La Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, comenzó una fase de prueba para fabricar hostias destinadas a la misa, con equipos y harina donados desde España para reducir la dependencia de envíos extranjeros tras meses de escasez provocada por los apagones en la isla. El Arzobispado de Santiago de Cuba comunicó la puesta en marcha de la iniciativa este miércoles, según CiberCuba.
La falta de producción local obligó a las iglesias cubanas a racionar sus reservas y buscar apoyo regional. La Arquidiócesis de Panamá envió 35.000 hostias en junio, mientras que la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico remitió 300.000; dos meses más tarde, la Iglesia de Costa Rica aportó otras 20.000.
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El proyecto del santuario recibió aportes de benefactores de Madrid y Pamplona, que suministraron los elementos necesarios para iniciar la elaboración dentro de las instalaciones de El Cobre. El Arzobispado anunció: “El Santuario de El Cobre comienza, en fase de prueba, la fabricación de hostias para la Santa Misa”.
La tarea quedará a cargo de una antigua feligresa del santuario, a quien la institución definió como una persona de “respetable vida espiritual”. La mujer contará con asesoría para desempeñar la labor.
Los apagones que detuvieron al proveedor histórico
La producción cubana se interrumpió durante el año por los prolongados cortes de electricidad que afectaron al Monasterio de Santa Teresa y San José, situado en El Vedado, La Habana. Las Carmelitas Descalzas de ese convento habían abastecido durante décadas a las parroquias católicas de todo el país.
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Las religiosas anunciaron en junio que ya no podían sostener la actividad: “Debido a la falta de corriente, nos es imposible la elaboración de las hostias”. La escasez las llevó a distribuir de forma limitada las existencias disponibles entre las diferentes iglesias.
La elaboración depende de aparatos eléctricos para batir la masa y prensar las obleas, por lo que la inestabilidad del suministro afectó directamente cada etapa de fabricación. La nueva capacidad instalada en el Santuario de El Cobre busca ofrecer una alternativa frente a esa interrupción.
Las hostias son el pan que se utiliza en la Eucaristía y deben cumplir condiciones precisas establecidas por el Código de Derecho Canónico, en particular por el canon 924. La hermana Ruth Starman, responsable de producir pan para hostias en las Benedictinas de la Adoración Perpetua de Clyde, Missouri, explicó a ACI Prensa que las formas ordinarias “sólo pueden elaborarse con trigo y agua”.
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“No se permite la levadura porque eso lo convertiría en pan fermentado, y Jesús utilizó pan ácimo en la Última Cena”, señaló la religiosa. También están prohibidos otros ingredientes, como sal o miel, y el pan debe elaborarse recientemente para evitar cualquier riesgo de deterioro.
Trigo, agua y equipos para formar las obleas
El proceso requiere máquinas que cuecen la mezcla entre placas, con o sin diseños, hasta obtener una lámina fina y uniforme. Esa pieza debe humedecerse en un dispositivo especial antes del corte, porque de lo contrario “se quiebra al cortarlo”, explicó Starman.
Los cortadores permiten producir hostias de diversos tamaños: las pequeñas formas circulares para los fieles y porciones mayores destinadas a sacerdotes y obispos. La religiosa consideró que la delgadez característica de las obleas se relaciona con el uso de equipos especializados cuyas placas se cierran sobre la mezcla.
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La abadía de las Benedictinas de la Adoración Perpetua produce pan para hostias desde hace años y fue la primera fabricante de Estados Unidos autorizada por el Vaticano para elaborar opciones con bajo contenido de gluten. Estas se hacen con dos tipos de almidón de trigo a los que se les ha retirado la mayor parte de esa proteína.
La Iglesia no fija un porcentaje determinado de trigo para esas hostias, pero exige que contengan una cantidad suficiente para ser consideradas materia válida. Las elaboradas con arroz, maíz o fécula de papa no cumplen esa condición, indicó Starman.
La instrucción Redemptionis Sacramentum, promulgada en marzo de 2004 por la entonces Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, dispone que las hostias sean preparadas por personas distinguidas por su honestidad, con conocimientos para elaborarlas y con instrumentos adecuados. Esa exigencia coincide con la decisión del arzobispado de encargar el nuevo taller a una feligresa con formación espiritual y acompañamiento técnico.
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