Los espacios de cotrabajo se diversifican en La Habana como respuesta a los apagones nacionales y las limitaciones de conexión doméstica: cafeterías, hoteles privados y emprendimientos ofrecen internet y respaldo energético para sostener empleos a distancia.
La expansión busca atender a profesionales que necesitan una oficina colectiva durante interrupciones eléctricas que pueden extenderse por horas o días, según IPS Cuba.
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El teletrabajo llegó a abarcar a medio millón de trabajadores cubanos en 2023, impulsado por la escasez energética y la pandemia de covid, aunque perdió fuerza en los años posteriores.
Las cifras disponibles del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social reflejan la dimensión que alcanzó esa modalidad antes del actual crecimiento de servicios privados y estatales de apoyo.
La Ley 189 del Código de Trabajo, vigente desde el 25 de septiembre, amplió el marco jurídico para el empleo a distancia y reconoce la posibilidad de contratar desde el exterior. Una regulación de 2021 ya establecía que los empleadores debían proporcionar los recursos necesarios para trabajar desde casa, pero los cortes eléctricos y los problemas de conectividad expusieron la fragilidad de esas garantías.
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Los espacios de cotrabajo, también conocidos como coworking, funcionan como oficinas colectivas con infraestructura compartida para profesionales que pueden desarrollar proyectos propios o en colaboración.
Las primeras iniciativas surgidas en La Habana en 2020 buscaban facilitar esos vínculos laborales, mientras que las nuevas propuestas priorizan la conexión a internet y la autonomía energética.
Gestores de redes sociales, programadores, diseñadores, periodistas, animadores, estudiantes y trabajadores independientes que prestan servicios a empresas extranjeras integran la mayor parte de la clientela.
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Elizabeth Cuesta, gestora de redes sociales, explicó que trabaja desde hace meses en hoteles y cafeterías privadas. “Estaría mejor si no tuviera que moverme siempre de mi casa para trabajar, porque allí no tengo conexión o se me acaba la batería. Es un obstáculo, aunque sea rentable, porque no vivo cerca”, dijo a IPS Cuba.
Los hoteles concentraron inicialmente buena parte de estas alternativas y aún son la principal opción en zonas donde no se instalaron servicios colectivos. Claudia Terry, fundadora de Residencia Albero Dulce, describió el perfil de quienes acuden al lugar.
“Aquí viene mucha gente de marketing, diseñadores, periodistas, o algún freelancer que trabaja con empresas extranjeras, estudiantes y animadores”, indicó al mismo medio.
La afluencia de clientes comenzó a crecer desde febrero, cuando se agravó la crisis energética. Albero Dulce había abierto en 2018 como hotel familiar para visitantes extranjeros, pero la caída del turismo durante la pandemia llevó a sus responsables a sumar actividades de bienestar, clases de yoga y colaboraciones con emprendimientos.
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El establecimiento cuenta con respaldo de energía solar y añadió el servicio de cotrabajo a finales de 2025. Su área laboral cobra 700 CUP (USD 29.17) por hora y ofrece planes semanales y mensuales que alcanzan hasta 80.000 CUP (USD 3,333.34) para usos más intensivos.
El Vedado y la economía circular con talento local
Algunas cafeterías incorporaron esta modalidad mediante consumos asociados a internet y suministro eléctrico. En El Bejuco, por ejemplo, el acceso a esos recursos suele estar vinculado a la compra de algún producto del local.
El restaurante Grados alberga otro espacio de cotrabajo a través del proyecto de desarrollo local Vive el Vedado. Su fundador, Ernesto Asen, explicó que la iniciativa surgió por la necesidad de disponer de un sitio comunitario “donde ser feliz, tomar algo, pero también trabajar o estudiar”.
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El servicio forma parte de la estrategia para reactivar el barrio habanero del Vedado mediante una red de actividades locales. Asen definió esa meta como la posibilidad de “hacer economía circular con el talento local, que todo se reinvierta (…) creando un pequeño ecosistema”.
Terry consideró que el modelo permite dar continuidad a negocios afectados por la baja del turismo y la actividad económica durante 2026. “En la búsqueda para nosotros de qué hacer con el negocio, vimos que en otros lugares del mundo existen espacios así. En Europa, por ejemplo, hay y allí hay conexión”, afirmó a IPS Cuba.
La fundadora de Albero Dulce también vinculó el formato con la posibilidad de que los usuarios desarrollen proyectos conjuntos. “De que las personas conecten (…), trabajen en la misma mesa, escuchen lo que está haciendo el otro y quizás en un futuro puedan formar un proyecto juntos”, agregó.
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Tarifas desde un euro (USD 1.12) y respaldo renovable
El hostal Kerida Habana ofrece puestos de trabajo compartido por un euro cada hora, mientras que La Oficina Coworking funciona dentro del hostal privado Consulado 106. Ambos emprendimientos adaptaron sus instalaciones ante la reducción del turismo y de la actividad económica.
La micro, pequeña y mediana empresa estatal La Quinta SURL comenzó en agosto pruebas de este servicio en el Jardín Botánico La Quinta de los Molinos. Sus instalaciones cuentan con energías renovables y la tarifa establecida es de 500 CUP (USD 20.83)por hora.
La Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo inauguró el Café Coworking Avenida Italia, con distintos niveles de membresía, asesoría y otras actividades. La ciudad también mantiene propuestas anteriores, como Amarillo Coworking y el espacio del Parque Científico Tecnológico de La Habana, ambos creados en 2020.
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