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Apagones, medicamentos y ausencias: la vida de una abuela que sostiene sola a sus dos nietas en La Habana

Adela Fuentes Valdés cuida a las menores desde que la madre partió con su pareja, mientras enfrenta cortes eléctricos, escasez de medicamentos y una pensión limitada

Adela Fuentes Valdés, una exmaestra de 71 años, asume la crianza de sus dos nietas en Centro Habana tras la emigración de su hija.(Imagen Ilustrativa Infobae)

A sus 71 años, Adela Fuentes Valdés sostiene a sus dos nietas en Centro Habana después de que su única hija emigrara. La exmaestra jubilada enfrenta una crisis de cuidados que combina apagones, alimentos difíciles de conservar, falta de medicamentos y una red familiar fragmentada por la migración.

La menor de las niñas, Angélica, tenía menos de dos años y problemas de salud cuando su madre decidió salir de Cuba junto a su pareja. La familia vendió la vivienda que había pertenecido al esposo de Adela para financiar el viaje. La niña no viajó por su condición de salud y para no separarla de Paula, su hermana mayor, que hoy tiene 10 años.

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Desde entonces, Adela se ocupa de ambas. Viuda desde hace ocho años, describe cómo la distancia redujo la crisis migratoria del país a una ausencia personal. “Se habla de la crisis migratoria cubana y de que se han ido cientos de miles de personas, pero para mí todas esas cifras se reducen a que se fue mi hija y no sé cuándo la volveré a ver”, contó al Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe (SEMlac).

La historia forma parte de una investigación de SEMlac sobre el impacto de la crisis económica y social cubana sobre las mujeres. En los hogares donde los familiares emigraron, muchas adultas mayores quedaron a cargo de niños, personas enfermas o parejas dependientes, mientras deben resolver ingresos, alimentación y acceso a servicios básicos.

La familia vendió su vivienda para financiar el viaje de la madre, mientras la menor de las niñas permaneció en Cuba por problemas de salud. (REUTERS/Norlys Perez)

Los apagones condicionan la comida y la rutina de la familia

Para Adela, cada compra depende de la electricidad. La falta de refrigeración la obliga a adquirir únicamente lo que su familia consumirá en el día. “Por suerte aquí tenemos gas de la calle; si no, no sé qué haría”, relató.

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Los cortes eléctricos afectan la preparación de los alimentos, el almacenamiento de agua y la conservación de productos perecederos. En una casa compuesta por una jubilada y dos niñas, la dificultad supera la incomodidad doméstica: determina qué se come, cuándo se cocina y cuánto puede durar la comida.

Adela también debe comprar medicamentos para tratar su hipertensión. En la red pública no los encuentra con regularidad, por lo que recurre al mercado informal, donde los precios resultan elevados para una jubilada. En ocasiones toma media dosis para que los fármacos duren más, una decisión que ya le provocó descompensaciones.

La familia del padre de Paula, que emigró a Ecuador, envía 2,500 pesos cubanos (USD 3.21) al mes, una suma que Adela considera insuficiente pero necesaria. “Es una colaboración cada vez más insignificante, pero me ha salvado de poder comprar una merienda para mandar a una de las niñas a la escuela”, señaló a SEMlac.

La escasez en la red pública de salud impulsa a las jubiladas a comprar fármacos para la hipertensión en el mercado informal. (AP/Ramon Espinosa)

La incertidumbre ante la eliminación de subsidios

Adela teme que la eliminación gradual de la libreta de abastecimiento complique aún más la alimentación de su hogar. En junio de 2026, la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó 176 transformaciones económicas y sociales que contemplan la sustitución progresiva de subsidios generalizados por ayudas directas a personas vulnerables.

Las medidas prevén apoyo a pensionados, comedores comunitarios y hogares de alimentación. Sin embargo, para las familias que ya enfrentan carencias, la principal incógnita es si podrán acceder a esos mecanismos.

“Ahora dicen que quitarán la libreta y que apoyarán a los vulnerables. ¿Seremos mis nietas y yo una de esas personas?”, se pregunta Adela.

“Ruego por no enfermarme. Hay días en que me levanto solo por las niñas”, dijo. “Han sido decisiones familiares muy difíciles, sobre todo para las abuelas, solas con nuestros nietos, en una situación que no parece tener fin”, destacó la adulta mayor.

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