La rutina diaria de millones de cubanos vuelve a quedar marcada por la incertidumbre ante los cortes de luz. En las últimas semanas, los apagones extremos se mantuvieron como una constante en Cuba, con afectaciones que superaron los 2,000 megavatios (MW) durante la mayor parte de los días entre el 3 de septiembre y el 2 de octubre.
Los datos disponibles de los partes diarios del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) muestran que, de 28 jornadas con cifras comparables, 23 cerraron con más de 2,000 MW de demanda sin cubrir. El promedio de afectación máxima alcanzó 2,093 MW, una magnitud que refleja la distancia entre la electricidad que el sistema puede producir y la que requiere la población, señala una publicación de Ciber Cuba.
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La afectación equivale a la potencia que las autoridades no pueden suministrar debido a la insuficiencia de generación. Para evitar un colapso mayor de la red, el sistema desconecta circuitos y aplica cortes programados o imprevistos. El resultado se traduce en hogares, comercios y servicios que permanecen varias horas sin energía eléctrica.
Diez días seguidos con afectaciones superiores a 2,000 MW
El período más prolongado ocurrió entre el 3 y el 12 de septiembre. Durante esos diez días consecutivos, la afectación máxima se mantuvo por encima de los 2.000 MW. El mayor registro fue de 2.396 MW el 5 de septiembre.
Luego de una leve reducción durante los días 13 y 14, los cortes volvieron a aumentar. Entre el 15 y el 17 de septiembre, la afectación retornó a niveles superiores a los 2,000 MW. La tendencia se repitió después de una interrupción total del SEN que complicó todavía más la situación.
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El 18 de septiembre, la red eléctrica nacional sufrió una desconexión a las 13:57. La recuperación del sistema se extendió hasta la noche siguiente, cuando quedó restablecida la interconexión nacional. Durante ese lapso, la población enfrentó cortes más amplios y prolongados, en un contexto en el que el suministro ya era limitado en numerosas localidades.
Para muchas familias, los apagones condicionan actividades básicas como cocinar, conservar alimentos, bombear agua, estudiar o trabajar. En zonas con déficits más altos, el servicio puede llegar solo por algunas horas al día. Las interrupciones también pueden prolongarse durante jornadas consecutivas, sobre todo cuando coinciden averías, falta de combustible y aumentos de la demanda.
Las fallas, el mantenimiento y el combustible agravan el déficit
Los informes oficiales atribuyen la crisis a una combinación de averías en centrales termoeléctricas, unidades fuera de servicio por mantenimiento, limitaciones de generación y falta de combustible para plantas de generación distribuida.
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El 18 de septiembre, por ejemplo, había 114 centrales de generación distribuida paralizadas por falta de combustible, con una capacidad conjunta de 926 MW. Al sumar otras instalaciones indisponibles por la misma causa, el déficit relacionado con el combustible llegaba a 1.242 MW. Las restricciones en la generación térmica añadían otros 455 MW.
Los parques solares han aportado electricidad durante las horas de mayor radiación, aunque su producción disminuye al final de la tarde. Esa limitación deja expuesto el déficit durante la noche, cuando aumenta el consumo residencial y cae la generación fotovoltaica.
Cuba atraviesa esta crisis energética bajo un régimen de partido único, con una economía afectada por la escasez de combustible, el deterioro de la infraestructura y las dificultades para sostener inversiones en el sistema eléctrico. La situación mantiene presión sobre la vida cotidiana de la población y sobre los servicios públicos.
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El inicio de octubre no mostró una mejora sostenida. La afectación llegó a 2.059 MW el 1 de octubre y a 2.130 MW el día 2, mientras los pronósticos posteriores volvieron a anticipar déficits superiores a los 2.000 MW durante las horas de mayor consumo.
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