La lluvia como única alternativa, después de tres meses sin una gota de agua potable en casa obligaron a Rachel Molina, creadora de contenido cubana, a esperar del cielo para resolver una tarea tan básica como lavar la ropa. La mujer compartió en redes sociales el momento en que, junto a su hija, recolectó agua de lluvia para hacer tareas básicas del hogar, un gesto que terminó por retratar la magnitud de la crisis hídrica que atraviesa la isla.
En el video, Molina explica que la falta de suministro llevó a su familia a aprovechar cada llovizna para abastecerse. “Aunque no lo crean y a muchos les parezca mentira, pues gracias a Dios llovió y esta agua nos vino muy bien”, relató la creadora de contenido. Con baldes y recipientes distribuidos en el suelo, madre e hija juntaron el agua para destinarla al lavado de ropa y limpieza del hogar tareas que llevaban meses sin resolver.
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Durante la grabación, Molina aclara que el agua de lluvia tiene un uso limitado: sirve para bañarse y para lavar, pero no para beber. “Pa bañarse sí, pero pa tomar no”, recalca en el video, mientras su hija confirma que ya habían guardado una reserva aparte. La distinción marca una rutina que se repite entre quienes enfrentan cortes prolongados: cada gota recolectada se clasifica según el uso que pueda dársele.
Una crisis que golpea a millones
El testimonio de Molina se suma a un contexto de escasez de agua potable que afecta a una porción considerable de la población cubana. Según estimaciones recientes de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), 3.5 millones de personas enfrentan dificultades para acceder al agua corriente en la isla, una cifra que equivale a más de un tercio de los habitantes de Cuba.
El deterioro del servicio está ligado de forma directa a la situación eléctrica del país. Cerca del 90% de la infraestructura hidráulica cubana depende de bombas eléctricas, por lo que los apagones, que en ciudades como La Habana llegan a superar las 24 horas consecutivas, paralizan también el bombeo de agua hacia los hogares. Las autoridades cubanas reconocieron a comienzos de octubre que 2.7 millones de personas sufren interrupciones totales o parciales del servicio a nivel nacional.
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Ante la falta de alternativas, muchas familias recurren a soluciones improvisadas: compra de agua a vendedores ambulantes, recolección en tuberías rotas o como en el caso de Molina, aprovechamiento del agua de lluvia. La escasez prolongada también generó un aumento en los casos de enfermedades diarreicas y preocupación entre las autoridades sanitarias por el riesgo de brotes virales.
Una tarea cotidiana convertida en alivio
Para Molina, la llegada de la lluvia representó una oportunidad que no podía desaprovechar. En el video, se la ve lavar distintas prendas mientras continúa lloviznando, consciente de que el tiempo para aprovechar el agua es limitado. “Seguí recogiendo agua mientras que iba lavando”, relata, antes de aclarar que debió adelantar el resto de la tarea de forma apresurada sin grabar, antes de que cesara la precipitación.
Aunque este es un video que puede pasar desapercibido en redes sociales, refleja la precariedad y angustia de los hogares cubanos.
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