundo, y que lo seguirá siendo, inclusive, aún más en el futuro”.

Comparto ese pensamiento. Desde mi trinchera, que es la de analista de historias, proyecto hacia la figura de Jesús la misma admiración expresada por el maestro.

Fruto de esa compartida admiración es mi nuevo libro, El Jesús de la historia.

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