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“Bienvenidos al funeral más barato del mundo”: la crónica del lento apagón del béisbol cubano

El Latinoamericano sigue abierto y el marcador enciende, pero la distancia entre la historia del deporte y la realidad de sus tribunas crece partido a partido. Un turista lo retrató con imágenes y una frase que quedó resonando.

El Latinoamericano exhibe tribunas vacías durante la Liga Nacional (Foto cortesía Portal Ciudadano de La Habana)

Un turista extranjero retrató la pérdida de público y el deterioro material del Estadio Latinoamericano de La Habana, una escena que vinculó con el desgaste cotidiano de una isla atravesada por apagones, dificultades para conseguir alimentos y la salida de jóvenes peloteros hacia otros países.

El visitante llegó al principal estadio de béisbol de Cuba con la expectativa de asistir a una jornada marcada por la música, el bullicio y la rivalidad deportiva. Pagó una entrada de 20 pesos cubanos, una suma que, según relató, equivale a menos de diez centavos de dólar en el mercado informal. Encontró, en cambio, tribunas extensas con pocos asistentes, sectores visiblemente desgastados y un ambiente distante de las postales que durante años identificaron a la pelota cubana.

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Las imágenes tomadas desde las gradas mostraron filas de asientos vacíos frente al terreno de juego. En otro sector, un grupo de espectadores avanzaba por un pasillo azul hacia una zona de tribunas, sin que la afluencia altere la sensación general de un recinto con capacidad para decenas de miles de personas y una ocupación reducida.

El Latinoamericano conserva el juego, pero perdió parte de su público

El estadio sigue abierto y los partidos continúan. Los jugadores saltan al terreno, el marcador permanece encendido y los vendedores circulan en los pasillos. Pero el visitante describió una escena en la que el béisbol cubano parece sostenerse por inercia, con una distancia marcada entre la importancia histórica del deporte y la realidad de las tribunas.

Un turista extranjero documenta el desgaste material del principal estadio habanero, donde los encuentros siguen con baja asistencia pese a boletos de 20 pesos cubanos y una capacidad para decenas de miles de personas.

“El espectáculo hace rato que hizo las maletas”, resumió el turista al observar los asientos vacíos. Su relato no cuestiona que la pelota conserve seguidores en la isla. Plantea, en cambio, que parte del público dejó de acudir con la frecuencia de otros años porque las prioridades diarias se impusieron sobre el ocio.

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Durante décadas, el béisbol funcionó como uno de los principales espacios de reunión popular en La Habana y otras ciudades cubanas. Un juego ofrecía varias horas de distracción, conversación y rivalidad entre provincias. El visitante contrapuso esa memoria con el presente que encontró: una tarde en la que el silencio de las gradas resultaba más visible que el desarrollo del partido.

La situación no se limita a la asistencia. Según su impresión, la falta de vínculos duraderos entre los fanáticos y los planteles también contribuye al desinterés. Los jugadores con mejores condiciones físicas y deportivas suelen buscar oportunidades fuera de Cuba, una expectativa que transforma a la Liga Nacional en un espacio de tránsito para muchos talentos.

La salida de peloteros redujo la posibilidad de que el público se identifique durante años con las mismas figuras. Para el aficionado, seguir a un prospecto puede implicar asumir que su permanencia será breve. Esa discontinuidad afecta la construcción de referentes y erosiona una de las bases tradicionales del espectáculo deportivo.

Una entrada barata no llena las gradas del Latinoamericano. (Captura de video)

Una entrada barata no resuelve el costo de asistir al partido

El bajo precio de los boletos no se traduce necesariamente en estadios llenos. El turista interpretó que la explicación excede el valor de la entrada. Para una persona que atraviesa cortes eléctricos prolongados o destina buena parte de su jornada a conseguir alimentos, transporte y productos básicos, pasar varias horas bajo el sol en un estadio puede dejar de ser una opción viable.

El partido cuesta 20 pesos cubanos, pero asistir exige tiempo, traslado, comida y energía. El relato coloca esos elementos en el centro de la experiencia: la entrada puede ser accesible, aunque las condiciones materiales que rodean al encuentro hagan difícil convertirla en un plan cotidiano.

La oferta dentro del estadio también aparece como parte de esa austeridad. El visitante señaló que la comida se reducía prácticamente a pan con lechón, aderezado con vinagre. No lo presentó como una rareza gastronómica, sino como un reflejo de las limitaciones que observó durante su recorrido por la capital.

El contraste entre el costo de la entrada y el estado del escenario fue uno de los aspectos que más llamó su atención. Las estructuras azules, las escaleras, las barandas y los asientos mantienen la escala del recinto, pero también dejan ver desgaste en distintas zonas. Desde las gradas altas, la distancia entre el tamaño del estadio y la presencia de público acentúa la percepción de abandono.

El pelotero cubano Luis Vicente Mateo batea durante una práctica en el Estadio Latinoamericano de La Habana, Cuba, el jueves 29 de enero de 2026. (AP Foto/Ramón Espinosa)

La pelota continúa, aunque el entusiasmo parece agotado

El turista resumió su experiencia con una frase: “Bienvenidos al funeral más barato del mundo”. La expresión condensa una mirada personal sobre el estado del béisbol profesional cubano, aunque también abre una lectura más amplia sobre las dificultades que atraviesa la vida cotidiana en la isla.

No se trata de que el deporte haya desaparecido. El calendario continúa, los equipos juegan y el estadio recibe asistentes. El problema que retrató el visitante es la distancia entre una tradición deportiva masiva y la capacidad actual de la población para convertir esa tradición en una celebración.

El Estadio Latinoamericano sigue allí, con sus tribunas azules, su campo de juego y su lugar central en la historia de la pelota cubana. En la escena observada por el turista, el marcador conserva su función, los jugadores disputan cada entrada y algunos fanáticos todavía ocupan los asientos. Pero el ruido que antes acompañaba esas jornadas parece haber dejado lugar a un silencio que, para él, explica más que el resultado del partido.

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