Cristian Alarcón: “América Latina sigue produciendo narrativas para existir y darse identidad”

Desde Madrid, el periodista y editor chileno presentó su nuevo libro, “El tercer paraíso”, ganador del Premio Alfaguara de Novela, junto a Pepa Fernández

Cristian Alarcón en ala presentación de su libro en Madrid

América Latina sigue produciendo narrativas para existir y darse identidad. Es una identidad que proviene de su mixtura pero que también proviene de su narrativa”, dijo hoy, desde Madrid, Cristian Alarcón en el Espacio Fundación Telefónica. Fue la presentación internacional de su nuevo libro y primera novela, El tercer paraíso, que le valió el Premio Alfaguara 2022. La periodista española Pepa Fernández fue quien lo entrevistó. Se transmitió en vivo desde YouTube.

Uno de los primeros temas que desarrolló fue su paso de la no ficción a la ficción. Ya que Alarcón se dedicó al periodismo desde muy joven. Escribió crónicas en Clarín, Página 12, Crítica de la Argentina, TXT, Rolling Stone y Gatopardo. Sus libros Cuando me muera quiero que me toquen cumbia (2003) y Si me querés, quereme transa (2010) suelen ser definidos como relatos urgentes en novelas de no ficción. El anterior, Un mar de castillos peronistas (2013), es de crónicas de viaje y perfiles.

“La novela te demanda de otro modo. Yo sentí que tenía que abandonar un montón de aprendizajes respecto a mi oficio de escritor de no ficción”, dijo, así como también “despegarme del mandato de lo fáctico, del mandato anglosajón del periodismo, el fact-checking”. Agregó, además, que “hay un imperativo que ya no es lo real, ni la eficiencia del texto, ni pertenecer o no a un género, sino que de pronto lo que estás escribiendo te gobierna de un modo”.

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“Escribir hoy un libro de no ficción y mañana una novela... yo no me atrevo a decir que pueda hacer eso, estar en un lugar y después pasar a otro. ¡Y con todo lo anfibio que soy! Es más propio de un bisexual que de un poliamoroso”, dijo entre risas. Para pasar a la ficción, entonces, transitó “una liberación de poder inventar: estos personajes no me sirven a mí, no le sirven al mundo, pero no le sirven a la novela”.

"El tercer paraíso" (Alfaguara) de Cristian Alarcón

En la ficción, aseveró, “todo lo estás diciendo, escribiendo, en el aquí y ahora, y lo estás decidiendo en el lenguaje. Privarte, por ejemplo, de las metáforas, limpiar un texto de adjetivos no porque te gustan o te dejen de gustar, no por agradarle a alguien”. “La crónica en su afán de existir, porque es un género bastardo, tiene el complejo de ser bien escrita. Hay un sobreesfuerzo, una extraordinaria ambición. Tiene que ver con el uso del lenguaje, un floripondeo, un adorno. En la novela, si te dedicás a demostrar que escribís bien, perdés, porque en en tu afán de mostrar tus dotes puede que pierdas al lector”, opinó.

“Los materiales de la ficción, descubro ahora, son materiales infinitamente más explosivos porque ni siquiera cuando te sentás a escribir podés medir el alcance de la historia que te están contando. Al comienzo —dice sobre El tercer paraíso— no se ponían de acuerdo los dos tonos, el narrador que cuenta cómo construye su jardín en las afueras de la ciudad y el narrador que reconstruye la historia de los personaje que va de la década del cuarenta hasta los ochenta”.

En la novela, las flores, el jardín, la naturaleza, todo eso está muy presente. Es una exploración de su “pasión por la botánica”, la cual le ha dado “lecciones de vida”. “Algo que aprendí es que cuando uno abandona el jardín, no muere. Se transforma en otra cosa”, contó. Fue lo que le pasó cuando, mientras escribía la novela, en cuarentena, cultivaba su jardín. ¿Cuándo finaliza un jardín?, le preguntó la periodista. “Cuando cortan las flores y te la llevan a la tumba”.

Alarcón junto a la periodista Pepa Fernández

“Esta novela está hecha de todos los libros que no terminé”, dijo y más tarde agregó: “La novela está escrita desde el desapego. Volverse escritor de ficción a los 51 quizás sea por tener la posibilidad de haber amansado a las ferias de uno y de los demás. No tengo más que agradecimiento y un profundo amor por lo que me fue dado, lo que me fue contado. Y recibir este premio no hace más que acrecentar ese agradecimiento”.

Hubo referencias al Día de la Memoria, el 24 de marzo, a 46 años del golpe cívico-militar en Argentina, un “período por el cual siempre tuve una especial inquietud”, dijo. “Tomos todos seres arrasados y nos hemos reconstruidos como pudimos”, agregó más tarde. La conversación viró hacia una zona más política, sobre de Chile, país donde nació, su nuevo presidente, Gabriel Boric, la dictadura que, según Alarcón, “todavía hoy perdura aunque de otro modo”.

“Chile tuvo un momento de fulgor impresionante, de extrema felicidad, los días en que triunfó Allende. Hubo un tiempo que fue hermoso y que fue feliz. Hay discusiones pero no dudas de lo que vivían los pobres de Chile, que eran inmensamente más pobres que los argentinos, básicamente porque no había peronismo, no hubo un proceso de redistribución de la riqueza, las injusticias eran sideralmente superiores”, aseguró.

Cristian Alarcón, autor de "El tercer paraíso"

Ante la pregunta de si ve algo de Allende en Boric, si hay similitudes, Alarcó contestó que “por suerte Allende y Borc no”. Y explicó: “Allende se había postulado tres veces a la presidencia. Era un bicho de la política. Por más médico y socialista que sea, era parte de la élite. Boric y sus compañeritos llegaron la política con sus combates desde los 14 años. Eso produce un enorme vértigo: ¿estos pibes van a poder gobernar ese bardo que es Chile? Y por otro lado, a un montón de personas que quiero de Chile les produce una ilusión enorme. Tienen un promedio de 35 años, son extremadamente jóvenes. Son una nueva clase política”.

Sobre el final, la periodista le preguntó sobre algo que le ocurría al protagonista: por no ser “tan masculino”, sus padres lo llevaron a a un médico para inocularle testosterona. Alarcón contó que fue algo que padeció de chico. Pero que era un recuerdo que lo tenía borrado hasta hace poco que, leyendo textos sobre cuerpos, textos que se publicaron en Anfibia, apareció en memoria. “Yo creía que recordar era sufrir. Me opongo a esa tesis. No puede ser que recordar sea sufrir”, dijo.

Entre las preguntas del público —una de ellas la hizo su amigo, el escritor argentino Martín Caparrós— aparecieron estas: si la literatura tenía una función terapéutica y si podía generar cambios. Respondió que no. Lo dijo así: “No confío en que la literatura produzca una transformación social importante. Es genial leer, contar con ella, no hay un refugio igual. No le pondría tantas fichas, creo que son otros procesos los que tenemos que dar”.

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